26 jul 2012

Bruce Wayne



Reitero lo expresado, Bruce Wayne es un noble de Antiguo Régimen. La película es perturbadora para nuestros contemporáneos, puesto que manifiesta que los valores en Occidente están subvertidos, y que el aparato político modernista, solo es funcional a ello. Sócrates ha muerto, los sofistas han triunfado: los occidentales ya no pueden distinguir entre el Bien y el Mal, conceptos instrumentalizados por los inescrupulosos de turno.

En una escena -donde se asesina a personas desde el resentimiento- (se los expulsa de los hoteles de lujo, y luego se los cuelga desde el puente de Ciudad Gótica), juzgados por convictos –oprimidos por una sociedad injusta- y liberados por un demente que los manipula -el Juez es el “Espantapájaros”-; hizo venir a mis pensamientos los estudios realizados sobre la revolución francesa y el linchamiento de los nobles.

Recomiendo a los jóvenes historiadores, el estudio de la conformación de aquellos “jurados”, de aquellos “Jueces”. Justamente, Wayne es un Príncipe de Ciudad Gótica, es un noble al que “habría que hacer pagar por sus crímenes”.


Antes de hoy:

La frase final de Batman (la anterior) se refería a que “la verdad no es suficiente”, luego, el héroe asumió la responsabilidad de crímenes que no cometió, para preservar la fe de la gente en un Arquetipo, porque no todos “pueden asomarse al abismo”, hay que protegerlos para que vivan sus vidas de acuerdo a los valores éticos que uno esté dispuesto a defender, sobre todo en una época donde la gente ya no puede distinguir entre el Bien y el Mal. El viejo Horkheimer lo pudo comprender al final de sus días.

Jorge de Burgos (“El nombre de la Rosa”) hizo algo similar al tratar de ocultar la segunda parte de la Poética al mundo, triunfó –ese libro desapareció, en el Cielo podremos valorar el juicio de Jorge-, aunque el bibliotecario ciego pago con su vida.

En la tercera parte de Batman, el héroe deberá pagar el costo de su accionar con su muerte, para preservar aquello que él ama: Ciudad Gótica. No es suficiente el haber perdido a Rachel, debe darlo todo. En cierta forma, Bruce Wayne es un noble de Antiguo Régimen, dispuesto a defender su terruño, donde están enterrados sus ancestros; sería muy fácil viajar a una isla de arenas blancas, pero ello implicaría abandonar a las gentes sencillas a su suerte ante los poderosos inescrupulosos, los politikeros Korruptos y la demencia delictiva; como así también deshonrar su linaje.

Luego de ver la película:

Selina Kyle trata de hacer reaccionar a Bruce: “¡No le debes nada a esta gente!, ¡ya les has dado todo! “No todo” responde él.

Reitero, en épocas de igualitarismo, la película es extremadamente perturbadora: ¿cómo alguien va a tener la osadía de elevarse por sobre la Multitud? En el fondo, es la alegoría platónica, aquel que ha salido de la Caverna, puede irse a una Isla de arenas blancas con aguas turquesas, rodeado de mujeres con curvas artísticas y beber los más refinados licores, pero Platón lo increpa en su Dialogo: ¿Esa persona tiene lo necesario para volver a la Caverna? Entre todos los encadenados, solo una persona se libró de las cadenas ¿Por qué esa persona y no otra?

G. K.

23 jul 2012

La Argentina que yo quiero.

He vuelto.

En épocas donde el facilismo impera en los colegios y universidades, amputando la garra necesaria en el sacrificio para obtener un Título; me permito transcribir un texto referido a otro modelo de educación:

"...asegurar la formación renovada de legítimas superioridades, de modelos, de ejemplos, de personalidades ejemplares, que son las que realmente levantan a un pueblo al más alto nivel de cultura, porque el más alto nivel de cultura lo da la presencia de modelos y de ejemplos. Los laboratorios son para el cálculo y el experimento, para las ciencias que sirven para el uso de las cosas y el dominio instrumental del Universo, pero no nos sirven para ser hombres ni para cumplir nuestro destino de hombres en el último fin. Lo que necesita un pueblo es Teología y Metafísica, sobre todo cuando es un pueblo que procede, que viene de la Civilización de Cristo, de los griegos y de los romanos. Nada más".

Jordán Bruno Genta
("La Argentina que yo quiero", palabras finales del discurso)