27 abr 2011

Capitán Cruz





Argentina tiene un héroe, un desconocido para la mayoría, que transita entre nosotros.


Recuerdo que cuando era niño, en el Colegio, celebrabamos las hazañas de los héroes patrios. Hoy en día nuestros jóvenes celebran a los futbolistas, boxeadores, estrellas del hip hop y a los proxenetas televisivos.


Sé que las próximas generaciones celebraran los actos heroicos del "Capitán Cruz" (su indicativo clave), ese desconocido que hundió tres Fragatas de la Royal Navy. Será el día en que los argentinos hayamos dejado atrás el proceso de des-malvinización instaurado desde 1983 por la partidocracia oclocrática democratista.



G. K.

25 abr 2011

Diario de un Magister. Reseñas: "Las guerras por Malvinas"





Lorenz Federico. Las guerras por Malvinas. Edhasa, Argentina 2006, 336 páginas.


La guerra de Malvinas es considerada por el autor como una puerta de entrada a la posibilidad de pensar a la Argentina, desde las posibles causas del conflicto, sus múltiples significados y consecuencias para nuestra historia; a través de la manera en que el conflicto bélico afecto las relaciones sociales en la etapa democrática posterior al Proceso de Reorganización Nacional. Se propone pensar la relación entre la “cultura y política argentinas y el archipiélago emblema”, en tanto Malvinas no esta circunscripta a los setenta y cuatro días de la guerra con Gran Bretaña, sino a un contexto mucho más amplio. El período estudiado comprende entre los finales de la guerra y los pronunciamientos “carapintadas” de Semana Santa en 1987, aunque también se hace mención a los levantamientos militares durante la presidencia de Menem.




El autor se propone analizar las construcciones de los relatos que otorgan significados diferentes a Malvinas, comenzando por la educación que exaltaba los valores patrios y la consideración de las Islas como una parte perdida injustamente por la ocupación territorial inglesa, en la cual estaban inmersos los jóvenes que luego se convertirían en los protagonistas de la guerra. A la vez estudia el ideario patriótico vigente en el servicio militar obligatorio –a través de numerosos reportajes- en el cual, la connotación de anti-patria era la asociada a la subversión marxista (ERP y “montoneros”), cuestión que cobraría relevancia ante la política guerrillera de asaltar cuarteles. También se estudia la percepción de la posibilidad de inclusión social por parte de los conscriptos más humildes; el caso emblemático es el del soldado Poltronieri, condecorado con la Cruz Nación Argentina al heroico valor en combate. En definitiva, se percibía en este relato -según el autor-, el enfrentamiento entre la civilización occidental cristiana y el comunismo, tal era la orientación en la que se habían formado las Fuerzas Armadas antes de Malvinas.




En relación al apoyo popular tras el desembarco del 2 de abril de 1982, el autor sostiene que en el supuesto consenso nacional a la causa, es posible encontrar distinciones que abarcan desde “el apoyo a Malvinas sí pero a la dictadura no” profesado por exiliados políticos, hasta la negativa local de grupos “de rock nacional” a acudir a festivales solidarios, por cuestiones vinculadas a padecimientos personales referidos a la “guerra sucia”. Asimismo, el apoyo también obedeció –según Lorenz- a diversas causas, entre las que se destaca la vuelta a la política, el ganar las calles, la posibilidad de ser una República, el reencuentro entre dictadores y el pueblo, y una militancia que comenzaba a reorganizarse a fin de instalar discusiones y “volver a tejer algunos de los vínculos culturales y políticos rotos por la represión”. Si bien Malvinas excedió la causalidad del nacionalismo, la guerra misma fue vista por sectores antagónicos como la posibilidad de una refundación social, la posibilidad de salir a las calles a hacer política desde una regeneración que posibilite la superación de las des-uniones entre los argentinos.




Luego de la derrota en la guerra, el autor analiza la recurrente alusión a los militares de carrera como abusadores del poder que detentaban sobre “chicos sin entrenamiento” que fueron a luchar a las Islas por una “locura” del Gral. Galtieri; lo cual planteó un escenario donde unas desprestigiadas Fuerzas Armadas se enfrentaron a la posibilidad de perder la “otra guerra”, la librada con la subversión marxista que, vencida en los combates en Tucumán, usufructo el clima social adverso. El sentimiento de frustración, tanto por la pérdida de la guerra, como los cuestionamientos por la represión ilegal, en los cuadros medios de las Fuerzas Armadas, constituyeron la causa eficiente de las sublevaciones “carapintadas”. Sin embargo, el progresivo conocimiento por parte de la población de los pormenores de la guerra, los actos de valentía e idoneidad (no solo de la F. A., sino en el Ejército y la Marina) fueron cambiando la noción de enemigo vinculada al oficial abusador de sus subalternos, hacia la Fuerza de Tareas inglesa; en particular luego de la divulgación de datos referidos a fusilamientos y mutilaciones cometidos por ella sobre las tropas argentinas. Es decir, al margen de los particulares reclamos a cada una de las fuerzas, el autor desarrolla la transición de la construcción del relato de la supuesta victimización de los conscriptos, a la respuesta que, aludiendo al “buen desempeño” profesional militar -emergente en diversas publicaciones-, fue cambiando el significado de Malvinas.




En el ámbito político democrático, luego de 1983, se pretendió reemplazar el “orgullo nacional” malvinense por el “patriotismo constitucional”, con la dificultad de que los avances en las investigaciones por violaciones a los “derechos humanos” impulsado por el gobierno de Alfonsin, deterioraba la relación del ámbito civil con el Ejército; en un contexto en el cual la política oficial de desmalvinización obedecía al supuesto de que una posible reivindicación de Malvinas, se asociaría a un enaltecimiento de la “guerra sucia”. Desde esta perspectiva, los alzamientos carapintadas –protagonizadas por veteranos de Malvinas- se presentaron a la consideración popular, no como una protesta del Ejército ante su desmantelación progresiva, sino como un atentado hacia las instituciones democráticas.




En lo referente a los soldados de Malvinas, el autor analiza los cambios suscitados en la identificación que ellos mismos postulaban, las cuales abarcan desde los “ex combatientes” a los “veteranos de guerra”, transición atravesada por los reclamos de reconocimiento ante la “desmalvinización”. En primera instancia se asocia los reclamos por los soldados muertos en Malvinas con los desaparecidos durante la “dictadura”, propia de la distancia entre los “ex combatientes” y las Fuerzas Armadas. Se asocia la victimización; para en una segunda instancia, estudiar como se fue transformando esa consideración hacia el auto-reconocimiento de los soldados como “veteranos” de unas Fuerzas Armadas que combatieron, no por entes abstractos como la democracia, sino por la “redención nacional” llevada a cabo, no por los “chicos de la guerra”, sino por hombres. Se abría el camino hacia la consideración de la guerra como una “Gesta”, que llegaría a plasmarse a partir de los años noventa en las consideraciones presidenciales (Menem) alusivas a Malvinas, conceptualizándola como “la epopeya más gloriosa de nuestra historia cercana y reciente”.




Lorenz sostiene que la significación de Gesta sobre Malvinas, hacía necesario la aparición de un “militar presentable” -el Teniente Gral. Balza-, a la consideración popular; en tanto, fue un combatiente en Malvinas que realizó, no solo una crítica hacia las Fuerzas Armadas (Malvinas, Gesta e incompetencia), sino que a la vez procuro subordinar el Ejército al poder constitucional reprimiendo a sus propios camaradas de armas durante el último levantamiento “carapintada” (1990). El Ejército pudo –de esta manera- abrevar en sus tradiciones, sin la mancha de la represión durante la “dictadura”, a la vez que las responsabilidades de la guerra se compartieron con el ámbito civil que colaboró con Galtieri. Se inaugura así, la etapa de “la comprensión”.



Malvinas, a través de los múltiples significados abordados por el autor, encierra la posibilidad de pensar un proyecto de país, y ese es para Lorenz, su principal potencial simbólico y su legado.


G. K.

20 abr 2011

BloKeo a los libros






¿Que dirá Vargas Llosa mañana en la apertura de la Feria del Libro?



Espero que los simios kichneristas no "escrachen" la disertación, aunque no me hago ilusiones, empezaron con un "bloKeo a los diarios", ¿irán por el blokeo a los libros?



Después de todo, el mismísimo director de la Biblioteca Nacional puso el grito en el cielo para censurar al escritor Vargas Llosa. ¿Qué habrá hecho este orco kirchnerista con los ejemplares de la obra de Borges?, ¿y la de Shakespeare? ¿le habrá abierto una causa por antisemitismo, el INADI a William por su obra “El mercader de Venecia”?



Otro de los firmantes de aquella propuesta fue Feinmann, el siervo que envenena la pasión de los jóvenes estudiantes de filosofía con su nefasto curso por el “Canal Encuentro” denominado "Filosofía aquí y ahora", donde instrumentaliza el pensamiento ajeno a través de una hermenéutica kirchnerista; lo cual decanta inexorable dos posibilidades: O no le da la cabeza para entender aquello sobre lo que esta hablando, o es un deforme amanuense deshonesto. Quizás su kirchnerismo exprese partes de ambas pestes.




¿En que términos tratará Vargas Llosa a la brutal pesadilla de vulgares montoneros terroristas devenidos en políticos que sufrimos los argentinos?


Mañana habrá que estar atentos.


Stay Tuned



G. K.

15 abr 2011

Película Malvinera





Película malvinera que se estrena en estos días y que tan solo permanecerá en cartel por un par de semanas en el cine Gaumont.

La historia trata sobre un hombre de 19 años, al que le fué otorgada nuestra máxima condecoración: "Cruz Nación Argentina" al heroico valor en combate.


No deja de ser significativa la connotación cristiana de la condecoración, por aquello que se lee en el Evangelio: "Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos" (San Juan. 15, 13.); y Poltronieri dijo a sus camaradas de armas ante el avance inglés: "Vayanse, yo me quedo solo".

Esto sucedió en el Monte Dos Hermanas.



G. K.

11 abr 2011

Un amor que sufre

Al pensar en la bondad divina, lo hacemos desde una vía analógica en la cual extendemos al infinito nuestra propia parcela de bondad. En cierta forma, pensar en ello deja un sabor de alegría en el corazón, más no sucede así si pensamos por la misma vía la cuestión del sufrimiento divino.



Si Dios elige llevarse a alguien joven para evitar desde su omnisciencia que esa persona a los 50 años cometa un pecado mortal, y por tanto condene su alma por toda la eternidad, en esa decisión debe haber sufrimiento. Saber que esa persona (Mariana), no va a conocer al hombre que la va a hacer feliz en este mundo, ni va a tener los hijos que anhela, debe producir un dolor tan profundo como el amor que Dios siente por ella.


Para salvarla, debe privar a su alma de acceder a la posibilidad de conocer un ámbito familiar de felicidad, ¿acaso ella no pensará –en el Instante en el que comprende que el tren en el que viaja va a descarrilar hacia el otro mundo, o quizás reflexione sobre ello en la eternidad- sobre esta cuestión con sufrimiento? ¿no constituiría eso una posible forma de des-agradecimiento o incomprensión?


Ser omnisciente es perturbador, tratar de sondear el sufrimiento divino es aterrador.



Tratar de pensar en el sufrimiento divino, puede lastimar el alma al tratar de conceptualizarlo, es decir, no se puede pensar en el sufrimiento divino sin sufrir, y se me ocurre entonces que allí hay un límite del pensamiento delimitado por nuestra capacidad humana de tolerancia del dolor.


Se me dirá que es necesario racionalizar la cuestión para abordarla sin lastimarnos, aunque esa perspectiva –en lo personal- me suena poco cristiano. No se puede racionalizar la pasión de Cristo.



Jorge de Burgos

6 abr 2011

Magister dixit (Diario, Episodio IV: Reseñas






El autor no es de "nuestro palo" estimado lector, aunque al menos intenta con su hipótesis alejarse de los lugares comunes desde los que suele abordarse el estudio sobre "Malvinas".






Lorenz Federico. Malvinas, una guerra argentina. Buenos Aires, Editorial Sudamericana. 2009. 212 páginas.





El autor manifiesta que el objeto de su obra es ofrecer un panorama de conjunto sobre la experiencia social de la única guerra librada por la República Argentina en el siglo XX, en el marco de “la peor dictadura militar de su historia”, contra la segunda potencia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, en el contexto de la guerra fría.



La propuesta es pensar a la Argentina desde Malvinas, por lo cual se comienza haciendo referencia a los diferentes discursos desde los que se suele abordar la perspectiva de estudio sobre la guerra. El discurso patriótico que borraría las discusiones políticas en tanto se le otorgaría a la misma una connotación sacralizante, “una causa nacional (sagrada) que produjo muertos en su defensa (santos laicos) no permite el disenso”.



La otra perspectiva recurrente consistiría en la reducción de la guerra “a un hecho absurdo”, llevada a cabo por militares en estado de locura, y que por lo tanto no merecería el mínimo análisis, puesto que no habrían responsabilidades que posibilitaran la reflexión desde una sociedad que se concebiría a sí misma como inocente y ajena a las causas del conflicto. Se sostiene que ambas perspectivas no permiten “entender a la República Argentina como una realidad amplia y diversa”, en tanto Malvinas habría sido un hecho “tan nacional como federal”, por tanto se emprende la labor de abordar a la guerra desde una visión de conjunto que no se circunscriba a los días en que la Argentina hizo flamear su bandera sobre las Islas, sino que abarca “poco más de cinco años”, desde las “vísperas del desembarco” hasta la Semana Santa de 1987.



A pesar de ser un lugar común el postular que el Proceso de Reorganización Nacional intentó, con el desembarco en las Islas, encontrar consenso en la sociedad, lo cual le habría permitido desbaratar los reclamos de la “creciente oposición”; habría que tener presente en ese tipo de afirmaciones, el aumento de la “presión británica” luego de los incidentes en las Islas Georgias del Sur. Este acontecimiento habría constituido el punto de inflexión para decidir el desembarco en las Islas el día 2 de abril, anticipando la posible fecha de ejecución del Operativo Rosario establecida en la planificación de las Fuerzas Armadas (principalmente Ejército y Marina) para el mes siguiente. Asimismo, también se hace referencia a la “lógica de confrontación” en la que habrían estado inmersos los militares argentinos de aquella época, la cual consideraba como un “enemigo de la Patria”, tanto a la subversión marxista, las ambiciones territoriales chilenas (conflicto limítrofe de las islas del Canal de Beagle) como así también al Reino Unido usurpador de la soberanía argentina en su territorio austral; es en ese contexto donde se señala la percepción de Gran Bretaña como una “decadente potencia colonialista” por parte de las Fuerzas Armadas Argentinas (excepto la Fuerza Aérea), como así también la condición de reconocerse invictas en la defensa de una joven Nación que enarbolaba un justo reclamo legitimado por la historia. Sobre el desarrollo de la guerra, el autor, tal lo manifestado en el prólogo, no se propone ahondar en los detalles de las batallas terrestres, navales y aéreas. Desde esta perspectiva, en el capítulo dedicado a los acontecimientos bélicos llevados a cabo por el Ejército Argentino en Pradera del Ganso, Monte Longdon o Tumbledown, entre otros, el abordaje del tema es de índole superficial, lo cual no impide que el autor concluya sobre los mismos que la premisa que sostiene que siempre es más costoso atacar que defender, en Malvinas no se habría cumplido. Las pérdidas inglesas en la guerra se encuentran bajo el denominado “secreto de estado” hasta el 14 de junio del año 2072, lo cual impide dilucidar los cuestionamientos hacia las cifras oficiales, desde las cuales el autor sostiene su apreciación; en la cual no surge la posibilidad de plantear dudas al respecto en tanto no hay análisis de las batallas, solo una somera descripción de ellas.




En los capítulos finales se pueden encontrar las consideraciones más interesantes del libro, referidas a la “desmalvinización” y sus efectos sobre la sociedad argentina, luego de la instauración de la democracia. Uno de ellos, consistiría en el desprestigio de las Fuerzas Armadas, a las cuales se les otorgó una connotación negativa que hacía de las mismas un enemigo peor que los británicos para el común de la sociedad argentina, a medida que avanzaban las investigaciones sobre “el terrorismo de estado”, merced a la promesa del candidato presidencial radical de 1983 de investigar y juzgar los crímenes por violaciones a los derechos humanos acontecidos durante la “dictadura”, cuestión que le habría permitido ganar las elecciones. El autor manifiesta estas cuestiones desde logradas alusiones a películas de la época como los “Chicos de la guerra”, emblema del clima cultural de indignación que habría posibilitado el “divorcio” entre el estamento civil y militar. En ese contexto, se sitúan las presentaciones de gran cantidad de causas por “derechos humanos”, que habrían suscitado los “levantamientos carapintadas” de Semana Santa de 1987, y la posterior sanción de la Ley de Obediencia Debida.




El autor logra concretar lo propuesto en el inicio del libro y abordar el estudio de Malvinas, no como un hecho circunscripto a los días de la guerra misma, ni tampoco olvidar lo sucedido desde una perspectiva desmalvinizadora que impida la discusión, sino como un tema histórico vivo que se constituye en condición de posibilidad para pensar a la Argentina.