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18 abr 2012

Asesino serial



Mi gato Agatón tiene la costumbre de dejar en la puerta de mi casa, cadáveres de pájaros. Antes los entraba por la ventana, hasta que le aplique -a mi pesar- un correctivo. Ahora suele traerlos, primero el cuerpo inerte plumífero, y luego de un rato aparece con la cabeza. Es Agatón el destripador; un asesino serial de pajarracos; solo comprendí su accionar justiciero, luego de unas noches que no me despertaron los graznidos de pajarracos a la madrugada.

Agatón podría ser el gato de un Caballero Templario, que por las noches recorre los pasadizos del Castillo de los Peregrinos, al sur de Haiffa, rasguñando los muros, dejando sus atemorizantes marcas; al acecho, para lanzarse sobre el primer sarraceno que se atreva a entrar a la Fortaleza, o a graznar por las madrugadas.

16 oct 2011

Agatón















Ven a mi amante pecho, hermoso gato,
escondiendo las uñas de tus patas,
deja que pueda hundirme en tus pupilas
donde el metal se funde con el ágata.

Cuando acarician con fruición mis dedos
tu cabeza y tu lomo cimbreante,
y mi mano se embriaga de palcer
al palpar todo tu cuerpo eléctrico,

me imagino estar viéndola. Sus ojos,
como lo stuyos, bestezuela amable,
hieren hondos y fríos, como un dardo,

y de los pies a la cabeza, un aire
muy sutil, un perfume peligroso
flotará en torno a su moreno cuerpo.

Baudelaire

26 sept 2010

El gato Agatón y el pulpo Paul, los teólogos para Nueva Sodoma.




Al llegar de mi jornada laboral, mi gato Agatón luego de sus largas siestas, suele salir al jardín a tomar aire fresco, estirar sus patas, perseguir a los pájaros y a las gatas del vecindario.

Cuando negra nube de amenaza de tempestad cubre la ciudad, Agatón fija su mirada en el firmamento, eleva sus bigotes hacia el cielo, y toma su decisión: salir al jardín o no salir. Si elige lo primero, aunque los meteorólogos anuncien un “Alerta de tormenta”, no lloverá.

Agatón, con su actitud felina emite sentencia: “¡Hoy, nadie se mojará!”

Entre las personas que frecuento en mis jornadas de aventuras diarias, sean avezados doctores en Epistemología o personal administrativo, ocurre algo similar a lo que sucedió con el célebre pulpo Paul.

Ellos creen, ellos quieren creer; y cada vez que se comprueba el acierto del gato, noto cierta felicidad de certeza en el ambiente, un festejo de Fe secularizado, algo así como el “salto de Fe a lo Indiana Jones en la “Última cruzada”: “Agatón me salvó de tener que estar con el piloto encima todo el día”, “El gato posibilito mi fin de semana soleado en la costa”

A medida que la leyenda se extiende, las consultas a mi celular sobre la decisión de Agatón, han crecido de manera exponencial, y no falta mucho para que comiencen a enviarle ofrendas.

Continuará…

G. K.