Los sabios en filosofía del lenguaje, al menos aquellos que sospechan que las perplejidades filosóficas en este ámbito no comenzaron en el siglo XX con Wittgenstein; asumen que la Belleza es algo que no cabe en una definición. Las palabras no son ellas mismas definiciones.
El hombre, para dar a conocer sus pensamientos y emociones, utiliza términos que son signos, y así significa las cosas, aunque solo como las concibe. De allí que los escolásticos decían que “los términos significan inmediatamente a los conceptos y mediatamente a las cosas”.
Aunque, claro, los hombres necesitan comunicarse entre sí (naturaleza social), y para ello son necesarias las voces significativas, las cuales surgen por convención, puesto que si estas voces fueran naturales, habría un mismo lenguaje.
El sabio, en el Cratilo estaba alejado, en su práctica y en su aspiración, de elaborar una nomenclatura técnica estricta de signos. Él sabía que un lenguaje formal no logra una mejor transmisión del conocimiento ni certifica la conquista de la comprensión, porque “el alma anhela el ser”.
Anne (en París, al lado de Fausto en su versión femenina) se encuentra en la encrucijada. Seguir la nomenclatura de Miranda (“todos quieren esto”), adoptar la estructura impecable de sus términos, sus conceptos claros, ideas elaboradas en pulcros pensamientos, y definiciones de cristal transparente, inmaculado.
Se vio a sí misma reaccionando de manera intempestiva ante quienes manifestaron su sorpresa ante el cambio, tanto físico (“sos un talle 6”), como de espíritu. ¡Es que le arruinaban la comodidad descubierta!, porque ellos no tenían derecho a decirle: “A vos te pasa tal cosa”.
Algo similar manifiestan aquellos que proclaman: “Después de Kant (o de Nietzsche) no se puede decir tal cosa”.
Esas gentes, en su anti-filosofia, (la filosofía no puede excluir nada de su ámbito de estudio) están petrificados en su “angustia ante el Bien”, y se violentan ofendidos si un alma gentil, les dice: “A vos te pasa tal cosa”.
Así reposan en lo técnico, solo allí se sienten confortables, en la superficie de lo manejable, de lo maleable y reducible a uso instrumental; por ello los filósofos no realizan los tests selectivos de criterios cuantificables, propios de los espíritus de geometría, quienes pasean sin sospechas sus 175 puntos de coeficiente intelectual, y en sus conceptos decorados con signos de neón, proclaman su renuncia a ir a lo profundo de lo real.
En la superficie ni siquiera se puede atisbar la decisión de “O lo uno O lo otro”, el compromiso ontológico y sus consecuencias, del camino elegido.
En el fondo los filo-geométricos, en su actitud receptiva-diletante, solo son epígonos técnicos de un mal profesor; y por allí no se va al ser. Decía Santo Tomás: Hay que ir a la realidad “lo que interesa no es conocer lo que dicen los hombres, sino como es la realidad de las cosas”. (a)
Miranda ha llegado a un irrefutable concepto de Belleza (estética), ofrece un arsenal de terminologías y definiciones, válidas para quien elija habitar ese mundo, desde donde surgen las risas sobre la ingenuidad de Anne, quien no puede conciliar el sueño porque se siente alejada de él y sus amigos: “el amor es ciego”.
Sí, es cierto, no puede dormir; ella trata de discernir en la vigilia, lo que es consistente de lo que no lo es, lo que es ficticio y superficial de lo que es profundo, y la causa eficiente de ello son aquellas palabras: “A vos te pasa tal cosa”, dichas por él, aquél día en que ella llego tarde a su cumpleaños por seguir a Miranda.
En este sentido, el amor es lúcido y crítico, no puede ser ciego puesto que busca el ser.
“El alma anhela el ser”, no las modas.
G. K.
(a) Comm. De Caelo. I, XXIII.

3 comentarios:
Brevemente que estoy algo atareado. Sobre esto hay que profundizar. En la escolástica, la escuela de los llamados modistae "modistas" (curiosa relación linguistica con prada) desde el realismo moderado no exactamente defendían que la palabra fuese signo del concepto y este signo de la realidad, sino más bien que los modi essendi determinan los modi intellegendi y estos los modi significandi, como tres encarnaciones formales sucesivas de la única realidad. Pero sobre una dualidad ontólogica y psicológica, que lleva a distinguir en el ámbito ontológico la cosa y su modo de ser, el concepto y los medios para producirlo, y la palabra y lo que esto significa. Y es precisamente esta dualidad la que da razón de las diferencias en el plano gramatical. Por eso el concepto para Santo Tomás es el id quo concipitur, no el id quod concipitur pues ello significaría el acceso al idealismo. Es decir, el concepto como mediador de pensamiento y lenguaje, no objeto del mismo, como sucederá un poquito con Descartes y bastante con Locke. Frege tratará de invertir esto con su crítica al neokantismo, partiendo de posiciones leibnizianas, pero bueno de esto ya hablaremos con calma.
Por cierto, muy aguda la referencia a Platón.
Estimado:
En Santo Tomás, de acuerdo a la Summa T. III, q. 60. a. 4,c.
El signo es aquello que manifiesta otra cosa, a cuyo conocimiento nos acerca. El signo representa a esa cosa (no la conocemos directamente), pero el signo es algo; tiene una ESENCIA.
Dice el Santo (en escolástica hay tantas distinciones que uno se las olvida si no tiene los libros a la mano, o es especialista….en mi caso, me ayudo con mis libros) que esta esencia puede ser corporal (palabra) o incorpórea (CONCEPTO).
A la cosa representada se la llama “significado” (y otra vez las distinciones): si es abstracto (concepto o naturaleza) es la significación; si es concreto : “suposición”.
Es decir, el concepto es signo (el más perfecto de los signos), quizás el único que cumpla lo que el Santo llama : signo formal.
“es conocido en él y simultáneamente a él (similitud esencial)”. Representa lo conocido con distinta existencia.
Entonces, siguiendo a Tomás; el concepto es signo, luego, este signo es un “término” mental; pero claro, eso pertenece a la interioridad del hombre que conoce, y para expresarla se requiere un nuevo signo: los términos exteriores (oral o escrito); de allí lo dicho en el post:
“De allí que los escolásticos decían que “los términos significan inmediatamente a los conceptos y mediatamente a las cosas”.
Al menos, es lo que entendí.
Saludos!
Así es; me referia a algunos desarrollos escolásticos sobre este punto.
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