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31 ene 2012

Sobre el amor platónico. ¡Guittonizado!







“Existe en Platón una íntima relación entre la teoría del conocimiento y la doctrina del amor. Como se sabe, para Platón el conocimiento no consiste en enlazar con el pensamiento la realidad general y sin embargo singular que nos es dada, sino desprender una pura y abstracta esencia, abandonando lo sensible, lo individual y lo histórico. Tomando el ejemplo de la rosa diríamos que se divide en dos: la “rosedad” que reposa eternamente en el lugar de las Ideas, y las singularidades de la rosa que pasan y se desvanecen en el curso del devenir: esta rosa que está aquí no existe. Y conocer es hacer tal división. Y lo mismo amar. Este ser que está aquí, digno de mi amor, se compone de dos partes: la imagen efímera que es su persona singular, y la idea de Belleza representada por la imagen que nos prepara para su visión. Nunca será amado en sí mismo; la eternidad lo cambiará en una esencia impersonal.

A nuestro parecer, el método mismo del idealismo implica una disección de este orden y se la podría encontrar también en los sucesores de Kant. Hay sin duda una relación desconocida entre la privación de la abstracción y el fervor del Eros: estos dos estados se compensan, se alimentan recíprocamente y parecen componerse sin llegar a justificar la unidad del ser ni la simplicidad del verdadero amor”.



Jean Guitton.


Ensayo sobre el amor humano. El misterio, II. Los temas de exaltación.

21 nov 2011

Análisis del Protágoras de Platón (Gustavo Bueno)






Escribe: Gustabo Bueno




Por supuesto, ni Sócrates ni Platón, a pesar de su implacable análisis, han podido acabar con los sofistas, en su sentido más estricto, ni es posible acabar con ellos, como tampoco la medicina puede acabar con las enfermedades. Tan sólo es posible intentar «mantenerles a raya».



Pero los sofistas se reproducirán siempre, precisamente porque la multitud y los gobiernos necesitan estos científicos de la personalidad, estos maestros de la virtud. Por ello, tampoco negamos a los sofistas su «función social». En la Edad Media, por ejemplo, la función de los sofistas ha sido desempeñada por el clero, es decir, por un conjunto de «curas de almas» encargados de edificar a los individuos, de elevarles desde su estado natural (de pecado, de indefensión) hasta su estado sobrenatural.


Pero en nuestro siglo, cuando el clero de diferentes confesiones va perdiendo su poder –no ya, en modo alguno, cuantitativamente, pero sí cualitativamente, ante las extensas capas sociales ilustradas por una educación científica– los sofistas renacen bajo formas nuevas.


¿Podemos identificarlos?. Con toda seguridad, porque estos nuevos sofistas son ahora los que se autodenominan «científicos de la educación», o bien aquéllos que siguen definiendo a la educación, al modo de Protágoras, como «el proceso de convertirse en persona» (Roger) o como la «educación liberadora» cuyo objetivo fuese la «concientización», el «hombre como sujeto», &c., &c. Lo que hace siglos fueron los sacerdotes son, pues, hoy, los pedagogos científicos (y, por motivos similares, los psicoanalistas, y tantos psicólogos). No desconfiamos del todo en que, después de meditar el Protágoras platónico, pudiera decir más de un científico de la educación, en la España de 1980, lo que González Dávila decía en la España de 1780: «Sacerdote soy, confieso que somos más de los que son menester».


Porque son las llamadas «ciencias de la educación» indudablemente la versión que en nuestro siglo o encarna mejor a la sofística que Sócrates ataca en el Protágoras. Puesto que no siendo ciencia en modo alguno se presentan corno tales («Un algoritmo de aprendizaje es un producto vectorial mixto: A = (w, R Ø), en donde y …, &c.»). Por nuestra parte, no criticamos la posibilidad de tratar científicamente amplias cuestiones relativas al aprendizaje, a la instrucción en virtudes positivas (las de Ortágoras, las de Fidias). Nos dirigimos contra la pretensión de un tratamiento global de la Educación (Skinner), de un tratamiento científico de la formación científica de la personalidad (las virtudes de Hermes) corno «tarea integradora en la educación humana del hombre» (Sucholdosky).


Porque este tratamiento global, el de las ciencias de la Educación, precisamente por serlo, no puede ser científico, sino filosófico. Y es pura propaganda gremial el presentar planes generales de educación, metodologías pedagógicas globales, como algo «científicamente fundado»: las relaciones entre las diversas ciencias del aprendizaje, si las hay, no pueden ser científicas. Y, sin embargo, los nuevos sofistas, logran convencer a los estados y a los ciudadanos de su importancia y obtienen asignaciones económicas que, si distribuidas por cada científico de la Educación, no suelen alcanzar en general a las cien minas, en conjunto constituyen sumas muy superiores a las que podría obtener Fidias «y diez escultores más».


No pretendemos aquí, pues, devaluar todo aquello de lo que se ocupan las ciencias de la educación, porque sin duda, ellas arrastran funciones más o menos oscuras, pero que son necesarias. Pero al arrogarse la función de «ciencias» se hinchan, se envanecen y desvían constantemente de sus fines sociales (acaso enseñar la mnemotecnia, y no la creatividad; acaso enseñar el lenguaje escrito, y no la capacidad de hablar; acaso enseñar la gimnasia y la danza y no la expresividad).


Pero mediante su presentación como científicos, engañan a los poderes públicos, y a las familias, es decir, se convierten en sofistas, prometiendo, por ejemplo, mediante el cultivo de la libre creatividad o la expresividad corporal espontánea, la auto-realización de la personalidad misma del individuo (cuando ya sería bastante que se atuviesen a enseñar la flauta como Ortágoras de Tebas o la pintura como Zeuxis).



Y lo que ocurre es que, al arrogarse la función del maestro de la personalidad, no sólo se confunden y se desorientan, sino que producen daños irreparables a sus discípulos, sin perjuicio de lo cual, se atreven a percibir grandes sumas de dinero.







8 feb 2011

El trabajo intelectual. Jean Guitton






En el umbral del final de mis días de pobre pecador, recuerdo la visita de un joven que prometía. Me solicitaba algún consejo, que él transformo en 99 consejos para jóvenes que prometen.



“Me acuerdo de la especie de horror que sentí en otro tiempo, cuando tuve que estudiar, para doctorarme, toda la filosofía de Platón. Nuestros profesores nos indicaron las ediciones de los libros de Platón aparecidos en los últimos veinte años: muchos estaban en idioma extranjero.

Luego, nos pusieron en guardia contra los resúmenes y trozos escogidos, contra el trabajo con manuales. En ello no estaban equivocados. Pero se trataba de estudiar a Platón en algunos meses compuestos de días de veinticuatro horas, lapso durante el cual reclamaban sus derechos el sueño, las demás necesidades físicas, otras lecturas, otros trabajos y el ocio mismo.

La intuición me guío hacia un maestro ciego que tenía horror a los convencionalismos. Fui a verlo al atardecer; me recibió en una biblioteca tapizada de libros, entre los cuales reconocí los apretados batallones de las obras de Platón.

Le expuse el motivo de la visita:

¿Es necesario leerlo todo?”

–Ah, respondió, ¡guardaos de ello!

–Pero entonces, pregunté, ¿no hay que leer nada?

-¡Guardaos más aún! Y me hizo notar que Platón había sido leído y releído por diversos autores; que yo debía hacer una tabla de los pasajes citados por ellos y observar cuáles eran los que se citaban más frecuentemente: esos promontorios, esas frases o, más bien, esas eminencias desde donde la vista podía, en caso de necesidad, extenderse en muchos y variados dominios.

Me aconsejó que una vez señaladas esas alturas, permaneciera en ellas, que volviera a menudo a esos textos, que hiciera de ellos mi liturgia; que viera, en fin, irradiar su luz sobre el contexto, sobre el diálogo en torno a este contexto, sobre los pasajes vecinos y análogos, las monotonías y las depresiones; sobre los pasajes más oscuros y casi impenetrables hasta donde, sin embargo, no era imposible, después de esa permanencia prolongada en las alturas inaccesibles, hacer llegar alguna luz. Lo que me agradaba en este consejero, era la falta de hipocresía.


¿Se repetirá alguna vez suficientemente esta bella regla natural: Ir en todo de lo conocido a lo desconocido?”


Jean Guitton. El trabajo intelectual.
(III, El esfuerzo profundo, III, Dadme una palanca)



Jorge de Burgos

14 ene 2011

Platón tiene un Plan. Ep. III. La acusación a Pascal.





Al final de mis días de pobre pecador, recuerdo aquella oportunidad donde Guillermo (en esa época servía en el Santo Oficio), acuso formalmente de herejía a Pascal.


¿Cuál era la herejía?



Referirse a la vanidad de la razón humana:

“Es admirable que jamás un autor canónico se haya servido de la naturaleza para la prueba de Dios. Todos tienden a hacer creer. David, Salomón, etc., jamás han dicho: “No existe el vacío; por consiguiente, hay un Dios”. Sería preciso que ellos fuesen más hábiles que las más hábiles gentes que han venido después, que de ello se han servido todas. Esto es muy digno de consideración”.

Y pretender que los hombres vuelvan al “Corazón”.

“Yo no tomo esto por sistema, sino por el modo como el corazón del hombre ha sido hecho… No por un celo de devoción y de desprendimiento, sino por un principio puramente humano y por un movimiento de interés y de amor propio, y porque se trata de una cosa que nos interesa hasta conmovernos, la de estar seguros de que después de todos los males de esta vida, una muerte inevitable que nos amenaza a cada instante debe infaliblemente en pocos años (ponernos) en la horrible necesidad (de ser eternamente aniquilados o desgraciados”.



Guillermo vocifero: “¡No seas obcecado! Tu postura es edulcorada, empalagosa”.



Pascal. “El proceder de Dios que dispone todas las cosas con dulzura es comunicar la religión al espíritu por las razones y al corazón por la gracia…”



Guillermo: No entiendes lo que digo Pascal (no eres lo suficientemente inteligente), debes distinguir categorías y términos operacionales (ante lo cual no puede escapar ni siquiera tu lírica sistemática de corazones), debes tener ideas claras y distintas innatas como criterio de verdad (incluyendo la verdad sobre Dios), ¡y no me vengas con la comicidad del “círculo cartesiano”! (aunque la consideres una falacia)


Pascal: El círculo cartesiano solo se rompe con un acto de Fe (razonar es confiar en la razón), no de razón. La razón presupone la fe.



La principal utilidad de la filosofía –Fray Guillermo- es tener algo para inmolar sobre el altar, el último propósito del discurso es servir de marco para el gran silencio místico.


Te lo digo y te lo repito Guillermo: Escucha a Dios



“¿Que quimera es, pues, el hombre? ¡Que novedad, qué monstruo, qué caos, que sujeto de contradicciones, que prodigio! Juez de todas las cosas, imbécil gusano de la tierra, depositario de la verdad, cloaca de incertidumbre y de error, gloria y excrescencia del universo. ¿Quién desenredará este embrollo?... Conoced, pues, soberbios, que paradoja sois para vosotros mismos. Humillaos, razón impotente; callaos, naturaleza imbécil, aprended que el hombre supera infinitamente al hombre y escuchad de vuestro maestro vuestra condición verdadera que vosotros ignoráis. Escuchad a Dios”




Al final de mis días de pobre pecador, recuerdo mi intervención apaciguadora a fin de evitar a mi querido (aunque orgulloso pecador) Guillermo, los lacerantes suplicios de aquellos actos purificadores aplicados sobre la carne desgarrada en las ensangrentadas profundidades subterráneas de la Abadía, luego de la exoneración del acusado y del enjuiciamiento del acusador; más el Santo Oficio solo atendió a la intervención del mismísimo Santo Padre para suspender el prólogo al Auto de Fe –al menos hasta el próximo encuentro-, luego de mis oficiosas súplicas en Roma ante diversos cardenales. Ruego al Cielo por la misericordia ante los pecados de vanidad en que su prodigioso intelecto lo hacían incurrir una y otra vez, plegarias que junto a las de Ubertino y de Adso, quizás realicen el milagro.



El escriba hereje Eco, en el siglo XX ha reseñado esta cuestión, aunque deformándola, porque ¿cómo podría enaltecer a Pascal en una civilización cartesiana?



Jorge de Burgos

13 ene 2011

Platón tiene un Plan. Ep. II. De Jorge de Burgos a Guillermo (sobre los Poetas y los sistemas)





Al final de mis días de pobre pecador, recuerdo a Fray Guillermo de Baskerville (a quien dí su merecido en el Congreso de Filosofía de la Abadía cuyo nombre es mejor olvidar), quien acusaba a mi bibliotecario preferido (un humilde Poeta de Dios en misión divina, un heraldo de la Belleza, un mensajero que anuncia el Misterio), de tener demasiadas crecidas sus alas de Albatros:



“Tú tienes tu propio sistema, que aunque se auto-niegue como sistema, poniéndose más allá de toda categorización, lo es”


Guillermo no advierte que el Poeta de Dios ofrece la dádiva divina al pueblo, y lo divino no es un sistema: es Sacro.

Así lo expresa el Plan de Platón en el Ión o en el Fedro.



“Más a nosotros corresponde


oh poetas, estar bajo los truenos


del Dios, desnudas las cabezas,


y aferrar con la propia mano


del Padre el rayo mismo


para entregar al pueblo


envuelta ya en el canto


la dádiva divina.


Pues si nosotros somos, los Poetas


de limpio corazón como los niños


limpias serán de culpas nuestras manos” (Hölderlin. Como en el día de fiesta)


Luego, otra será la manera en como las gentes del mundo recepcionen la “dádiva divina”, la “revelación”, el puente entre nosotros y las Ideas. Algunos la decodificaran en sistemas (el que fuere), otros meditaran abstraídos en la Belleza del Ser ante la revelación de la Forma.

¿Acaso Cristo no se expreso con parábolas artísticas (es decir, alta poesía)? Decodificar esas parábolas en signos enhebrados de concatenación lógica sistemática, es -a mi gusto de pobre pecador- poco cristiano.

A veces, “los filósofos (que no advierten que sus brazos son alas atrofiadas) tratan una pregunta como una enfermedad” (W.).



Jorge de Burgos

4 ene 2011

Battlestar Galáctica. Episodio I: Platón tiene un Plan





Un Cylon humanoide se lamenta de su condición “orgánica”:


“... He visto una estrella convertirse en supernova, y expulsar los bloques constituyentes del universo, de otras estrellas, de otros planetas, e incluso de otra vida. ¡Una supernova! ¡Creación en estado puro! Estuve ahí, quería ser parte del momento y ¿sabes como me vi obligado a percibir uno de los momentos mas gloriosos del universo? ¡Con estos ridículos y gelatinosos orbes en mi cara! Con unos ojos que solo pueden percibir una minúscula fracción del espectro electromagnético. Con oídos, que solo pueden oír vibraciones en el aire.

...

¡Quiero ver rayos gamma! ¡Quiero oír rayos X! ¡Y quiero...quiero oler materia oscura! ¿Te das cuenta de lo absurdo que es lo que digo? Ni siquiera puedo expresarme adecuadamente por que tengo...

¡tengo que conceptualizar ideas complejas en este estúpido y limitado lenguaje hablado!

Quiero alcanzar y sentir con algo mas que estas prensiles patas, ¡y sentir el viento solar de una super nova fluyendo a través de mi!”



En las aporías de los diálogos platónicos, se manifiesta un límite epistémico, aunque al señalarlos Platón, él mismo ya se sitúa en otra posición, puesto que quien marca un límite, se halla más allá del mismo.

Los personajes que llegan a la aporía, están dentro del límite que Platón ya ha dejado atrás, en cierta forma, el autor nos plantea una invitación, no a seguir leyendo el dialogo (puesto que nos manifiesta el límite epistémico del mismo), sino a asumir el límite de la forma literaria del dialogo, que en última instancia, solo sería un medio propedéutico que no debe engañarnos a través de sus formulaciones proposicionales sobre la posibilidad de acceder al conocimiento filosófico, y que este solo puede tener lugar en el diálogo Vivo.


“El conocimiento de estas cosas no es en absoluto comunicable como los demás conocimientos sino que después de muchas discusiones efectuadas sobre estas cosas, y después de una comunidad de vida, repentinamente, como una luz que se enciende gracias a que salta una chispa, así nace en el alma, y se alimenta por sí mismo” (Carta VII)



“Quiero que alcancen a pensar con algo más que esta inteligencia peligrosamente invertida, ¡y sientan el viento Solar de una super nova fluyendo a través del espacio donde asciende en lucha constante de purificación el carro alado hacia la llanura de la Verdad, donde se apacienta el alma contemplando a la idea de Bien. Sobre estas cosas nunca he escrito y nunca escribiré”.

G. K.

2 ago 2010

¡Viva Platón! ¡Muera Kretina!. Episodio II.




Kretina es aquel impulso que sentís al escupir en la cara a un político cuando entras al Congreso y lees el cartel “Prohibido escupir en el suelo”.

¿Hay algún lugar más adecuado para escupir que el rostro de Kretina?

Kretina es el criterio cuantitativo manejado por publicidad legislando sobre metafísica.

Kretina es la que nos obliga a subsidiar a todos los argentinos, las falopas animalizadoras de pobres, desde el “paco” hasta el “Fútbol para todos”.

Kretina es la propaganda que enciende el ardid pseudo metafísico, para aquellos ingenuos creyentes de la “soberanía popular”.

Kretina es aquella bacteria que se enfrenta a la teoría de las Ideas platónicas, porque si existe la idea de Bien-Verdad-Belleza, ¿Cómo podría existir una idea de Kretina? ¿Cómo podría existir una idea de pelo-barro-basura? ¿Podría existir una esencia de Kretina? ¿Porqué Kretina no sería arrastrada por la vorágine del devenir? ¿Cómo podría la innoble Kretina ser captada por la parte más noble del alma?

Si concebimos una Idea de Bien-Verdad-Belleza, podríamos sostener que esta Idea para ser lo que es, debe ser en su inmutabilidad, diferente a todo lo demás. Es decir, debe “no ser”, en este caso: Kretina, pueso que si cada Idea tiene una determinada dosis de ser, luego debe residir de manera indirecta allí, un infinito no-ser.

En ese infinito no ser, Kretina solo es la bacteria que lástima lo más elevado de nuestra alma. Kretina no tiene rango ontológico, es solo un epifenómeno de inodoro.


Para que los argentinos tiremos de la cadena del gran inodoro rosado al grito Justiciero y purificador de ¡Muera Kretina!

G. K.

9 jul 2010

¡Viva Platón! ¡Muera Kretina!




¿Por qué hay que volver a la Caverna?

El liberado de las cadenas, sale de la caverna y contempla el Sol. Podría seguir a sus deseos y contemplar la idea de Bien en la llanura de la Verdad por la eternidad.

¿Por qué volver a la oscuridad?

Platón concibe al político como alguien que no ama al poder por el poder mismo, ni esta obnubilado por el mando. El verdadero político es aquel que concibe la política como un servicio para llevar a cabo el bien. ¿Y que servicio mayor se les podría hacer a los hombres que salvarlos de su esclavitud?

Cuando a Sócrates, en la parodia de juicio, el tribunal sofista lo condena a no filosofar más, él elige ser el Príncipe de los filósofos, aún a costa de su propia vida.

El filósofo político que regrese a la Caverna correrá ese riesgo, y lo hará aún arriesgando su propia vida. No sería filósofo político si así no lo hiciera.

La botóxica Kretina otorga dádivas de falopa, fútbol “para todos” y vino barato a los esclavos de la inmensa caverna en la que se ha convertido la Argentina. No podría obrar de otro modo, alguien que esta condenada a contemplar los epifenómenos nauseabundos en un inodoro de un baño de Constitución, mientras el INDEC tira de la cadena una y otra vez.

G. K.

11 feb 2010

¡Viva Platón! III. El llamado a la conversión (o platonismo).




Hay ciertas personas que nos manifiestan su pensamiento de modo directo: “Yo digo esto”. Si una persona quiere una respuesta directa, no le será difícil encontrarla, para bien o para mal.

Hay ciertas personas que nos hablan desde sus personajes, desde los diálogos que ellos entablan. En primera instancia, uno podría decir que el autor se identifica con el protagonista de esos diálogos, …pero en el caso de Platón, el mismo Sócrates parece ser distinto en el Fédon y en el Parménides, entre otros.

Al margen –y no tanto- que esos diálogos son bellos en el aspecto literario, también lo son por su tremenda fuerza filosófica –y cuando la belleza literaria y la profundidad filosófica se unen…: nos encontramos ante una obra inmortal-, que se manifiesta en el hecho de que Platón parece querer obligarnos a asumir una posición –a no ser unos turistas del pensamiento-….¿cuál? Siempre va a ver un Meletos, Anitos, Protágoras, un Trasímaco, … un Sócrates.

Incluso aquellas posiciones que Platón nunca suscribiría, son analizadas, y más allá aún, los pensamientos suscriptos por él, son criticados por algunos de sus personajes, los cuales parecen –por un instante- mirar a cámara desafiantes y esperar la respuesta, no de Platón, ¡sino de uno mismo!. Este es el verdadero sapere aude.

¿Por qué lo hace así? ¿Acaso no era suficiente escribir un tratado, mediante la inteligencia dialéctica para comunicarnos el “Yo digo esto”?

Siempre va a haber un joven que se sienta sacudido al experimentar por primera vez, la fuerza de la refutación socrática, su ironía, y su –quizás- orgullo intelectual; pero hay algo más…

Luego de la dialéctica sobre la inmortalidad del alma –“lo que jamás admite la idea de la muerte”-, de la partida que los atenienses ordenan; Sócrates parece mirarnos con una sonrisa, y sosteniendo a la muerte en su mano -representada en el tóxico-, decirnos –casi a modo de invitación- que lo inmaterial es más adecuado al conocimiento que lo carnal, que nuestro pensamiento esta peligrosamente invertido; puesto que todas aquellas cuestiones que el mundo tilda de locuras, desvaríos psicológicos, ataques místicos, proyecciones de nuestro miedo alienador ante la muerte; no son ingenuas fantasías, sino que son más reales que los cien pesos que el mundo tiene en el bolsillo.

Este llamado platónico, puede ser esbozado en una alegoría, en una sutil abstracción dialéctica; pero solo puede ser asumido como propio, mediante una Conversión; por ello la dialéctica platónica se eleva hasta el mito, por ello no era suficiente el “Yo digo esto”, sino que se hacía ineludible el vínculo místico hacia lo religioso.

G. K.

7 feb 2010

¡Viva Platón! II. El poeta.




Hay ciertas cuestiones, a las cuales, de acuerdo con Platón, solo es posible acceder mediante el mito. Son secretos –solo para oídos atentos- sobre la existencia.

Reale mencionaba a estos mitos –alejándose de la interpretación hegeliana-, como un vínculo, un puente hacia lo místico, lo religioso, a lo cual agrega Guitton que los mismos van más allá de “la inteligencia dialéctica”.
¿Acaso así no lo hizo Platón, al burlarse de las maneras humanas de “razonar” sobre el Amor, en el Banquete? Luego de una lenta iniciación que ha dejado en manos de ebrios, Sócrates acerca a las Almas altas al misterio del Amor, mediante el mito.

¿Hay alguna otra manera de contestar las viejas preguntas de siempre sobre nuestra existencia?

¿Acaso alguien puede imaginar a William escribiendo sobre el Amor de Romeo por Julieta a través de la inteligencia dialéctica? Esperemos que nunca nadie pueda demostrar dialécticamente el misterio Romeo-Julieta. Él, al igual que Platón, sus más íntimos secretos, nos los comunican a través del misterio de la poesía.
Así el Quijote necesita al poeta, ante las risas de usureros, banqueros, prestamistas. Allí en el lecho donde se apagaban los ojos del ingenioso hidalgo, Cervantes hizo inmortal a España en un poema.

No basta un tratado de sociología para comprender al Quijote, era imperioso que él encontrara a Cervantes, como Aquiles a Homero; para así hacer posible el mímema –en tanto acción posible- de que los últimos caballeros andantes acudan al llamado de su Majestad Cristianísima en los tiempos por venir.
“Los moros han invadido España” le susurran al Quijote, y este revive con sus ojos invictos dispuestos a la Cruzada….pero la risa de los burgueses lo acerca a la realidad.
Sin embargo: ¿Acaso un humilde seminarista en Nicaragua –ante la mundación sandinista-, no acudió al llamado de Juan Pablo II, sin atender a la risa del mundo?


En la República de Platón, son expulsados los falsos poetas (imitadores de malos modelos) –¡no se salva ni Homero!-. Surge la pregunta: ¿Y quien es el verdadero poeta?


En el Ion, se plantea que la inspiración de los artistas “viene de más arriba”, por ello, la plegaria socrática del Fedro, pide con devoción religiosa: “Concédeme ser bello en mi interior”. Es decir, el verdadero poeta es aquél que ha salido de la Caverna, y así, la luz y el calor del Sol, templan su corazón a través de la inspiración divina.
El verdadero poeta es Platón mismo –un Albatros al decir de Baudelaire-, un mediador entre el mito y nosotros, el que une en matrimonio al Cielo y la Tierra; entre la voz de aquellos “antiguos”–que nos alcanzan a través de la reminiscencia- que han contemplado lo divino y encuentran en el poeta a aquel capaz de transmitir, de develar lo oculto de las esencias.




¿Se podría plantear que Sócrates lo inicio en este camino? Aquél se refería a una “voz”, un daimon que lo admonizaba permanentemente sobre el lugar que él debía ocupar, casi lo tironeaba de las vestimentas para que asumiera ese lugar. Sócrates podría haberse referido a esta cuestión a través de la inteligencia dialéctica, pero prefirió el misterio para referirse a las decisiones más importantes de su vida, de lo que luego Platón referiría como “posesión divina”

Habría que buscar allí, y no en las causas materiales, el transfondo –la causa- de la poética platónica; lo invisible, aquello que no es lo que “tironea” para abajo al “carro alado” (Fedro), sino aquello que hace crecer las alas de nuestra alma, o hace que el agua tenga sabor a vino. Por ello, ante la perspectiva de que lo ordinario atrofie nuestras alas y no nos permita alcanzar lo extraordinario, las alturas de la beatitud celestial; hacemos nuestra la plegaria socrática: Concédeme ser bello en mi interior (a).

G. K.



(a) Querido Pan y todos los demás dioses que sois de esta región, concededme que llegue a ser interiormente bello. PLATÓN. Fedro. 279, b. 617. Ed. Losada. Bs. As. 2007.

2 feb 2010

¡Viva Platón!. Cinco lecciones a media luz. Lección 1. Volver a la Caverna.




¿Por qué en la alegoría, el desencadenado vuelve a la Caverna?

En primera instancia, se podría aludir que la teoría de las ideas se relaciona con la necesidad instrumental de fundamentar la ciencia, puesto que esta no puede estar fundamentada en lo contingente. Cuestión que no contesta la pregunta.

¿Por qué vuelve el desencadenado a la Caverna?

“Fijando Jesús su mirada en él, le dijo: “Tu eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas” - que quiere decir “Piedra”.

¿Por qué eligió Cristo a una “Piedra” y no a un doctor? ¿Acaso un doctor no sabe más que una “piedra”?

Platón buscaba al Rey Filósofo, y ya sabemos como termino esa búsqueda. Quizás resignado, en la alegoría nos transmita su conclusión: el Rey filósofo no existe, hay que buscar “piedras”, tomarlas de discípulos, e iniciarlas.


Así lo expone Guitton:

“Y pintaríamos mal a Platón, feliz al pensar y al hacer pensar, si no viéramos ir creciendo en él la amargura política. También en eso es un rey destronado.

Platón quiso ejercer el poder porque el poder es el medio más seguro de mejorar a todos los hombres a la vez. Pero su carrera política fue un fracaso. Y los últimos tiempos de su vida los consagró a escribir los diez libros de Las Leyes, que son el Espíritu de las Leyes malhumorado, un largo testamento triste.

Ahí, Platón anuncia a los desilusionados: Quohélet, el autor del Écclésiaste; Marco Aurelio, Fenelón, Goethe, Comte; a todos los que se han dejado embrujar por la idea de un poder espiritual, por la unión imposible en un mismo individuo de Arquímedes y Alejandro, de un Papa- Emperador que asegurase la salvación de la especie, y han descubierto que el sabio rey es inhallable, es perseguido, que la persuasión fracasa, que las leyes son impotentes, que hay que resignarse a elegir a unos cuantos discípulos e iniciarlos”. (Guitton. Entrañas de Platón)

G. K.

26 feb 2008

La Caverna Kantiana de las Tinieblas, y la LUZ




Hace mucho tiempo, había un hombre que poseía su vida como una creación a realizar y de la que se creía el único artesano; el mundo presente constituía el marco de esa realización; una serie de problemas se le planteaban y trataba de resolverlos según las posibilidades del universo humano, considerando quizá que el hombre debía ser modesto en su condición. Quizás.


Y este hombre, era auto-suficiente, confiaba en su razón o en lo que entendía como tal. Pensaba que no necesitaba conocer las cosas en sí para fundar la “libertad”: “No hace falta que yo conozca nada para poder elegir libremente”, decía una y otra vez, luego de sus lecturas kantianas.

Y así vivía sus días, sin meterse en nada, obrando “formalmente", de manera automática, como paradigma de las gentes sencillas que con-forman nuestra civilización y le dan forma a Multitud.


Era una “auténtica” personalidad kantiana “formal” de nuestros días. Es la que no se quiere meter en nada, que extiende el uso de la libertad a todo……..pero con un pequeño detalle.

En realidad ……él iba cercenando el uso de esa “libertad”, porque cada vez queda menos para elegir; y es que llega un punto en que ni siquiera se pueden expresar opiniones que sean contrarias a las de los otros, porque “eso” es perturbar a los otros.

Digamos, Sócrates sería un “perturbador” para Kant, él, como Boecio o Tomás Moro, serían “inmorales”.

Para el auténtico Kantiano, "tiene que haber un sistema perfecto dentro de lo posible, y lo posible esta cuando se destruye la profundidad", si se le pone profundidad al sistema, si aparece un Sócrates, el sistema se destruye.

Y eso……es lo que pasa ahora en nuestra asfixiante civilización de la democracia moderna….es una consecuencia lógica de la moral kantiana, ¡ES LO ESENCIAL DE LA MORAL KANTIANA!

En otras palabras, la moral “K” no necesita conocer las cosas en sí para poder fundar la libertad. No hace falta que yo conozca nada para elegir “libremente”, renuncio a la profundidad y vivo tranquilo, con mi TV, mi biblioteca de Cohello’s y Harry Potter’s y asunto solucionado.



Pero un día, ese muchacho vio en la TV esa peli “Matrix” y se pregunto: “¿Por qué algunos se despiertan?”

Recordó el mito de la Caverna del sabio y comenzó a preguntarse: “¿Cómo fuimos a parar al oscuro fondo de la caverna con sus sombras y murmullos que sustentan nuestros decires y, lo que es más grave, la imagen que de nosotros nos hacemos? ¿Quién nos condujo a ese lugar tan nefasto? ¿Quién nos arrojo a la villanía de tan falso mundo?

El mito habla de liberación, ¿Por qué se nos hace posible? ¿Porque se despierta el muchacho de la Caverna y se libra de sus cadenas? ¿Quién nos ofrece esa liberación?. Una liberación de ir viendo lo que no veíamos, de ir hacia la Luz (¿Porque nos dirigimos por ese camino?), acostumbrando a nuestros ojos, de ver el nuevo mundo, el real, no sus sombras, pudiendo al final ver el Sol y contemplarlo como ES, en sí y por sí, como decía el sabio.

Y ese hombre sencillo, se dio cuenta que tendría que afrontar el desafío de una Cruzada, la de hacer descubrir a sus antiguos compañeros de ecos y sombras que hay SOL, que hay LUZ, que hay otro mundo, un mundo real, y que el de la “Caverna” es solo un mundo de parcialiadades, de engaños, de vanidades.

Y en esa Cruzada estaba ese hombre, quizás antes, hasta que en un momento todo cambia. Dios intervino y le dijo:

“SE TRATA DE TU VIDA ENTERA; LO QUE TU LLAMAS TU VIDA: TU ALEGRÍA Y TU PENA, TUS AMORES Y TUS RELACIONES HUMANAS, TU ESFUERZO Y TUS CREACIONES, TANTO TU CUERPO COMO TU ESPIRITU, TU MUERTE Y TODO LO TRÁGICO QUE LA ANTICIPA.

YO, EL DIOS VIVO Y EL AMIGO DE LOS HOMBRES, TE DARÉ UNA VIDA QUE ABARCARÁ Y SUPERARÁ INFINITAMENTE LA DE TU TRABAJO; UNA VIDA QUE SUPERARÁ A LA MUERTE Y TODOS LOS LÍMITES DE TU CONDICIÓN CARNAL Y LIMITADA.

PERO ENTONCES, SERÉ YO TU AMO Y EL JEFE DE TU DESTINO, TÚ TE CONVERTIRÁS EN MI COLABORADOR OBEDIENTE Y FIEL EN LA OBRA DE TU DESTINO”.

Y el hombre dijo que sí, no por debilidad ni por miedo, sino porque ya no tenía ojos ni corazón para ver lo que “ellos”, habituados desde siempre a sus sombras, seguían “viendo”.

Se había convertido en un nuevo soldado de la milicia de la Luz, en lucha contra el poder de las Tinieblas de la Caverna.

13 feb 2008

EL BANQUETE, en un monasterio en Mendoza



Un buen vino de los viñedos próximos al monasterio mendocino, donde frailes obsequian su arte de atrapar al tiempo, y hacerlo líquido. Así bebíamos en ese “Banquete” de despedida, antes de volver a nuestras vidas de ciudad, con el suficiente aliento de ánimo para enfrentarnos a la abominable y decadente desolación que envuelve a la civilización de la civitas mundi.


Sócrates
(alzando su copa, y viviendo la certeza de que los dioses no filosofan ni desean ser sabios):
¡Quiero proponer un brindis! ¡Sí! Tal cual!, He observado que estos tiempos de ingenua resignación moderna, no difieren mucho de los míos.
Digamos, las leyes de la vida social, la moral, se rigen por el principio de que “nadie tiene que imponerle la opinión al otro”. Él que pretenda hacerlo será un fundamentalista, un fanático, un……..”provocador”. Creo que no desentonaría en este mundo…


Soren (el “verdadero Hamlet”):
Yo sabía que algo olía a podrido en Dinamarca, donde la religión era adaptada a las circunstancias del momento. ¡Me sumo al brindis!


El Abad (serio, sosteniendo su copa en desafiante ademán):
Tiemblo de pensar en un mundo donde la religión se la conciba en un sentido útil para el servicio público, una religión que se “reduzca” en su doctrina para posibilitar un “encuentro” donde nadie pueda “imponerle una opinión al otro”. Un ecumenismo donde todas las religiones serían verdaderas y por consiguiente todas falsas.


Sócrates (con la copa rebosante de sabiduría y esperanzas bellas):
Ese ecumenismo moral, solo sería posible si los hombres renuncian a la profundidad, si la filosofía abdica en su misión de buscar la verdad, y si todos se convencen de ser simples. Digamos, un hombre puede leer innumerables suplementos en el “Clarín” que versen sobre política, economía, filosofía, teología, biología, arte, arquitectura, y convencerse de que es un erudito en todos esos ámbitos.
Así, los periodistas “aptos para todo servicio”, se permiten el lujo de hablar de todos los temas sin conocer ninguno, porque han renunciado a la profundidad, y por ello están autorizados para hablar por los medios masivos de comunicación.
Y solo así, esa sociedad funciona, y nadie es “provocado”; en ese caso mis estimados hermanos, este humilde servidor sería un inmoral, se me condenaría públicamente como “provocador” y se me obligaría a elegir entre beber el veneno o renunciar a la profundidad de la verdad.


Soren (conciente de que el soñador no puede vivir fuera del mundo):
Las gentes sencillas están confundidas si por “provocador”, entienden a ese espejismo fabricado por el resentimiento de los intelectualoides que recitan a diario sus arengas re-bolu-cionarias. Se confunde filosofía con “mercadería ideológica”, con el “pensar a la moda”. Así mi estimado e inmenso Sócrates, el mundo necesita con desesperación del equilibrio irónico de tus debates con los que conquistaste al mundo.
¡Brindo por eso! ¡La estética del mundo moderno exige una concepción cómica!


El Abad (haciendo un llamado a todos los Caballeros andantes a beber el vino de la abadía):
¡Lo he visto!, ¡asistí al último Congreso de Filosofía!, donde “el tendal de incoherencias y de frivolidades surgidos de voces y plumas congraciadas con ese mundillo trivial, ha desprestigiado a la filosofía, al exhibírsela a través de extravagancias vecinas a la tontería.
La imagen del filósofo se ha teñido de esa pesada cortina de pluralidad igualitarista que la ha equiparado a la de un energúmeno navegando en aguas donde confluyen la ininteligibilidad y la insensatez” (Sacchi M.).

Chester (con la certeza de saber que el hombre religioso siempre es Feliz):
Si el mundo ha renunciado a la profundidad, si hemos tomado la decisión de vivir en la comarca de la superficialidad, entonces nuestra civilización ha sido hechizada con un conjuro cómico.
Difícil sería, al margen de las contradicciones que nos rodean y que son inherentes a este momento del mundo, encontrar un pasaje trágico mas burlesco en toda la historia de la humanidad.
Porque una cuestión es ser payaso y reírse de uno mismo. Pero otra distinta es que la multitud de los hombres se miren orgullosos, rodeados de una aureola de sabiduría, al espejo; pintarrajeados, con narices rojas, vestidos con ropas estrafalarias, ...
...y que sean solemnes en ese circo donde son los actores principales, ante una platea de dioses que ríe, y espero, se compadezca.


Continuará….