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25 abr 2011

Diario de un Magister. Reseñas: "Las guerras por Malvinas"





Lorenz Federico. Las guerras por Malvinas. Edhasa, Argentina 2006, 336 páginas.


La guerra de Malvinas es considerada por el autor como una puerta de entrada a la posibilidad de pensar a la Argentina, desde las posibles causas del conflicto, sus múltiples significados y consecuencias para nuestra historia; a través de la manera en que el conflicto bélico afecto las relaciones sociales en la etapa democrática posterior al Proceso de Reorganización Nacional. Se propone pensar la relación entre la “cultura y política argentinas y el archipiélago emblema”, en tanto Malvinas no esta circunscripta a los setenta y cuatro días de la guerra con Gran Bretaña, sino a un contexto mucho más amplio. El período estudiado comprende entre los finales de la guerra y los pronunciamientos “carapintadas” de Semana Santa en 1987, aunque también se hace mención a los levantamientos militares durante la presidencia de Menem.




El autor se propone analizar las construcciones de los relatos que otorgan significados diferentes a Malvinas, comenzando por la educación que exaltaba los valores patrios y la consideración de las Islas como una parte perdida injustamente por la ocupación territorial inglesa, en la cual estaban inmersos los jóvenes que luego se convertirían en los protagonistas de la guerra. A la vez estudia el ideario patriótico vigente en el servicio militar obligatorio –a través de numerosos reportajes- en el cual, la connotación de anti-patria era la asociada a la subversión marxista (ERP y “montoneros”), cuestión que cobraría relevancia ante la política guerrillera de asaltar cuarteles. También se estudia la percepción de la posibilidad de inclusión social por parte de los conscriptos más humildes; el caso emblemático es el del soldado Poltronieri, condecorado con la Cruz Nación Argentina al heroico valor en combate. En definitiva, se percibía en este relato -según el autor-, el enfrentamiento entre la civilización occidental cristiana y el comunismo, tal era la orientación en la que se habían formado las Fuerzas Armadas antes de Malvinas.




En relación al apoyo popular tras el desembarco del 2 de abril de 1982, el autor sostiene que en el supuesto consenso nacional a la causa, es posible encontrar distinciones que abarcan desde “el apoyo a Malvinas sí pero a la dictadura no” profesado por exiliados políticos, hasta la negativa local de grupos “de rock nacional” a acudir a festivales solidarios, por cuestiones vinculadas a padecimientos personales referidos a la “guerra sucia”. Asimismo, el apoyo también obedeció –según Lorenz- a diversas causas, entre las que se destaca la vuelta a la política, el ganar las calles, la posibilidad de ser una República, el reencuentro entre dictadores y el pueblo, y una militancia que comenzaba a reorganizarse a fin de instalar discusiones y “volver a tejer algunos de los vínculos culturales y políticos rotos por la represión”. Si bien Malvinas excedió la causalidad del nacionalismo, la guerra misma fue vista por sectores antagónicos como la posibilidad de una refundación social, la posibilidad de salir a las calles a hacer política desde una regeneración que posibilite la superación de las des-uniones entre los argentinos.




Luego de la derrota en la guerra, el autor analiza la recurrente alusión a los militares de carrera como abusadores del poder que detentaban sobre “chicos sin entrenamiento” que fueron a luchar a las Islas por una “locura” del Gral. Galtieri; lo cual planteó un escenario donde unas desprestigiadas Fuerzas Armadas se enfrentaron a la posibilidad de perder la “otra guerra”, la librada con la subversión marxista que, vencida en los combates en Tucumán, usufructo el clima social adverso. El sentimiento de frustración, tanto por la pérdida de la guerra, como los cuestionamientos por la represión ilegal, en los cuadros medios de las Fuerzas Armadas, constituyeron la causa eficiente de las sublevaciones “carapintadas”. Sin embargo, el progresivo conocimiento por parte de la población de los pormenores de la guerra, los actos de valentía e idoneidad (no solo de la F. A., sino en el Ejército y la Marina) fueron cambiando la noción de enemigo vinculada al oficial abusador de sus subalternos, hacia la Fuerza de Tareas inglesa; en particular luego de la divulgación de datos referidos a fusilamientos y mutilaciones cometidos por ella sobre las tropas argentinas. Es decir, al margen de los particulares reclamos a cada una de las fuerzas, el autor desarrolla la transición de la construcción del relato de la supuesta victimización de los conscriptos, a la respuesta que, aludiendo al “buen desempeño” profesional militar -emergente en diversas publicaciones-, fue cambiando el significado de Malvinas.




En el ámbito político democrático, luego de 1983, se pretendió reemplazar el “orgullo nacional” malvinense por el “patriotismo constitucional”, con la dificultad de que los avances en las investigaciones por violaciones a los “derechos humanos” impulsado por el gobierno de Alfonsin, deterioraba la relación del ámbito civil con el Ejército; en un contexto en el cual la política oficial de desmalvinización obedecía al supuesto de que una posible reivindicación de Malvinas, se asociaría a un enaltecimiento de la “guerra sucia”. Desde esta perspectiva, los alzamientos carapintadas –protagonizadas por veteranos de Malvinas- se presentaron a la consideración popular, no como una protesta del Ejército ante su desmantelación progresiva, sino como un atentado hacia las instituciones democráticas.




En lo referente a los soldados de Malvinas, el autor analiza los cambios suscitados en la identificación que ellos mismos postulaban, las cuales abarcan desde los “ex combatientes” a los “veteranos de guerra”, transición atravesada por los reclamos de reconocimiento ante la “desmalvinización”. En primera instancia se asocia los reclamos por los soldados muertos en Malvinas con los desaparecidos durante la “dictadura”, propia de la distancia entre los “ex combatientes” y las Fuerzas Armadas. Se asocia la victimización; para en una segunda instancia, estudiar como se fue transformando esa consideración hacia el auto-reconocimiento de los soldados como “veteranos” de unas Fuerzas Armadas que combatieron, no por entes abstractos como la democracia, sino por la “redención nacional” llevada a cabo, no por los “chicos de la guerra”, sino por hombres. Se abría el camino hacia la consideración de la guerra como una “Gesta”, que llegaría a plasmarse a partir de los años noventa en las consideraciones presidenciales (Menem) alusivas a Malvinas, conceptualizándola como “la epopeya más gloriosa de nuestra historia cercana y reciente”.




Lorenz sostiene que la significación de Gesta sobre Malvinas, hacía necesario la aparición de un “militar presentable” -el Teniente Gral. Balza-, a la consideración popular; en tanto, fue un combatiente en Malvinas que realizó, no solo una crítica hacia las Fuerzas Armadas (Malvinas, Gesta e incompetencia), sino que a la vez procuro subordinar el Ejército al poder constitucional reprimiendo a sus propios camaradas de armas durante el último levantamiento “carapintada” (1990). El Ejército pudo –de esta manera- abrevar en sus tradiciones, sin la mancha de la represión durante la “dictadura”, a la vez que las responsabilidades de la guerra se compartieron con el ámbito civil que colaboró con Galtieri. Se inaugura así, la etapa de “la comprensión”.



Malvinas, a través de los múltiples significados abordados por el autor, encierra la posibilidad de pensar un proyecto de país, y ese es para Lorenz, su principal potencial simbólico y su legado.


G. K.

6 abr 2011

Magister dixit (Diario, Episodio IV: Reseñas






El autor no es de "nuestro palo" estimado lector, aunque al menos intenta con su hipótesis alejarse de los lugares comunes desde los que suele abordarse el estudio sobre "Malvinas".






Lorenz Federico. Malvinas, una guerra argentina. Buenos Aires, Editorial Sudamericana. 2009. 212 páginas.





El autor manifiesta que el objeto de su obra es ofrecer un panorama de conjunto sobre la experiencia social de la única guerra librada por la República Argentina en el siglo XX, en el marco de “la peor dictadura militar de su historia”, contra la segunda potencia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, en el contexto de la guerra fría.



La propuesta es pensar a la Argentina desde Malvinas, por lo cual se comienza haciendo referencia a los diferentes discursos desde los que se suele abordar la perspectiva de estudio sobre la guerra. El discurso patriótico que borraría las discusiones políticas en tanto se le otorgaría a la misma una connotación sacralizante, “una causa nacional (sagrada) que produjo muertos en su defensa (santos laicos) no permite el disenso”.



La otra perspectiva recurrente consistiría en la reducción de la guerra “a un hecho absurdo”, llevada a cabo por militares en estado de locura, y que por lo tanto no merecería el mínimo análisis, puesto que no habrían responsabilidades que posibilitaran la reflexión desde una sociedad que se concebiría a sí misma como inocente y ajena a las causas del conflicto. Se sostiene que ambas perspectivas no permiten “entender a la República Argentina como una realidad amplia y diversa”, en tanto Malvinas habría sido un hecho “tan nacional como federal”, por tanto se emprende la labor de abordar a la guerra desde una visión de conjunto que no se circunscriba a los días en que la Argentina hizo flamear su bandera sobre las Islas, sino que abarca “poco más de cinco años”, desde las “vísperas del desembarco” hasta la Semana Santa de 1987.



A pesar de ser un lugar común el postular que el Proceso de Reorganización Nacional intentó, con el desembarco en las Islas, encontrar consenso en la sociedad, lo cual le habría permitido desbaratar los reclamos de la “creciente oposición”; habría que tener presente en ese tipo de afirmaciones, el aumento de la “presión británica” luego de los incidentes en las Islas Georgias del Sur. Este acontecimiento habría constituido el punto de inflexión para decidir el desembarco en las Islas el día 2 de abril, anticipando la posible fecha de ejecución del Operativo Rosario establecida en la planificación de las Fuerzas Armadas (principalmente Ejército y Marina) para el mes siguiente. Asimismo, también se hace referencia a la “lógica de confrontación” en la que habrían estado inmersos los militares argentinos de aquella época, la cual consideraba como un “enemigo de la Patria”, tanto a la subversión marxista, las ambiciones territoriales chilenas (conflicto limítrofe de las islas del Canal de Beagle) como así también al Reino Unido usurpador de la soberanía argentina en su territorio austral; es en ese contexto donde se señala la percepción de Gran Bretaña como una “decadente potencia colonialista” por parte de las Fuerzas Armadas Argentinas (excepto la Fuerza Aérea), como así también la condición de reconocerse invictas en la defensa de una joven Nación que enarbolaba un justo reclamo legitimado por la historia. Sobre el desarrollo de la guerra, el autor, tal lo manifestado en el prólogo, no se propone ahondar en los detalles de las batallas terrestres, navales y aéreas. Desde esta perspectiva, en el capítulo dedicado a los acontecimientos bélicos llevados a cabo por el Ejército Argentino en Pradera del Ganso, Monte Longdon o Tumbledown, entre otros, el abordaje del tema es de índole superficial, lo cual no impide que el autor concluya sobre los mismos que la premisa que sostiene que siempre es más costoso atacar que defender, en Malvinas no se habría cumplido. Las pérdidas inglesas en la guerra se encuentran bajo el denominado “secreto de estado” hasta el 14 de junio del año 2072, lo cual impide dilucidar los cuestionamientos hacia las cifras oficiales, desde las cuales el autor sostiene su apreciación; en la cual no surge la posibilidad de plantear dudas al respecto en tanto no hay análisis de las batallas, solo una somera descripción de ellas.




En los capítulos finales se pueden encontrar las consideraciones más interesantes del libro, referidas a la “desmalvinización” y sus efectos sobre la sociedad argentina, luego de la instauración de la democracia. Uno de ellos, consistiría en el desprestigio de las Fuerzas Armadas, a las cuales se les otorgó una connotación negativa que hacía de las mismas un enemigo peor que los británicos para el común de la sociedad argentina, a medida que avanzaban las investigaciones sobre “el terrorismo de estado”, merced a la promesa del candidato presidencial radical de 1983 de investigar y juzgar los crímenes por violaciones a los derechos humanos acontecidos durante la “dictadura”, cuestión que le habría permitido ganar las elecciones. El autor manifiesta estas cuestiones desde logradas alusiones a películas de la época como los “Chicos de la guerra”, emblema del clima cultural de indignación que habría posibilitado el “divorcio” entre el estamento civil y militar. En ese contexto, se sitúan las presentaciones de gran cantidad de causas por “derechos humanos”, que habrían suscitado los “levantamientos carapintadas” de Semana Santa de 1987, y la posterior sanción de la Ley de Obediencia Debida.




El autor logra concretar lo propuesto en el inicio del libro y abordar el estudio de Malvinas, no como un hecho circunscripto a los días de la guerra misma, ni tampoco olvidar lo sucedido desde una perspectiva desmalvinizadora que impida la discusión, sino como un tema histórico vivo que se constituye en condición de posibilidad para pensar a la Argentina.

24 oct 2010

¡Que se vayan todos!. Relación entre Estado y gobierno.





Hay que separar al Estado del gobierno.

En el Indec, se da un caso paradigmático, donde técnicos expertos fueron echados por la fuerza, de sus ocupaciones profesionales, por parte de personas no idóneas que contaban con el aval del gobierno de turno, a fin de controlar la metodología por la cual se obtenían saberes de Estado, y de esta manera, falsear la información e instrumentalizarla.

La violación de la autonomía del Banco Central, constituye otro caso, donde los fondos de reservas son utilizados (saqueados) por el poder político de turno.

La partidocracia, al escuchar el grito del 2001 “¡Que se vayan todos!”, postulaba que ellos (los políticos partidocráticos), eran fundamentales para el funcionamiento del país. Si ellos se iban (todos), la Argentina caería en la anarquía.

En los casos que expuse, se evidencia que la Argentina cuenta con una burocracia estatal de expertos que se puede responsabilizar del funcionamiento del Estado, independientemente del poder político de turno: “Yo trabajo para el Estado, no para el gobierno”, puede decir orgulloso (y un tanto despectivo también) un funcionario de carrera.

“¡Que se vayan todos!” (la partidocracia), no implica el caos, sino la re-Fundación de la República que haga posible que los argentinos tomen la decisión de sepultar a esta oclocracia, y pensar en el sistema político que permita a los mejores argentinos alcanzar los puestos de decisión política.

G. K.

6 oct 2010

Diario de un Magíster en Historia. Reseña Zimmerman: Los liberales reformistas.






Reseña:

ZIMMERMAN EDUARDO. Los liberales reformistas. La cuestión social en la Argentina. 1890-1916. Ed. Sudamericana. Univ. de San Andrés. Bs. As. 2006.

El autor establece un ámbito de análisis que abarca, en lo cronológico, desde la crisis de 1890 a 1916. El punto de partida sería condición de posibilidad por el cual, una élite denominada liberales reformistas, aborda los distintos problemas (“la cuestión social”) que tendría que afrontar el orden liberal. Desde esta perspectiva, Zimmerman postula que habría un espíritu reformista que se iría manifestando en forma previsora, ante las diversas coyunturas sociales (y no desde la impronta de una reacción ante las mismas), al verse amenazado un orden público que era considerado como garantía de la prosperidad económica, como así también “un fundamento para un sistema político civilizado”.


La élite a la que hace referencia el autor, no estaría vinculada al sector terrateniente, a la plutocracia, sino a un sector de índole intelectual o académico, este último formado en las universidades locales, las cuales tenían un intercambio notorio con sus pares en el extranjero, a la vez que los contenidos mismos de diversas disciplinas académicas fueron transformándose a fin de afrontar los problemas sociales que se suscitaban en la Argentina. Es decir, las incipientes ciencias sociales se orientaron al estudio de problemas prácticos. Esta intelligentsia liberal y progresista, habría sido la artífice de la transformación y consolidación ocurrida en el Estado Argentino.


El autor describe el accionar de esta élite, pero no procede a definirla, para así posibilitar la diferenciación de otras élites similares, mediante la unidad en lo definido. Quizás el autor plantea y/o sostiene, en esta elección metodológica, las dificultades o imposibilidad de la definición en el estudio de las relaciones sociales (ciencias sociales), en tanto la definición según Aristóteles, trata sobre lo universal, es decir hay ciencia sobre lo necesario (nunca sobre la opinión), puesto que desde allí se manifiesta la causa.

Al referirse al trasfondo ideológico del reformismo liberal, el autor plantea que la cultura política del período concebida de manera homogénea, “no debe ser exagerada”, por lo cual se enuncia que la identificación con el laissez faire económico del liberalismo latinoamericano, no debe dejar de lado otros ámbitos de análisis del mismo, como el enfrentamiento con la Iglesia, en el proceso de secularización llevado adelante por el Estado liberal. Estas relaciones conflictivas entre liberales y católicos habrían alcanzado su punto álgido tras el Congreso Pedagógico de 1882, “y la consecuente sanción de la ley 1420 de educación en 1884”.

El autor sostiene –a través de las consideraciones de Estrada-que los católicos se opusieron a las políticas secularizadoras del Estado, aludiendo a las negativas consecuencias que tendría la concentración del poder, mediante la eliminación de instituciones sociales intermedias (“atomización social”). Asimismo, el autor hace referencia al movimiento social católico, el cual habría recibido un importante impulso con la encíclica Rerum Novarum de Leon XIII, a fin de abordar el estudio del movimiento obrero y sus influencias, sean socialistas o católicas. El autor –mediante la cita de textos de “La Semana”- menciona que los católicos criticaban el crecimiento exponencial del individualismo, es decir, los conflictos sociales tendrían como causa el deterioro de la ética, merced al proceso de secularización. También se hace referencia –mediante un texto de “Acción Democrática”-, a que la causa de la situación en el país se debía a una conspiración judeo-masónica, aunque el autor manifiesta que el movimiento social católico no siguió esa línea de análisis, sino que trato de atraer a los trabajadores hacia los Círculos obreros Católicos, y la participación de sus dirigentes en la legislación social.

La élite aludida, portadora del espíritu reformista, asumiría el proyecto de “regeneración social” frente a las problemáticas sociales, mediante la acción de un Estado, que procede a intervenir de una manera más activa, que la que podría suponerse en un Estado aferrado a la doctrina liberal. Es decir, en estas acciones (salud pública, viviendas, etc.) se comenzarían a redefinir las relaciones entre el Estado y la sociedad. En el Estado, las políticas contarían con una creciente participación de “expertos”, a la vez que de una creciente profesionalización de las funciones públicas.


El autor describe la influencia de la ciencia positivista en diversos ámbitos, entre ellos el derecho y la salud pública, describiendo y analizando sus derivaciones deterministas en lo referente a la “cuestión social”. Luego de explicitar el contexto de época, el autor procede a abordar lo que él denomina la “criminalización del anarquismo” a través del estudio de la criminología positivista, en especial la encabezada por Cesare Lombroso (que sostenía la concepción del crimen como una patología social o biológica que debía ser estudiada empíricamente, al margen de perspectivas metafísicas), a fin de comprender la necesidad de “la comunidad de imponer medidas de defensa social” y de preservar el “orden social”, en tanto se debía estudiar al criminal, y no al crimen mismo. Este capítulo, en tanto tiene como causa eficiente a los dos anteriores, constituye uno de los más logrados del libro, puesto que aquí se manifiesta y se sostiene una de las principales hipótesis mencionada al inicio: la previsión y no la reacción defensiva ante los problemas sociales (en este caso, los problemas generados por la inmigración y el anarquismo). Es decir, la exclusión del anarquismo (cap. VII) sería consecuencia de lo desarrollado en los capítulos V y VI, constituyendo una perspectiva infrecuente, de análisis sobre el tema. Por ejemplo, en la descripción de la fisonomía elaborada por el fiscal Beltrán en relación a Radowisky (responsable de la muerte del jefe de Policía Ramón Falcón en 1909), se puede apreciar la influencia lombrosiana en lo enunciado, por consiguiente, la acción a seguir en relación al anarquismo se daría en el ámbito de lo policial, no en lo político. Es decir, no se vincularía esta problemática a la discusión en la cuestión social, sino que debería excluirse a la misma, del “cuerpo social”, por tanto, esta “criminalización” del anarquismo es ubicada por el autor, como anterior a la Ley de residencia y a la posterior Ley de defensa social.

El autor sostiene que esta corriente liberal-reformista, busco constituir las condiciones necesarias, en tanto posibilito la incorporación de nuevas fuerzas sociales, para hacer posible una república de ciudadanos en la Argentina. En este sentido, concluye Zimmerman, la actitud de esta élite reformista, sería “claramente inclusiva”.


Las corrientes intelectuales provenientes de las ciencias sociales (el autor hace hincapié en la sociología), habrían erosionado los principios del liberalismo clásico en lo que respecta hacia el contenido de las políticas oficiales. Asimismo, el carácter científico aplicado a las políticas sociales, habrían impedido la confrontación ideológica con otros reformismos, en especial el propugnado por los socialistas.


Para finalizar esta reseña, el texto de Zimmerman, a través de las hipótesis que enuncia el autor, y la manera (por momentos brillante, como en el caso de los aludidos capítulos sobre el anarquismo) en que las sostiene a lo largo del desarrollo de su exposición; se puede advertir en todo ello, lo fascinante de un tema abordado desde una novedosa perspectiva de análisis sobre el período estudiado.

G. K.

1 oct 2010

Delenda est Sodoma. Será en un domingo sangriento





Recuerdo aquellos tiempos en que cursaba Historia Argentina IV, y no alcanzaba a comprender el bombardeo a la Casa Rosada en 1955.

¿Cómo podía ser posible que aviones de la Armada bombardearan nuestro propio suelo? No alcanzaba a comprender la dimensión del antagonismo, porque yo nunca había sentido algo semejante por otro argentino.

¿Qué sentía/pensaba un piloto argentino de la Armada, quien bajo la consigna de “Cristo Vence” se acercaba con su letal fuego purificador de bombas a la Plaza de Mayo?

Hoy, lo entiendo.

Al ver a Kretina y al Ojituerto al lado de Hebe de Bonafini, De Elía, Pérsico, Moyano, Verbitsky, los Fernández, Timmerman, y los bufones menores del circo: Maradona, Nacha Guevara, Florencia Peña, la Cherubito, y demás payasos; abogando por la demonización de todo aquel que se les ponga en el camino, sea el Campo, la Iglesia, Clarín, la Nación, el Ejército, el Banco Central, la Unión industrial Argentina, la Corte Suprema de Justicia, el carnicero de Mataderos, vos y yo, todos asesinos seriales, torturadores, genocidas, nazis, entes malévolos a los que es necesario destruir, mediante la instrumentalización de los “derechos humanos”, ente abstracto todo terreno.

Al ver el llamado desde la falopa del “Futbol para todos” a fin de convocar a la horda a
“tomar Tribunales” y linchar a los Jueces rebeldes, se evidencia el objetivo: Destruir a la República, liquidar a los poderes independientes que la componen, y convertir a la Argentina en un país de esclavos.

Mi vida es apacible, despreocupada, y en más de una oportunidad he sentido que no albergaba en mi corazón la capacidad de odiar, y sin embargo, si mañana apareciera sobre el cielo de la ciudad, un piloto de Super etendard con un misil Exocet dirigido hacia la Casa Rosada, y él me pidiera autorización para disparar, ¿cuál sería la razón para no hacerlo?

Lo que antes resultaba impensable, hoy se manifiesta como una opción sobre la que es necesario reflexionar, ¿cómo llegue a considerar posible una decisión tan terrible?

Es muy sencillo, el plan en ejecución metódico llevado adelante por la partidocracia, necesita la instauración del Odio entre los argentinos. El odio es el motor que posibilita el antagonismo visceral resentido, revanchista y envenenado de venganza, armado para arrasar las Instituciones de la República; y ante ello, no es posible encontrar un antídoto sin ensuciarnos las manos, y el antídoto es necesario, porque lo peor aún esta por venir.


G. K.

Delenda est Sodoma.

23 sept 2010

De fascistas y "fachos" en el siglo XXI.




¿De qué hablamos cuando hablamos de “fascismo”?

¿Hablamos del fascismo tal y como lo concebimos en el siglo XXI (es decir, demonizado) o tal y cual lo entendían y lo vivían las gentes de los años treinta del siglo pasado? ¿Podemos siquiera atisbar a comprender lo que sentía y pensaba un italiano de aquellos años? No, pero la historia nos puede ayudar a dilucidar el asunto y no incurrir en anacronismos.

El voto a la mujer fue otorgado por los fascistas.

El fascismo italiano enfrento al capitalismo financiero que nosotros tenemos naturalizado, por una opción político económica corporativista.

Gentile, eminente filósofo de línea idealista, suscribió el régimen y participo activamente en él, diseñando diversos programas de estudio.

Los discursos de Mussolini eran de una raigambre hegeliana, luego se convertiría al catolicismo (me abstengo de enjuiciar la naturaleza de su conversión, pero se convirtió formalmente, -ver el testamento de Benito-). Es decir, el Duce supero al marxismo (en su juventud suscribió un socialismo de línea dura, y al liberalismo), pretendía destruir las estructuras y cosmovisión de la sociedad burguesa, hasta que cayo en la trampa de la guerra.

En el ejército había generales de origen judío, lo menciono para que no se confundan los tantos y se termine metiendo todo dentro de la misma bolsa. Luego de 1938, con la alianza con la Alemania nazi, los judíos estuvieron más "apretados" (ver legislación de la época), pero no hubo "campos de concentración" ni un extermino de los mismos en Italia. Recordemos que Mussolini había proclamado que los judíos se merecían una “Patria” y no ese ridículo "hogar nacional" que pretendían darles los británicos.

Los italianos, de mayoría católica, salvaron a varios judios de las manos de los alemanes y de italianos nazificados. Hay una peli excelente sobre el tema, con Gregory Peck, si mal no recuerdo se titulaba "Escarlata y negro", y trata sobre este asunto.

Si la historia la escriben los que vencen (siempre habrá un sub-idiota como Pigna que diga que “Moreno es el primer desaparecido”), no por ello tenemos que firmarla a lo Isabelita.

G. K.

20 jul 2010

Diario de un Magíster en Historia. Episodio III. Terapia ante anarcos-cipayos.





Doctor en Historia (servicio europeo) anarco-cipayo descendiente teutón de los que lograron burlar la Ley de Residencia : Es preciso reverenciar a la “Corporación”, a los que manejan, crean tendencias y dictaminan que trabajo es científico y cual no. Quienes son académicos y quienes profanos. Ud. no puede criticar a Devoto, a Buchrucker o Cataruzza, y pretender que lo tomemos en serio.

Porque en última instancia, el que sabe es aquél que se doctoro en Heidelberg y esta empapado de las últimas novedades en metodologías europeas, y no usted que viene aquí a lavar sus culpas, ¡la mancha! de haber cursado en el J. V. G., y que pretende ser un Doctor en Historia mientras critica a los popes de la Corporación, cuando en virtud de justicia académica ud. debería sacrificar dos o tres cabritos en el altar de la Academia Nacional de la Historia, si es que pretende que lo consideremos un interlocutor válido.

Confieso que por momentos, entendía que aquello de: “Esto lo explico para que lo entiendan todos, incluso para aquellos que cursaron en el Joaquín”, me resultaba un cómico tópico de reflexión sobre nuestras propias falencias –incluso la de aquellos que cursaron en la hereje Oxford-, más no era así.

En la vida me enseñaron mis padres de pequeño, que hay que ser agradecido. En el Joaquín tuve la fortuna de conocer a mis mejores amigos, de tener una vida sexual bastante intensa con mis compañeritas -que aunque eran en su mayoría zurditas o anarquistas- algunas estaban buenas, y además me dio la posibilidad de obtener dos títulos de grado. Será mucho, será poco, pero es mío.

Así que conteste al anarco superado seudo europeo que me bardeaba de manera constante en el Seminario: “Trata de no proyectar Juan”, así te deben haber tratado a vos cuando te doctoraste en la Sorbona. “Vos venís aquí –culo sucio- para lavar tus pecados de haber cursado en una universidad ignota del fin del mundo”. La diferencia entre vos y yo, es que un anarco vende-patria-cipayo como vos, te avergonzas de la Argentina, y así habrás bajado tu sierva cabeza ante el come-ranas gabacho que te admonizo; en cambio yo, me siento orgulloso de esta bendita tierra y agradecido de mi querido J. V. G., que será lo que será, pero yo cursé allí; así que córtala con bardearme y tírate a un pozo, vos, la Sorbona y la puta anarco que te parió.

Ya lo había visto Anzoátegui, no hay nada más relajante –queridos amigos- que mandar hoy mismo a alguien a la puta madre que los parió.

G. K.

1 may 2010

Un almuerzo a des-horas.




Llego una hora antes del inicio del curso. Decido almorzar a des-hora, y me dirijo al patio de comidas –después de todo, me encuentro en un shopping devenido en Universidad-.


Me encuentro con los fast food de ingeniería social americana; descarto sentarme allí, donde todas las mesas son iguales –como fichas de un juego de damas-, las gentes eligen el mismo menú –puesto que las opciones son solo un juego de marketing-, y nada se eleva ni nada se rebaja. Semejante igualitarismo desangra mi corazón, me entristece, y debo confesarlo, extraño aquel restaurante de Antiguo régimen, donde un individuo –no un consumidor- podía aspirar a que se le prepare algo especial.

Resuelto a no uniformarme, camino solo unos pocos pasos y me encuentro con menúes japoneses, mas delicados, escritos con primoroso cuidado -mesas con lámparas de pantallas de papel pintadas a pulso. Encuentro elaboración minuciosa en el detalle, alguien le puso mucho amor a lo que realizo. De todas maneras, a mí no me mueve un pelo esta estética oriental, como no me emociona demasiado el cortejar a una geisha, ni beber sake en un diminuto recipiente para abrevar gatos; prefiero una pelirroja pechugona o una morocha de anchas caderas y una copa rebosante de vino tinto de Mendoza.

Demasiados turistas –coagulados en esa inmensa superficie interconectada de escaleras mecánicas de las Galerías Pacifico-, pueden hacer que uno pase hambre en el corazón mismo de tu propia ciudad, devorado por una ulcera de cosmopolitismo impersonal de muchedumbres groseras que deambulan en el hormiguero.

G. K.

12 abr 2010

Diario de un Magíster en Historia




Al ingresar al Centro Borges de las Galerías Pacífico, te cruzas con mujeres de esbeltos físicos, vestidas para el ballet –se encuentra allí, una conocida escuela de danzas clásicas-, muy distinto de mi pasada experiencia cotidiana, de cruzarme en el edificio del Joaquín, con hipponas de piernas peludas, embebidas rítmicamente en sus danzas pachamámicas; mientras realizaban sus rituales de pegatinas de afiches rojos en las paredes del Instituto. Debo confesar que desarrolle una valiosa prestancia física en los movimientos rápidos y certeros de mis dedos, para arrancarlos de manera fugaz-furtiva, antes de que la horda tejedora de artesanías, acudiera a defender a sus ídolos profanados.

En cierta forma, esta habilidad inesperada –cual improvisado guerrero Kung Fu descubriendo sus talentos-, se manifiesta en la rápida manera en que tomo los innumerables bocadillos de degustación consumista que se me ofrecen en el Shopping devenido en Universidad.

Me estoy preparando –al estilo Kung Fu Panda-para convertirme en el Guerrero Dragón que enfrente a la Bestia Roja que anida allí, encubierta en las entrañas de los cuatro seminarios cuatrimestrales que estoy cursando.

Ampliaremos.

G. K.