10 jul 2009

Plegaria socrática




La brumosa niebla en la noche, lo cubrió mientras regresaba, luego del festejo, a su hogar. Al estacionarse, sobre el costado de la autopista -¡aniquilado en silencio sepulcral- , -¡no veía el capot del auto!-…

…….Bajo la niebla, como si alguien bajara la tecla del interruptor. Los cortes de tensión veraniegos en el Bajo Flores –cual luz que muere rápido quemando los circuitos del Aire acondicionado– nos advierten en el vértigo, que sin luz, los colores del alma son sombras– , -la gente asume un color de fastidio-, sin aire el alma no puede respirar, y el aire depende de la Luz.

Sin luz, los hombres somos espectros, una sombra que se ahoga en su propio reflejo, cual Narcisos de Portada de revistas. Si ese Narciso se nos aparece y proclama: “Que bello que soy”, esa consideración sonaría destemplada, incluso a aquellos que admiran las fotos de Narciso se intuirían más ridículos de lo que en general se permiten; como asimismo, la aldeana no sabe que es bella hasta que el Príncipe se fija en ella. Toda belleza necesita un reflejo.


En su inmenso corazón, quizás conmovido por mi torpeza argumentativa, el Príncipe de los filósofos me susurra al oído:


Sócrates: Lo bello (pulchrum) en tanto trascendental del Ser -in-aprhensible-, referido por analogía a la corporización de la gloria del que Es, ¿es un reflejo?


Chester: El Absoluto no se mira al espejo como la Reina del cuento preguntando sobre quién es más bella.

Sócrates: ¿Toda belleza necesita un reflejo?

Chester: Eso me supera.

Sócrates: Imaginate, querido Chester, que entras a una Catedral y no adviertes nada sagrado, solo impresiones sensibles desligadas de lo metafísico y solo lindantes con el esteticismo, ¿no sería como si alguien bajara un interruptor de repente y todo aquello que hoy concibes como extraordinario, te parecería ordinario?

Chester: Te refieres Sócrates, a ser un hombre ordinario, a ser un hombre natural, un hombre autónomo, un eterno adolescente nietzscheano embebido en la lectura de un Catecismo para super-hombres, ¡horror!

Sócrates: “Así como los eclipses son momentáneos, el sol disipará la niebla. Por ello, para que de la noche se siga el amanecer, ¿no conviene elevar una plegaria a los dioses de este lugar antes de marcharnos?”

Chester: Así sea.

Sócrates: “Querido Pan y todos los demás dioses que sois de esta región, concededme que llegue a ser interiormente bello”. “Concédeme ser bello en mi interior”.



G. K.

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