23 abr 2010

Un cuento para colorear




El otro día, al pasar por una librería, observe en un rincón alejado de las bateas de novedades, un libro algo polvoriento, expulsado a la fuerza de los best sellers, por la hermandad que custodia el sentido común oficial que manejan y/o extorsionan a las editoriales; con las hojas orejeadas y el lomo torturado con manchas de café, y –a juzgar por los diminutos hoyos en su superficie- obligado a permanecer (con el peso de un diccionario de la real academia encima) sobre una superficie de semillas de girasol, en oscura muestra de la abominación que sobre él se ha desatado. Maldecido, enjuiciado y puesto en prisión con barrotes de libelos de autoayuda y cursos para cocineros con alma de Ratatouille.

Se trataba de la obra de David Irving, sobre “La guerra de Hitler”, y al observarla pensé… ¿en que lugar se encontraría el historiador británico?, ¿aún seguiría preso por sus investigaciones sobre el "Holocausto"?.


Al reflexionar sobre ello, se me ocurrió que quizás sea buena idea, abandonar mi proyecto sobre un libro para niños –de esos para pintar de colores-, al que iba a titular: “El holocuento para colorear”.


Pensé en proponérselo al intendente Mauricio –tan afín a los temibles guardias circuncisos del Mossad, a juzgar por como están asesorados sus nuevos policías; junto con una colección de similares características –esta vez, para la presidente Kristina- sobre los “Jóvenes idealistas para colorear”, con granadas y metralletas troqueladas en tono fluo para ubicar en los escenarios donde mayor mortandad hubiesen causado aquellos inocentes nietitos, al decir de sus tan cercanas abuelitas mentirosas.

Sin embargo –estimado lector- el estado calamitoso del libro de Irving, me impulsa a replantearme el proyecto. Quizás, una obra al estilo de buscando a Wally, donde el objeto perdido sea la honestidad entre la muchedumbre de monos politiqueros en una jungla embananada de sentido común artificial impuesto, sea más adecuada para comenzar mi aporte a la educación de los jóvenes.

Ampliaremos.

G. K.

12 abr 2010

Diario de un Magíster en Historia




Al ingresar al Centro Borges de las Galerías Pacífico, te cruzas con mujeres de esbeltos físicos, vestidas para el ballet –se encuentra allí, una conocida escuela de danzas clásicas-, muy distinto de mi pasada experiencia cotidiana, de cruzarme en el edificio del Joaquín, con hipponas de piernas peludas, embebidas rítmicamente en sus danzas pachamámicas; mientras realizaban sus rituales de pegatinas de afiches rojos en las paredes del Instituto. Debo confesar que desarrolle una valiosa prestancia física en los movimientos rápidos y certeros de mis dedos, para arrancarlos de manera fugaz-furtiva, antes de que la horda tejedora de artesanías, acudiera a defender a sus ídolos profanados.

En cierta forma, esta habilidad inesperada –cual improvisado guerrero Kung Fu descubriendo sus talentos-, se manifiesta en la rápida manera en que tomo los innumerables bocadillos de degustación consumista que se me ofrecen en el Shopping devenido en Universidad.

Me estoy preparando –al estilo Kung Fu Panda-para convertirme en el Guerrero Dragón que enfrente a la Bestia Roja que anida allí, encubierta en las entrañas de los cuatro seminarios cuatrimestrales que estoy cursando.

Ampliaremos.

G. K.

4 abr 2010

A los rumiantes de diarios, empachados de cine, y ebrios de palabrerías. Un mensaje de Castellani.








…Mis amigos, mientras quede algo por salvar; con calma, con paz, con prudencia, con reflexión, con firmeza, con imploración de la luz divina, hay que hacer lo que se pueda por salvarlo. Cuando ya no quede nada por salvar, siempre y todavía hay que salvar el alma.



(¿Qué me importa a mí de vuestros cines, de vuestros teatros, de vuestras fiestas, de vuestros homenajes, de vuestras revistas, de vuestros diarios, de vuestras radios, de vuestras milongas, de vuestras universidades, de vuestros negocios, de vuestras politiquerías, de vuestros amores, de vuestros discursos, oh rumiantes.
Oh rumiantes de diarios, empachados de cine y ebrios de palabrerías?
Dentro de pocos años os espero en la Chacarita.)



Es muy posible que bajo la presión de las plagas que están cayendo sobre el mundo, y de esa nueva falsificación del catolicismo que aludí arriba, la contextura de la cristiandad occidental se siga deshaciendo en tal forma que dentro de poco no haya nada que hacer, para un verdadero cristiano, en el orden de la cosa pública.

Ahora, la voz de orden es atenerse al mensaje esencial del cristianismo: huir del mundo, creer en Cristo, hacer todo el bien que se pueda, desapegarse de las cosas criadas, guardarse de los falsos profetas, recordar la muerte. En una palabra, dar con la vida testimonio de la Verdad y desear la vuelta de Cristo.

En medio de este batifondo, tenemos que hacer nuestra salvación cuidadosamente, al modo que el artista con los materiales a su alrededor hace su obra, adentro de sí mismo primeramente. No hay nada que no pueda servir, si uno es capaz de pisarlo, para hacer escala a Dios.

…Ni con el juicio oral, ni con el juicio político, ni con la Suprema Corte van a curar nada, mientras los argentinos de hoy seamos lo que somos, esencialmente descangayados, mientras perdure el desorden y el histerismo actual y la gran maquinaria invisible de ese desorden y ese histerismo, vigilada celosamente por el Ángel de las Tinieblas.

Pero eso sí, que no pongan sobre esa maquinaria, ni sobre lo que es puramente terreno (como Sarmiento, Chapultepec y la democracia), que todo es mortal y contaminado, ni a la persona de Cristo, ni su Nombre, ni su Corazón, ni la imagen inviolable de la Mujer que fue su Madre. Con esto sí que no hay reconciliación. Contra esto hay guerra perpetua. Mientras yo tenga vida, mi función (y para eso me alimenta el pueblo cristiano) es luchar contra el error religioso, la mentira en el plano de lo sacro y el Padre de la Mentira. Sin eso, no puedo salvar mi alma, ni me es lícito dormir, ni comer siquiera.

Yo no sé de cierto si estamos o no cerca del fin del siglo, tal como estoy cierto que yo estoy cerca de dejar pronto este encantador Siglo Veinte. Pero lo sospecho. Y lo deseo. El fin del siglo es el retorno de Cristo. Para ver el retorno de Cristo vale la pena pagar la entrada.

Cristo anunció que esa entrada no sería barata. Pero que valía la pena.

Veni, Dómine Jesu.

LEONARDO CASTELLANI, S.J.

(Villa Devoto, 24 de febrero de 1945)

3 abr 2010

Hoy, como hace 200 años, Nosotros y ellos.




“Ellos traían sus uniformes colorinches, de ésos que se alquilaban
indistintamente para bufones y soldados,
y nosotros teníamos nuestros soldados vestidos con los colores de
de los pájaros y con los colores de los enamorados.
Nosotros teníamos la pura religión nacida del agua del Bautismo
y del Árbol de la Redención.
Y teníamos, para defendernos de las tentaciones del espíritu, el
Tribunal de la Santa Inquisición.
Ellos traían su tristeza, la invencible tristeza,
inseparable del crimen de la herejía.
Y nosotros teníamos, por encima de todo nuestra alegría”. (a)


Para que los piratas de ojos parchados –no podrían mirarnos con los ojos limpios llenos de sol, es necesario de su deber ser, tener los ojos desviados, tuertos y emparchados de negra nube de pesar entelada-, lo sepan: Hoy como ayer, nada ha cambiado, seguimos aquí, para dar testimonio –al decir de Caturelli- de que la “Reina de las Islas esta en el cielo y no en el palacio de Buckingham”.

No podría ser de otro modo, que Ellos se embadurnen con el negro y grasoso petróleo, arrastrando una plataforma de extracción, hasta 400 km. de las celestes costas de Santa Cruz, donde la espuma blanca limpia la visión de aquél cristiano en oración.
Es necesario que estén sucios, malolientes, y en la presencia de sus navíos de guerra, custodiando las acciones de quien se sabe ladrón, de alma usurera y contrabandista sin perdón.

Hoy como hace 200 años, ellos y Nosotros.

Nosotros tenemos,

“La alegría de esperar cada día, como un nuevo milagro,
la aurora y el clavel
Y amar la inutilidad de la mariposa y la servidumbre de la miel
Porque tenemos el sentido español de las cosas
Y si le vendemos trigo a los bárbaros no les vendemos nuestras rosas

Porque todavía tenemos el orgullo imperial y casero
de faltar el respeto al comerciante y de respetar al pordiosero”





G. K.

a.
ANZOÁTEGUI IGNACIO. Antología poética. Poema de las Invasiones Inglesas. Ed. E. C. Bs. As. 1952
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