Otro inconveniente.
Tomado del epílogo del “Trabajo intelectual”, titulado, “fragmentos de la carta a un joven de nuestro tiempo”
INDISCUTIBLEMENTE ESTE PROYECTO VA MÁS ALLÁ DE LO SÓCRATICO...QUE POR ELLO SEA MÁS VERDADERO ES UNA CUESTIÓN TOTALMENTE DISTINTA QUE NO PUEDE DECIDIRSE DE UN SOPLO, PORQUE AQUÍ SE HA SUPUESTO UN NUEVO ÓRGANO: LA FE, Y UN NUEVO PRESUPUESTO: LA CONCIENCIA DE PECADO; UNA NUEVA DECISIÓN: EL INSTANTE, Y UN NUEVO MAESTRO: DIOS EN EL TIEMPO. (S. K.)
En nuestra época tal vez haya cinco o seis cerebros que comienzan a sospechar si la física no será más que nada un instrumento para interpretar y arreglar el mundo (una adaptación para nosotros mismos, si se nos permite decirlo) y no una explicación del universo; pero en la medida en que la física se apoya en la creencia de los datos de los sentidos, vale más, y seguirá valiendo más durante mucho tiempo que una verdadera explicación.
Tiene en su favor el testimonio de los ojos y los dedos, es decir, la vista y el tacto. En una época de gustos profundamente plebeyos tiene que ejercer una atracción fascinante, persuasiva, convincente; pues nuestro siglo adopta instintivamente las normas del sensualismo eternamente popular. ¿Qué hay claro aquí? ¿Qué es lo que parece “dilucidado”?
Ante todo, lo que se puede ver y tocar. Por tanto, es preciso llevar hasta este punto los problemas. Por el contrario, fue en la resistencia a la evidencia sensible donde residía precisamente el encanto del pensamiento platónico, que era un pensamiento aristocrático, propio de hombres dotados quizá de sentidos más vigorosos y exigentes que los de nuestros contemporáneos, pero que sabían paladear un triunfo superior permaneciendo dueños de sí mismos y arrojando sobre la turba abigarrada de los sentidos, como decía Platón, una red de conceptos pálidos, fríos y grises.
En esta manera platónica de dominar el mundo y de interpretarlo había un goce de una cualidad muy distinta a las que nos ofrecen los físicos de hoy o esos obreros de la fisiología, darwinistas y antifinalistas, con su principio del “mínimum de energía”, que es el máximum de estupidez. “Allí donde el hombre no puede ver ni tomar nada, no hay nada que buscar”; he aquí un imperativo muy distinto del de Platón, pero que conviene mejor a una raza dura y laboriosa de futuros mecánicos y de futuros ingenieros que sólo tengan que hacerse cargo de trabajos groseros.
Nietzsche. Más allá del bien y del mal. I, 14
“Serás lo que debas ser o no serás nada”
Recuerdo que me hacían repetir esta frase de San Martín una y otra vez, mientras de rodillas sobre un cajón de maíz frente al oscuro rincón de la biblioteca del Colegio, pagaba las culpas de mis recurrentes humoradas juveniles ante los métodos jesuíticos de disciplinamiento.
Pensaba que la cuestión del “deber ser” era inherente al cristianismo por aquello de “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mt. 5. 48). Lo dicho es dirigido no a números, sino a seres concretos, no a la humanidad sino a Juan, María, Luis…
Algo entreveía el viejo Sócrates cuando en aquella parodia de juicio, los números (la multitud) lo condenaron a no filosofar más, a abandonar aquellas ideas extrañas con que pervertía a la juventud de Atenas. Sin embargo, al príncipe de los filósofos, su dainmon lo admonizaba permanentemente sobre el lugar que él debía ocupar, le señalaba su “deber ser”, incluso a costa de su propia vida. Y así fue.
Así lo expresa Kierkegaard: “¡Deja de ser un número y sé tú mismo!”
Algo entreveía el viejo Homero cuando los héroes de su poema proclamaban: “…y me envió a Troya, recomendándome muy mucho que descollara y sobresaliera siempre entre todos y no deshonrase el linaje de mis antepasados…” (Ilíada. VI. 205).
Ser siempre el mejor, hiciera lo que fuere, el héroe homérico debía brillar. Así lo entendió Aquiles, aún a costa de su propia vida, puesto que se le había advertido que moriría en Troya, pero alcanzaría la gloria. Así fue. Eligió ser Aquiles.
No podría decir ante la muerte de su amigo Patroclo: “Sé la busco, era joven e inexperto”. No sería Aquiles, sino un cobarde.
Debía ir a buscar a Héctor, y matarlo en combate singular, no en el anonimato de un callejón oscuro, sino delante de toda Troya. Debía atar el cadáver del asesino a su carro y arrastrarlo hasta el campamento, donde Héctor se pudriría al sol, sería pasto de aves y carroña para perros. Así, todos los hombres sabrían que Aquiles le había hecho justicia a su amigo muerto.
Era su deber ser, y así fue.
G. K.

Sócrates se mezclo con la plebe, y más aún, pretendió re-formarla, decía Sören según su “Punto de vista”
Es cierto que en tiempos de countries, de barrios cerrados, de fuerzas para-policiales custodiando nuestras residencias, de colegios católicos -con cuotas de admisión altísimas- a fin de que nuestros hijos no sufran el acoso de la barbarie; nosotros no nos mezclamos con los naturales. Pero hay un pequeño detalle, ellos son la plebe, sí, pero nosotros no somos Sócrates.
Surge la cuestión, ¿existe una plebe cristiana?
En Aurora decía Nietzsche aquello de que “Deseamos adversarios perfectos”:
“Hay que reconocer que Francia ha sido el pueblo más cristiano de la tierra, no porque allí la devoción de las masas haya sido mayor que en otras partes, sino porque las formas más difíciles de realizar del ideal cristiano han encarnado en ese país en hombres y no han quedado en el estado de conceptos, de intenciones, de perfectos bocetos. Véase Pascal, el más grande de todos los cristianos en la unión del fervor, del talento y de la lealtad… véase Fenelón, la expresión más perfecta y seductora de la cultura cristiana bajo todas sus formas…Adivínese después de esto por qué aquel pueblo que poseyó los tipos más acabados de cristiandad engendró también necesariamente los tipos contrarios, más acabados también, del libre pensamiento anticristiano. El librepensador francés ha tenido que luchar en su fuero interno con grandes hombres de verdad, y no sólo con dogmas y con sublimes abortos, como los librepensadores de otros países”. (192)
Para re-formar, hace falta un hombre entero que le de forma a lo informe. Quizás allí se encuentre el odio de N. al cristianismo. Él quisiera enfrentarse a un Pascal, pero solo tiene ante sí a cristianos medio pelo, o como diría Sören, personas que viven en categorías ajenas al cristianismo. ¡Dame un Pascal, no un obispo mistongo! parece rogar al cielo Nietzsche.
¡Dame enemigos enteros!
De vez en cuando se escucha el rumor de algún Pedro que revuelve el hormiguero para re-formarlo, planteando que la opción entre preservativo y sida es falsa. Re-formar a la plebe con el hechizo del amor casto y fiel, más la voz promiscua de la barbarie suena en altoparlantes en la ciudad, donde pareciera que no hay ningún Sócrates que enseñe el camino de la virtud, y más triste aún, ¡ni siquiera hay un Nietzsche que se enfrente a Pedro!, sino solo lectores de libros de autoayuda, en el mejor de los casos.
Sócrates no se fue al desierto, a la vida monacal, lejos de la civilización -que andaba hecha una porquería- sino que se mezclo con la plebe, como Kierkegaard en su pequeña Dinamarca, o como un Sócrates encubierto, de incógnito –incluso para sí mismo-; ese alguien –quizás tu vecino- que se esta preparando en secreto –con el aguijón en la carne- para el martirio reformador; y si esos Sócrates pasan inadvertidos, es solo porque la plebe es ciega.
G. K.
Estimado Diablillo:
Decís: “Me parece que te tienes que acostumbrar a definir exactamente aquello de lo que vas a hablar”.
Lo mío se encuentra entre la ignorancia y la búsqueda de la sabiduría, un anhelo de posesión insatisfecho, y si es así..…¿Cómo sería posible definir exactamente aquello sobre lo que se esta indagando?
No es una cátedra que se valga de trucos lingüísticos, ni el asentimiento popular entusiasta antes de abordar la cuestión del día, es solo una humilde búsqueda.
Tengamos en cuenta que las personas han sido forjadas con distintos fuegos, templadas en caminos distintos. No hay método decía Feyerabend en la ciencia, para las gentes tampoco; y allí están Santo Tomás y Sören para preguntarles, los cuales arribaron a la misma comarca en su “Anarquismo divino” (“Creo en Dios por sobre todas las cosas” –por sobre todos los caminos agregaría yo-)
Sobre la comprensión intuitiva, -en tanto el “mundo es mi representación”-, habría que mencionar que S. advierte sobre una “necesidad metafísica” en el hombre, un asombro ante el mundo, al que hay que atender en su enigma.
Si el hombre es un objeto como los demás, hay en él una conciencia, un conocimiento de sí mismo en el cual se alcanza a percibir una Voluntad.
La propia voluntad es la clave del enigma del mundo, aunque S. no admite un “acceso directo a la verdad” (cosa en sí), puesto que la conciencia es incapaz de revelar a la cosa en sí (voluntad) tal como es, es decir, la voluntad es solo la representación de la cosa en sí. Sin embargo, hay otras voluntades, aunque solo nos las podemos representar ( entendimiento, sensibilidad). La vía para escapar de esto sería la contemplación desinteresada a través del arte, aunque claro, esto es fugaz, incluso en el éxtasis de Miguel Ángel.
Por ello, entiendo que S. abjura del diálogo, en cuanto nunca se llegaría por allí “a las verdades filosóficas profundas”.
Sobre Platón.
Noto una apreciación sobre Platón, más referente a lo que vos mismo llevas a cuestas. Lo mismo hago yo.
Advierto en Platón a un místico, otros a un político, un dialéctico, un racionalista, etc. Nuestro amigo Guitton en su “”Entrañas de Platón” nos habla sobre el tema.
Esta claro, que tenemos perspectivas distintas sobre Platón, por aquello que me dijiste sobre el “por qué” de la elaboración de su teoría de las Ideas, sobre lo cual disiento en tanto veo a un enamorado de la Belleza, desde mi perspectiva claro. Entiendo que hay varios Platones, no excluyentes entre sí, y que por ello, a lo largo de los siglos las más diversas gentes han platonizado.
Lo de la isegoría esta bien para los griegos en común, para Platón no alcanza.
G. K.
El Diablillo se ha dignado levantar el nivel de este Templo del saber, devenido en blog. Ya le arreglaremos las cuentas, por lo pronto conviene leer con atención sus apreciaciones:
Sobre lo que has escrito hay bastante qué decir.
Me parece que te tienes que acostumbrar a definir exactamente aquello de lo que vas a hablar.El problema de schopenhauer con el diálogo no es por las razones que tú apuntas más abajo.
Cuando dice que lo único que se puede hacer es compartir los conceptos y no la "comprensión intuitiva" es porque el cree que hay un acceso directo a la verdad, que no es a través de los conceptos. Podría hacerse según él, en base a los sentimientos a los que califica como "ecos de las ideas".
El problema no es ahí el diálogo sino la incapacidad de lo discursivo para alcanzar el origen de lo verdadero, que sería una noción secundaria, derivada,en cuanto racional. A esto hay que sumarle la típica preconcepción del pensamiento alemán, influenciado por el luteranismo (¿o el luteranismo por el pensamiento alemán?) de la incomunicabilidad de toda experiencia religiosa y por lo tanto personal.
Algo así se puede vislumbrar en la mística especulativa del XIV. Con lo del diálogo. El problema del diálogo no es si hay o no una base común. La filosofía pudo nacer en Grecia precisamente por lo que hay detrás del diálogo tal como lo practicó Platón. El diálogo lo que presume es la capacidad de hablar, del logos, y el logos puede tener en su origen léxico algo así como la capacidad de "decir la verdad, decir la realidad".
Para el diálogo lo importante no es la base común sino la "isegoría", la igualdad en el ágora para decir la realidad. Pero esta igualdad en el ágora no es un concepto asambleario. El que habla tiene igualdad de palabra porque es un ser racional, y esa racionalidad es lo que permite superar el particularismo y el subjetivismo. Por eso la intencionalida primera de la filosofía es superar el particularismo en pro de un discurso universal, basado por lo tanto en el extraer de uno mismo lo que es común a otros.
Esto permite superar el subjetivismo asi como la ideología en el sentido en el que tú la entiendes. Por eso el diálogo platónico no tiene un sentido reducido a lo instrumental, sino que es en sí mismo la condición de esa verdad acerca de lo real. Y es justamente lo que el diálogo expresa.Esa referencia al diálogo consensual me recuerda a Habermas. Precisamente Habermas al situar el diálogo como factor esencial de la dialéctica social, hace una superación -cuando no una crítica inconsciente- a Marx que situaba el trabajo como único paradigma de la acción social. Esto habría que desarrollarlo con un poco más de detenimiento sin dejar precisiones en el tintero para evitar ser "hombre de un solo libro".
P.S. Cuando Schopenhauer plantea en basea lo que he apuntado más arriba un posible acceso a la realidad a través de la poesía, lo más que indica es que toda relación con el mundo es estética -como le glosó Nietzsche- y creo que la apostilla es correcta.
El diablillo de Descartes.
"Únicamente a nosotros mismos nos entendemos del todo, a los demás solo a medias. Lo máximo que podemos conseguir es compartir los conceptos, pero no la comprensión intuitiva que subyace en ellos. Por ello, a las verdades filosóficas profundas nunca se llega por la vía del pensamiento en común, del diálogo". (Shopenhauer. Diálogo y filosofía. Paralipomena. 6, p. 14)
El diálogo por sí mismo no tiene sentido, es simplemente un método, mal que le pese a los dialoguistas consensuales.
La dialéctica en Sócrates –el arte del dialogo-, busca alumbrar la ignorancia de los espíritus que se creen sabios, en tanto “toda ignorancia es involuntaria” (Sofista 230 a)
Los diálogos platónicos buscaban llegar a una comarca donde habite el fin de ese dialogo, en la definición, y de allí, la contemplación de la Idea del Bien. Por su parte, Hegel encuentra en la dialéctica el desarrollo del Absoluto. Es el método mismo de la filosofía, es la Razón, y esa dialéctica consiste precisamente, en superar las contradicciones, en tanto todo ser finito tiene su componente negativo, es decir, buscar la reconciliación en la superación.
Para entablar un dialogo tiene que haber una base en común con la otra persona, desde donde emprender ese viaje. Si esa base común no existe, el dialogo esta condenado al fracaso, antes de comenzar, lo cual no implica la reclusión del intelecto. Una inteligencia no formada, puede desbarrancar, en tanto no ha sido preparada para “asomarse al abismo”, como decía Castellani.
Así, el “diálogo” con aquellos que están prisioneros de su ideología, no tiene sentido, puesto que solo desde ella emerge la verdad, y aquello que no surja de allí, es no-verdad reaccionaria. La ideología es el principio de todo, si la acción se inspira en ella, no es posible errarle, puesto que la acción emana de la única verdad. “A lo único que temo es a los hombres de un solo libro”, diría Santo Tomás ante estos sujetos.
Por mi parte, antes que el mundanal ruido del dialoguismo consensual, a veces me confieso piromaniaco de Casas parlantes multiculturales, para encontrar el silencio que me permita hablar con Dios en secreto, así:
Tú, que eres la verdadera
fuente de luz y sabiduría,
y el soberano principio,
dígnate infundir sobre las tinieblas
de mi entendimiento
un rayo de tu claridad,
apartando de mí
la doble oscuridad en la que he nacido:
el pecado y la ignorancia.
Tú que haces elocuentes
las lenguas de los niños,
instruye a mi lengua
e infunde en mis labios
la gracia de tu bendición.
Dame agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facilidad para aprender,
sutileza para interpretar,
y gracia copiosa para hablar.
Dame acierto al empezar,
dirección al progresar,
y perfección al acabar.
Tú, que eres verdadero Dios
y verdadero Hombre,
que vives y reinas
por los siglos de los siglos.
Amén.
(Santo Tomás de Aquino. Oración para antes del estudio)
G. K. (El piromaníaco
Querido diario:
El otro día en el Colegio, en relación a la “Noche de los lápices”, se pretendió exhibir un video sobre el tema, armado por las “Abuelitas mentirosas” y la agrupación “Hijos”.
Entre la discusión sobre de que antes del adoctrinamiento panfletario revanchista, hay que educar en la Belleza, en una ética de lo Bello, tal lo enseñado por el discípulo del inmenso Sócrates; me opuse a la proyección del video busca roña.
Me argumentaron que debíamos enseñar desde el contexto socio cultural emergente, y desde allí postular nuestras categorías de pensamiento pluralistas e integradoras; a lo cual respondí que con ese criterio, si viviéramos en un contexto socio cultural emergente comunista o nazi, desde allí se armarían los programas y contenidos, convirtiendo a los Profesores en meros instrumentos de las modas ideológicas; por ello, era (es) menester prestar algo de atención a lo que Platón nos enseña sobre como proteger la educación de los jóvenes, de las asechanzas de las Abuelitas mentirosas de turno.
…. no les gustaron mis respuestas, ….pero al menos el video no se exhibió
Al salir de allí, me dirigí hacia la puesta de Sol, sin ningún apuro.
G. K.
“Solo cuando me pongo a escribir me siento bien. Olvido entonces los disgustos de la vida y los sufrimientos; me encuentro con mis pensamientos y me siento feliz.
Es suficiente que me interrumpa un par de días para que enseguida me sienta mal, lleno de molestias y achaques, con la cabeza pesada y oprimida. Semejante ímpetu, tan rico, inagotable, mantenido a diario durante los últimos dos años y que fluye con tanta abundancia; un ímpetu así no puede dejar de ser una vocación divina.
Si esta abundancia de pensamientos que aún se agitan en mi alma debiera de ser reprimida, representaría para mí un martirio y un tormento y ya no sería capaz de nada”.
(Sören. Diario VII, A 106.)
Blondel: -¿Qué dice usted, Jean, de las filosofías religiosas donde la salvación pasa por el olvido de la personalidad? ¿Por la abolición de la conciencia y la disolución de la individualidad?
Guitton: -Me pregunto si no están de acuerdo con una sociedad demasiado cerrada y demasiado pobre. Cuando la persona esta aplastada por el todo social renuncia a dominar el universo, a reformar la sociedad; renuncia hasta a existir y a la búsqueda de la felicidad. Aspira a la nada, esperando así identificarse con el Uno. La misma cosa se produce en las sociedades demasiado libres y demasiados prosperas. Ya no sé ve la razón para luchar, trabajar, dominar las pulsiones. La personalidad se disuelve por falta de obstáculos, de material y de ley. Y cuando se llega a eso, para gozar sin desesperar se necesita la nada.
-¿Comprende ud. esas espiritualidades?
-El antiguo nihilismo tiene su nobleza. Cuando todo gira en el vacío, el ser parece no tener ya realidad, no tener sentido. Entonces, más allá de ese ser que es nada y ausencia de sentido, se busca todavía otro sentido, en una Nada absoluta que sería el ser.
-Eso es muy oscuro.
-¿Cómo quiere que sea de otro modo? Semejante mística exige que sea abolida la razón, como el resto.
-¿Qué dice ud. de esa idea de la Nada absoluta?
-Si nos detenemos en ella, Blondel, es un error; si pasamos más adelante, es tal vez un camino. Bergson mostró, en la Evolución creadora, que la idea de la Nada Absoluta es una pseudoidea.
-¿Lo convenció?
….continuará.
J. G. Mi testamento filosófico.
Leni Riefenstahl (Olimpia) y Heidegger.
En la Argentina, la mayoría de la gente no tiene los rasgos físicos de las modelos que aparecen en las portadas de las revistas, rubias y esbeltas, y sin embargo son las más requeridas por Publicidad.
La estética pagana no vuelve, nunca se fue.
El Partenón surgió de creencias de generaciones enteras del pueblo helénico. Nos introduce en la grandeza de aquella civilización, nos acerca a su esencia, según Heidegger.
“Un mundo no es una mera agrupación de cosas presentes contables o incontables, conocidas o desconocidas… Un mundo hace mundo y tiene más ser que todo lo aprensible y perceptible que consideramos nuestro hogar”. (Origen de la obra de arte, pp. 31-32)
“Hace mundo”, se hace con la lectura del espectador, e inaugura significados, aunque el Partenón este rodeado de grillos, ruinas, rocas, matos de pasto volando en el viento, nubes de polvo, y desafié a través del tiempo a las tempestades. La obra se muestra, no se corroe, no se degrada.
La obra muestra, pero a la vez oculta, “muestra que oculta”, encierra un enigma, es una reserva de significados que espera al receptor adecuado. Son los ancestros que claman por “una vuelta al origen” (Hölderlin), quizás a un país natal, es decir, volver a los comienzos, volver al paganismo germano, previo a la domesticación pergeniada tan hábilmente por los cristianos, en una pedagogía de largo aliento.
Heidegger pudo vislumbrar en que termino todo esto.
G. K.
La brumosa niebla en la noche, lo cubrió mientras regresaba, luego del festejo, a su hogar. Al estacionarse, sobre el costado de la autopista -¡aniquilado en silencio sepulcral- , -¡no veía el capot del auto!-…
…….Bajo la niebla, como si alguien bajara la tecla del interruptor. Los cortes de tensión veraniegos en el Bajo Flores –cual luz que muere rápido quemando los circuitos del Aire acondicionado– nos advierten en el vértigo, que sin luz, los colores del alma son sombras– , -la gente asume un color de fastidio-, sin aire el alma no puede respirar, y el aire depende de la Luz.
Sin luz, los hombres somos espectros, una sombra que se ahoga en su propio reflejo, cual Narcisos de Portada de revistas. Si ese Narciso se nos aparece y proclama: “Que bello que soy”, esa consideración sonaría destemplada, incluso a aquellos que admiran las fotos de Narciso se intuirían más ridículos de lo que en general se permiten; como asimismo, la aldeana no sabe que es bella hasta que el Príncipe se fija en ella. Toda belleza necesita un reflejo.
En su inmenso corazón, quizás conmovido por mi torpeza argumentativa, el Príncipe de los filósofos me susurra al oído:
Sócrates: Lo bello (pulchrum) en tanto trascendental del Ser -in-aprhensible-, referido por analogía a la corporización de la gloria del que Es, ¿es un reflejo?
Chester: El Absoluto no se mira al espejo como la Reina del cuento preguntando sobre quién es más bella.
Sócrates: ¿Toda belleza necesita un reflejo?
Chester: Eso me supera.
Sócrates: Imaginate, querido Chester, que entras a una Catedral y no adviertes nada sagrado, solo impresiones sensibles desligadas de lo metafísico y solo lindantes con el esteticismo, ¿no sería como si alguien bajara un interruptor de repente y todo aquello que hoy concibes como extraordinario, te parecería ordinario?
Chester: Te refieres Sócrates, a ser un hombre ordinario, a ser un hombre natural, un hombre autónomo, un eterno adolescente nietzscheano embebido en la lectura de un Catecismo para super-hombres, ¡horror!
Sócrates: “Así como los eclipses son momentáneos, el sol disipará la niebla. Por ello, para que de la noche se siga el amanecer, ¿no conviene elevar una plegaria a los dioses de este lugar antes de marcharnos?”
Chester: Así sea.
Sócrates: “Querido Pan y todos los demás dioses que sois de esta región, concededme que llegue a ser interiormente bello”. “Concédeme ser bello en mi interior”.
G. K.

Lo veía rodeado de una aureola de prestigio advertida en un caudal de comentarios que arrastraba cualquier crítica hacia los peñascos donde, entre resignados suspiros, se estrellan las olas.
“¡Que lujo chichos!”, “¡Aprovéchenlo que esta a punto de irse!”, “¡Es el mejor profesor de Filosofía del Instituto!” “¡Tiene un conocimiento erudito sobre Hegel!”
¿Qué es ser un buen Profesor de Filosofía en el Inst. JVG?
Recuerdo horas interminables de tratar de entender que había querido decir Hegel, leyendo párrafo a párrafo (¡cual libro sagrado!), y escuchando el comentario erudito del salame de turno (el típico alumno epígono, un tal Zaratrame) que enuncia certero cual era el color del calzoncillo de H. cuando este le confiesa a Goethe: “Soy el Espíritu que siempre niega”.
Si quiero saber el color del calzoncillo de H, lo busco por Internet. La guadaña de los eruditos, la tumba de los “ratones de biblioteca”, ….es curioso, al decir de Guitton, la técnica comenzó el problema y la técnica lo termina.
¿Qué es ser un buen Profesor de Filosofía?
Recuerdo una frase de su sucesor al leer a Marx (en el caso, hubiese sido lo mismo con Hegel) …..”¿¡Quién es Marx!?”
¿Recuerdan la decisión (y el comentario) de Kierkegaard al abandonar la lectura de Hegel?. Es lo mismo.
¿Acaso uds. se imaginan al Príncipe de los Filósofos leyendo párrafo a párrafo a Hegel?
Por eso mismo él se negó a escribir algo.
La asfixia con la que recuerdo aquellas clases (en realidad curse solo un mes con él, luego nos dejo), me dio la certeza de que la erudición se ahogara en un piélago de Profesores de la burocracia administrativa, que solo pueden recitar una “Historia de la filosofía”, reseñando y leyendo párrafo a párrafo los textos sagrados, cual puritano del Espíritu Absoluto.
El Príncipe de los filósofos sabía que lo único irremplazable es “la intuición, la crítica, la meditación, la síntesis, la invención”…la ironía……..cosas raras en el Inst. JVG.
Gracias por la magia Inmenso Sócrates.
G. K.
Nota: Agradezco a Jean, y sus comentarios inspiradores en “Donde descubro que en la Sorbona enseñé muchas tonterías y donde, sin embargo, me deleito conversando con Sócrates”. (Mi testamento filosófico)
Diálogo entre Sócrates y Guitton,
-Guitton, ¿Qué piensa de Internet?
-La técnica hace existir conceptos puros. Hoy, cualquier ser humano tiene virtualmente acceso instantáneo a todas las informaciones abiertas de los otros miembros de la comunidad humana. Mañana, en una tarjeta magnética comprada por cien francos, usted tendrá toda la biblioteca del Congreso. Por cincuenta centésimos podrá recargarla y ponerla al día en todos los cajeros automáticos de los bancos. En una segunda tarjeta magnética tendrá el sistema para ubicarlo en un instante en este universo y extraer de ella al segundo todo lo que le interese.
-¿Cuáles son sus consecuencias?
-Enormes Sócrates. Tome, por ejemplo, la filosofía. ¿Qué era antes un “verdadero filósofo”? Un original como ud. Sócrates, que se pasaba los días conversando con el primero que encontraba en las calles de Atenas. Lo era Spinoza, limpiando sus lentes ópticas mientras pulía su Ética. Lo era Pascal, inventando la máquina de calcular en sus horas libres. Lo era Descartes, meditando su filosofía disparando tiros en los ejércitos imperiales que solo guerreaban la mitad del año. Hoy la Sorbona los habría echado a todos, y a ud. primero.
-Y Nietzsche, chispazos de genio en una vida errante.
-El espíritu es libre y viviente, Sócrates. Se lo mata al burocratizarlo. Blaise Pascal, integrado a la estructura de un Centro Nacional de Investigación Científica, es como vender el aire de las cimas en latas de conserva. Imagines a Ronsard, poeta de los Amores, protegido por el rey Carlos IX. Hoy sería el funcionario n° 37.825, dependiente de la Administración Nacional de Bellas Artes, Dirección de la Poesía, Subdirección del Soneto, Laboratorio N° 4, etc. No habría escrito más que necedades antes de tirarse por la ventana.
-Es cierto.
-Hoy Sócrates, ¿Qué es un “verdadero Filósofo”? Un Profesor de Historia de la filosofía, como si la filosofía no fuese más que una vieja historia. O como si los libros de los filósofos fueran textos sagrados, escritos por el Espíritu Absoluto.
-La comparación es exacta Guitton. ESO YA EMPEZABA EN MI ÉPOCA. POR ESO ME NEGUÉ A ESCRIBIR.
-Cuando leemos un galimatías en Hegel nos rompemos la cabeza buscando lo que el Absoluto ha querido decir.
-Así es, Guitton. El Absoluto es infalible; Hegel es su profeta.
Jean Guitton, Mi testamento filosófico.
Mis humildes consideraciones sobre Horkheimer, han suscitado algunos comentarios de otro integrante de la Minoría Silenciosa (M.S.), los cuales ameritan atención y reflexión.
Escribe, Monsieur Antoine De la Potterie:
A) “…me voy a permitir comentar lo siguiente; en su primera época "Max" -me permitirás la confianza- distinguió entre razón objetiva (a partir de ahora RO) y razón instrumental (RI) en función de lo siguiente: evitar la conclusión idealista de incluir en el proyecto de racionalización aspectos que son externos a la razón misma, y que derivarían hacia un planteamiento netamente idealista. Su solución precisamente fue definir la racionalidad propia de la racionalidad crítica en contraste a la RI (que es pragmática, formal e instrumental, que solo establece relación entre medios y fines y es indiferente antes los contenidos) y la RO (que establece objetivos, pero por influencia del empirismo acaba siendo indiferente a los contenidos. Así, la razón propia de la racionalidad crítica debería ser objetiva y no instrumental, esto es, poder definir metas en orden a la praxis de la libertad y la justicia, junto con la integración de los datos de la ciencia cuya verdad no se puede negar.
Pero él mismo se da cuenta de que esto confiere en última instancia una estructura idealista al proyecto, a costa de integrar en un proyecto de base idealista, un ideal regulador.Su conclusión por eso es semejante a la de Heidegger, la perspectiva de un proceso histórico inmanente del mundo caminando a la plena "organización". En ese momento, Max se da cuenta de que una praxis de transformación social radical carece de sentido, lo que importa es una tarea de resistencia para salvaguardar los aspectos amenazados de la libertad individual.
Más concretamente, hay que destacar el carácter "utópico" de la conciencia, por su capacidad de suscitar la idea de lo "absolutamente otro".
Así, en el proyecto de Horckheimer, siendo de base materialista, aparece un ideal "religioso" como ideal regulador: sólo, - según Max- la idea de lo absolutamente otro es la posibilidad de libertad crítica ante un mundo cada vez más organizado. Dicho con su propio ejemplo, la idea de que "Dios es justo" lo que nos dice es que este mundo nunca estará justamente organizado, en sentido absoluto, y esa idea plantea que el concepto religioso ha de mantenerse en los horizontes humanos como única posibilidad de que el ser humano plantee un mundo diverso”.
B)”Por una parte, el marxismo de Horkheimer siempre estuvo muy matizado, pero cuando el considera ese proceso inmanente del mundo caminando hacia la "organización", se consuma un alejamiento del marxismo que está posibilitado por la función instrumental -crítica- del marxismo en su teoría. En sus escritos de los años 60 ya se consuma ese alejamiento de hecho.
Llegaría a denominar al marxismo como "otra razón al servicio de una lógica de dominio".
De Frankfurt, es el que es más coherente en la crítica al marxismo.Porque precisamente, como Habermas hace notar -aunque se queda a medio camino- el marxismo al colocar al hombre productor en el lugar de la razón absoluta hegeliana, el efecto es "hipostasiar" la razón instrumental, objetivo de la crítica de la teoría crítica.
Por eso en Frankfurt hay esta contradicción sobre la que solo Horkheimer es un poco coherente, para la crítica de la razón instrumental no puede utilizarse una teoría como la marxista, que considera el trabajo como el paradigma básico de toda acción social, y por lo tanto, que conduce a la absolutización de la razón instrumental.
Habermas tratará de matizarlo al introducir la diferencia entre trabajo/interacción lo que supone una crítica interna al marxismo, para el cual la "interacción social" se subsume en el trabajo. A pesar de todo, Habermas no es capaz de extraer todas las consecuencias de esa contradicción”.
El otro día, unos campesinos “escracharon” a huevazos y tomatazos, a uno de los Orcos kirchneristas que arrastraba su infame existencia por los pueblos de la campiña argentina.
Los kirchneristas condenan el incidente mediante lo que denominan “agresión contra las instituciones democráticas”.
Max Horkheimer distinguía entre “razón instrumental” y “razón objetiva”. Es decir, a partir de la modernidad la razón habría acentuado la perspectiva instrumental des-asociada de lo Objetivo, y sería susceptible de ser aprehensible de las diversas subjetivades ideológicas de turno.
Los antiguos y los hombres de la Edad de la Fe, consideraban a la Razón vinculada a una Verdad Objetiva. -el Logos heleno, el Dios cristiano (“Yo soy la Verdad”).
Max diría ante lo expuesto:
“Apedrear a un Orco sería condenable porque es contrario a la razón instrumental que sitúa como fin último (en este caso) a la Democracia.
Este Fin último es irracional, porque no podemos sostener que la Democracia sea una verdad Objetiva, puesto que solo es un sistema de elección de representantes que ha triunfado en la aceptación popular (a través -entre otras cuestiones de la civilización de masas-, de los mass media), por sobre otras formas de gobierno, como (por ej.) la Monarquía.
Entonces, si yo fuera Monarquico, ¿Qué inconveniente habría en apedrear a ese Orco?
De la manera inversa: Se justificaría apedrear a todo aquel que se interponga a la Democracia (situada como Fin último)”.
G. K.
Nota: lástima que a Max (como a Adorno), más allá de algunos planteamientos (a mi humilde entender, brillantes), de vez en cuando (por más de que uno haga el esfuerzo de querer mirar para otro lado) se les note que son marxistas. Una pena.
Supongamos que alguien nos pregunta: ¿la Evolución es un hecho?
Antes de contestar, podríamos preguntar: ¿Y que es la evolución?
Cambiemos la palabra “evolución” por “gravedad”
¿Qué es la gravedad?
Newton la definiría por lo mensurable, por lo cuantitativo, en tanto lo observable de la atracción de los cuerpos.
Aristóteles diría que esta describiendo el “como” se produce aquello que observa, pero que no contesta la pregunta: ¿Qué es la gravedad?
El inglés le hablaría al griego, sobre los límites de la ciencia contemporánea en cuanto se preocupa de la sucesión de fenómenos, dejando al margen las causas:
“A mi me interesa hacer notar ciertas semejanzas, describir fenómenos”,
…y Aristóteles entonces diría:
“Dejemos a la ciencia, en el plano fenomenal, que por definición es el suyo propio, plena libertad de hipótesis y de investigación en el ámbito de la percepción sensible, de la comprobación del hecho, y abstengámonos de adjudicarles valor ontológico”.
Es decir, cuando hablamos de Evolución, parecería que la simbolizamos mediante unas fórmulas métricas-decimales (mensurables-cuantitativas), la aprisionamos –en la rebeldía de sus incongruencias en las diversas formulaciones que hagamos de ella- ante el saber científico, para –en última instancia- volver a la advertencia de Newton: "yo no me propongo saber que es la gravedad sino entender como funciona".
Aristóteles: Estas bárbaros y su ciencia solo pueden dar una descripción del como, pero no el conocimiento de las causas primeras o del porqué de la Evolución.
¿Es un hecho la evolución, o solo es el nombre que le adjudicamos a una realidad inaccesible que encierra el misterio de todo ser viviente?
Dar como hecho algo sobre lo cual no sabemos “que es”, quizás sea algo apresurado.
“Mientras haya misterio habrá salud”
G. K.
En los mal llamados “círculos tradicionalistas”, el estudio de pensadores contemporáneos es dejado de lado por no adecuarse a la filosofía de Santo Tomás.
Decía J. P. II en su Fides et ratio: «La Iglesia no propone una filosofía propia, ni canoniza una filosofía particular» (n. 49).
Lo que espantaría al mismo santo, es que algunos sostienen que para ser católico hay que ser tomista; lo cual me recuerda aquellos dichos de Pieper “Tomás sí, tomistas no”.
Hay pensadores, que previo exorcismo, pueden hacerle un gran aporte al pensamiento cristiano (ej.: Feyerabend)…..¿Acaso no hizo “eso” la Iglesia con los bárbaros en su asimilación?
Los toscos, paganos, pero valientes bárbaros serían el embrión que se convertiría en el brazo armado de la Cristiandad, “el paradigma del guerrero Occidental”.
Es, sin embargo, una tarea peligrosa (“asomarse al abismo no es para todos”), la filosofía contemporánea se ha complejizado de tal manera, que solo son algunos especialistas los que pueden distinguir porque no es asimilable (por ej.) Heidegger.
A ese nivel, las gentes “de a pie”, no poseen los recursos teóricos para distinguir, y son vulnerables a los criterios de autoridad de algún que otro Obispo o Cardenal obnubilado con tal o cual pensador reverenciado por Multitud (Marx – Hegel : Teología de la liberación).
Es comprensible, es brioso Bucéfalo, tanto que asusta, ….. aunque la Orden adecuada podría hacernos comprender que solo “es un truco de Apolo”.
Supongamos por un momento, que el Papa, ante esta cuestión, funda una Orden con el propósito de especializarse en el pensamiento contemporáneo, y que esa Orden --yo la llamaría: “La minoría silenciosa”--, comienza a publicar en un nivel que desafié al establishment académico, que impropiamente ha hecho suyos pensadores que no merecen ese ignoto destino.
¿Acaso no fue eso lo que se propuso Santo Tomás? Liberar a Aristóteles de sus cadenas orientalizantes, liberar a un gigante que parecía haber nacido en Bagdad.
A lo largo de la Historia de la Iglesia, en el momento preciso, surgieron las órdenes religoso-militares, mendicantes, los jesuitas y tantas otras; quizás haya llegado la hora de la Orden de la Minoría silenciosa.
G. K.