31 may 2009

¿Es un "hecho" la EVOLUCIÓN?




Supongamos que alguien nos pregunta: ¿la Evolución es un hecho?


Antes de contestar, podríamos preguntar: ¿Y que es la evolución?

Cambiemos la palabra “evolución” por “gravedad”

¿Qué es la gravedad?

Newton la definiría por lo mensurable, por lo cuantitativo, en tanto lo observable de la atracción de los cuerpos.


Aristóteles diría que esta describiendo el “como” se produce aquello que observa, pero que no contesta la pregunta: ¿Qué es la gravedad?
El inglés le hablaría al griego, sobre los límites de la ciencia contemporánea en cuanto se preocupa de la sucesión de fenómenos, dejando al margen las causas:
“A mi me interesa hacer notar ciertas semejanzas, describir fenómenos”,
…y Aristóteles entonces diría:


“Dejemos a la ciencia, en el plano fenomenal, que por definición es el suyo propio, plena libertad de hipótesis y de investigación en el ámbito de la percepción sensible, de la comprobación del hecho, y abstengámonos de adjudicarles valor ontológico”.


Es decir, cuando hablamos de Evolución, parecería que la simbolizamos mediante unas fórmulas métricas-decimales (mensurables-cuantitativas), la aprisionamos –en la rebeldía de sus incongruencias en las diversas formulaciones que hagamos de ella- ante el saber científico, para –en última instancia- volver a la advertencia de Newton: "yo no me propongo saber que es la gravedad sino entender como funciona".

Aristóteles: Estas bárbaros y su ciencia solo pueden dar una descripción del como, pero no el conocimiento de las causas primeras o del porqué de la Evolución.


¿Es un hecho la evolución, o solo es el nombre que le adjudicamos a una realidad inaccesible que encierra el misterio de todo ser viviente?

Dar como hecho algo sobre lo cual no sabemos “que es”, quizás sea algo apresurado.



“Mientras haya misterio habrá salud”



G. K.

29 may 2009

Diario de un estudiante de Filosofía. Episodio XXIII. "Prácticas".




-Él (suficiente, en tono de sentencia...¡A cuántos habrás embromado!!!): “Para realizar las “Prácticas” es menester tener el 75% de las materias aprobadas, lo cual es condición sine qua non para que uds. puedan disfrutar de la dicha de cursar aquí. Si alguno de uds. no alcanza esta distinción, es decir X número de materias aprobadas (de un número impar), puede retirarse a tomar un café y volver el año que viene”

---Chester (preocupado: no llego –no tengo “dinero porcentual”): “X” (25) no es el 75 % de materias aprobadas; yo tengo “Y” de materias aprobadas, lo cual representa el 75%. Es decir, de un total de 33, tengo 24,75.

-“Ud. sabe Chester que en estos casos, siempre se redondea en perjuicio del alumno”.

---- Aunque fuera 24,99, sería "Y" el 75%, puesto que una materia la tengo aprobada o no la tengo. No existe tener un 99% de una materia aprobada, a no ser que seamos hegelianos, te pediría que clarifiques la ontología sobre la cual entender el postulado. Al menos yo, lo entiendo desde el principio de no contradicción.



Tuve que ir a Secretaría, hablar con la “Jefa” de Dpto…….y a pesar de él, estoy cursando las “prácticas”, y a fin de año están todos invitados a la celebración de un nuevo título y la consiguiente vuelta olímpica.

Continuará…

G. K.

24 may 2009

La contemplación en Plotino




Recuerdo la risa de los epicúreos – estoicos en el Areópago ante San Pablo, cuando les hablo sobre la Resurrección.
Plotino lo hubiese entendido, quizás entre los paganos, sea el que llego más alto.

En el ascenso gradual del alma, en el elevarse hacia la inteligencia (paso de la diánoia al plano de la noésis), llega un momento que la vía estrictamente racional necesita un Salto, para pasar de la inteligencia al Uno; una experiencia, digámoslo así: mística –éxtasis interior que supera a la razón.


“Los que ignoran este estado, imaginen, por los amores de acá abajo, que será encontrar el objeto más amado, y sepan que los amores de aquí son mortales, caducos, engañan y perecen, y que no son en realidad amores, ni constituyen nuestro bien y ni son los que buscamos.

Allá esta nuestro verdadero amor y podemos unirnos a él participando de él y poseyéndolo, si no salimos a merodear por los placeres de la carne… Si alguien lo ha experimentado comprenderá lo que digo: el alma vive otra vida cuando se acera a él, está junto a él y de él participa de tal modo que sabe que tiene presente al verdadero dueño de la vida.

Entonces es posible verlo y verse a sí mismo, si es que realmente se le puede ver, iluminado, lleno de luz inteligible, o mejor, como si él mismo fuera una luz pura imponderable, leve; como si estuviera convertido en Dios o más bien como si fuese Dios, suspendido hasta que volviendo otra vez a sentir el propio peso se siente como marchito”


“Habiendo sido, pues, el vidente y lo que veía no dos cosas sino una (no como quien ve sino como quien se une), si éste quiere recordar aquella unión conserva de ella imágenes en sí mismo. Ahora bien, entonces era uno y no tenía en sí mismo ninguna disimilitud consigo mismo ni con respecto a las demás cosas…

Como arrancado y arrebatado de entusiasmo se encontraba en una tranquilidad y no separándose de la esencia de él, sino volviéndose hacia sí mismo permanencia completamente inmóvil, o mejor, era la inmovilidad misma. Ya no le retenían las cosas de ella, porque miraba por encima de la misma belleza; había dejado ya atrás el coro de las virtudes, como quien penetra en lo más sagrado del templo dejando atrás las estatuas.

Y sin embargo esas estatuas serán lo primero que verá al salir del santuario, después de la visión y de la unión que se ha efectuado, no con una estatua, sino con el mismo Dios: son, pues, una visión de segundo orden, porque no son lo mismo que la visión, que es otra manera de ver, como la que tenía en el santuario: éxtasis, simplificación, abandono de sí, deseo de un contacto, quietud, noción de una compenetración”.

G. K.


Recomiendo:
PLOTINO. El alma, la Belleza y la contemplación. Obras de Quiles I. E. Ed. Depalma. Bs. As.
PLOTINO. Textos fundamentales. Intr. y traducción de M. I. Sant Cruz. Eudeba.

21 may 2009

Historiadores Hormigas





Se acerca el bicentenario.
Es curioso leer los diversos ejes sobre los que se analiza nuestra Historia.
Digamos….

Uno puede analizar el cruce de los Andes realizado por San Martín desde la peculiar perspectiva de:
a. San Martín tenía ganas de hacer turismo aventura en las altas cumbres.
b. Quería ir a Santiago a cobrar un premio de lotería.
c. Tenía ganas de alejarse del salvaje Rivadavia, porque el olor de esa pestilencia llegaba hasta la cordillera.
d. Deseaba ir a visitar a una de sus amantes en Valparaíso.

Las librerías de cadena atestadas de Hormigas, han vaciado sus almacenes de libros firmados por Mercenarios de la Historia que postulan semejantes ejes de análisis, y a los cuales habría que exiliar, porque estos extranjeros no pertenecen a la Ciudad que soñaron nuestros héroes.

Ej.: Pigna (¿San Martín tenía un calzoncillo verde con lunares anaranjados?, Pacho O’ Donell (¿Belgrano era invertido-bastardo?, ¿Tuvo un amor en Paraguay?)

Aquello que otorga la distinción al gran historiador, es su capacidad para acercarse a la “verdadera historia”, al hecho objetivo.
Desde el momento en que San Martín emprendió su gesta, el hecho objetivo es que el poder político-militar español en Sud-América termino.
Luego, si la ropa interior de él era verde, será cuestión que quedará para los historietistas.

La verdadera historia es objetiva, y el gran historiador es aquél que se acerca al hecho objetivo (cuestión reservada a pocos).

No es posible la objetividad en la ciencia de la Historia (¡en ninguna ciencia!), pero eso no quiere decir que no haya historia objetiva.

G. K.

17 may 2009

El Apóstol del sentido común.




Es curioso este blog, muy de vez en cuando se escribe aquí sobre Chesterton, a pesar de los reiterados reclamos.

Sin embargo, los homenajes se realizan más a menudo de lo que uds. sospecharían.


Lugar: Ciudad de Buenos Aires. Aula del JVG (Octavo piso).

Escena: La clase de “Filosofía” ha finalizado, nos encontramos en la vigilia-ceremonia post-clase, prestos a tomar un capuchino o retirarnos a algún lugar secreto donde, cual Fedro, elevar aquella plegaria socrática que nos inmunice de las bacterias ideológicas, “concédeme ser bello en mi interior”.


Irrumpe en el aula la Profe de aquella cátedra que aún no me ha perdonado el hecho de que haya tratado de demostrar que ella era en realidad socióloga en vez de Filosofa (hasta suena extraño el término femenino aplicado a lo segundo, en contraposición a la perfecta adecuación al primero).


Profesora Derridiana (indignada): ¡Chester! ¿Sabe qué? En persona, me cae bien, pero sus intervenciones virtuales, sus comentarios, sus escritos,…. ¡me irritan!

Chester (pensando: si no fuera socióloga en una de esas la invito a almorzar): Lo mismo le sucedía a la gente en tiempos de Sócrates.


Prof. Foucaultiana: ¿Acaso ahora se cree Sócrates?


Chester (risueño). “Tengo al mundo en lo que es, un gran escenario donde todos tenemos un papel”, y el mío, mi estimada, no es el de una persona irritada. Dicen que la ironía socrática llevaba a algunos hacia la humildad, y a otros los volvía soberbios e irritados, como esos muchachos de la Caverna que se irritaron ante aquel que canto un poema verdadero puesto que su piel había sido dorada por el calor del Sol, y ellos solo estaban habituados a una poética epidérmica, accesoria, superficial, sin brillo ni luz.


Prof. Lyotordiana (algo ofuscada): ¿Me esta diciendo soberbia? Ud. lo único que sabe hacer es descalificar, ¡acusar con el dedo a todas las cátedras del Instituto!



G. K.: No a todas, solo a las cátedras joaquinvergonzalistas, no sé porque se siente aludida.

Dicen que a Sócrates, el dainmon lo admonizaba de forma permanente sobre cual era el lugar que debía ocupar; el “aguijón en la carne” diría el Apóstol….En este caso, estimada, mis palabras solo siguen aquel sentido común del que hablaba Chesterton.


Continuará…

G. K.

15 may 2009

Entre los muros / La clase.




“Entre los muros”. En la sala de profesores, todos esgrimen su especialidad a modo de presentación: Historia – Literatura – Geografía – Matemáticas- Educación cívica-ciudadana, etc.

Lo curioso es que no hay nadie que diga: Yo soy Profesor de Filosofía.

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Fui a presentarme en el colegio donde hace unos años, había hecho las prácticas de Historia, para hacer allí mismo, las de Filosofía.


Rectora: Ud. sabe que siempre es bienvenido Chester, aunque hay un pequeño detalle a tener en cuenta.

-¿Cuál? –dije con ingenuidad de distraído (puesto que se supone que yo debería saber la respuesta antes de enunciar tan cándida pregunta)

Rectora (con la culpable expresión de quién sabe que el “paro” de mañana es por el reclamo de un proletario de la enseñanza, y no el de quien ha asumido el peso de una responsabilidad):

“Aquí no hay filosofía”.

El colegio era un “comercial”.

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Recuerdo el final de la peli, el Prof. Marin les pregunta a todos que “era” lo que habían aprendido durante el año de cursada. Las respuestas de cajón zozobraron ante la de alumna (Esmeralda) que respondió:

-“Nada”


Prof. Marin: ¿Cómo nada? ¿Acaso no leíste la bibliografía que te asigne?


Esmeralda: No.


Prof. Marin (indignado): ¿Por qué?


Esmeralda: Porque toda la bibliografía que nos diste es basura.


Prof. Marin (sorprendido en primera instancia, aunque recompuesto y dispuesto a un letal contrataque irónico que logre burlarse de la alumna y someterla al escarnio de sus compañeros):

-¿Y vos que leíste? (esperando la respuesta de un “Coello”, “Harry Potter”, “Pigna” o “Feinman”)


Esmeralda (en tono insolente, desafiante): “La República”.


Prof. Marin (extrañado como anticuerpo ante bacteria que ha sorteado las barricadas de antibióticos y ha logrado ingresar en el organismo): ¿Platón?


Tanto en la película, como en Bs. As., se da la misma cuestión: sin filosofía nuestros jóvenes se vuelven Orcos. Y los docentes, proletarios de la educación, se han especializado en la profesionalización del reclamo material (aumento de sueldo), y ni siquiera plantean como un tema de discusión los contenidos curriculares, puesto que han renunciado a su responsabilidad.

G. K.

10 may 2009

Yo llevaré el anillo.



Así dice el mito,


“A veces siento que un gran temor me invade, como si estuviese esperando una sentencia que ya se había previsto hacía tiempo, pero que no deseo oír.Un irresistible deseo de descansar, quedarme a vivir en Rivendel junto a mi gatito Agatón y vuestra compañía, me colma el corazón.

Allí, en medio de la noche donde acechan los orcos, hablé haciendo un esfuerzo (y oí sorprendido mis propias palabras, como si algún otro estuviera sirviéndose de mi voz).

-YO LLEVARÉ EL ANILLO, dije --...aunque no sé como.

Yo llevaré el anillo, y con Uds., seremos la Comunidad del Anillo”. (ESA –versión libre).




Octavio busco a través del mito la fusión helenístico-romana, que a diferencia de sus predecesores en ese fin (Polibio y el “círculo de los escipiones”), obtuvo el aporte del talento literario de Virgilio, que trascendió ese propósito en “La Eneida”, ……..a la distancia de siglos podemos contemplar que la jugada funciono, el sueño de Julio César se hizo realidad: el Imperio Romano.

A lo largo de la Historia, los cristianos siempre (de una u otra manera) hemos tenido, ante situaciones trágicas, la impresión de que “Esto se acaba”.

Sabemos el final, pero no sabemos cuando, por ello, ante el derrumbamiento del Imperio romano cristiano, el ataque de vikingos, eslavos, mongoles; un Islam imparable, la Rev. Francesa, los nazis, comunistas, etc.; ……..lo importante es la resolución de la lucha interior, la decisión de “Yo llevaré el anillo”.

“La Eneida” le dio al romano la idea política-religiosa de un Imperio por el que valía la pena luchar (a pesar de sus falencias); quizás “El señor de los anillos” sea el mito fundacional de un renacer de aquella civilización que tenía de Patriarca, a un Mago Blanco.

Y aunque no sabemos, después de todo, no obstante el mundo se arrastre hoy desencantado, no existe el hombre a-mítico.


G. K.

3 may 2009

La Orden de la Minoría silenciosa




En los mal llamados “círculos tradicionalistas”, el estudio de pensadores contemporáneos es dejado de lado por no adecuarse a la filosofía de Santo Tomás.
Decía J. P. II en su Fides et ratio: «La Iglesia no propone una filosofía propia, ni canoniza una filosofía particular» (n. 49).

Lo que espantaría al mismo santo, es que algunos sostienen que para ser católico hay que ser tomista; lo cual me recuerda aquellos dichos de Pieper “Tomás sí, tomistas no”.

Hay pensadores, que previo exorcismo, pueden hacerle un gran aporte al pensamiento cristiano (ej.: Feyerabend)…..¿Acaso no hizo “eso” la Iglesia con los bárbaros en su asimilación?
Los toscos, paganos, pero valientes bárbaros serían el embrión que se convertiría en el brazo armado de la Cristiandad, “el paradigma del guerrero Occidental”.

Es, sin embargo, una tarea peligrosa (“asomarse al abismo no es para todos”), la filosofía contemporánea se ha complejizado de tal manera, que solo son algunos especialistas los que pueden distinguir porque no es asimilable (por ej.) Heidegger.
A ese nivel, las gentes “de a pie”, no poseen los recursos teóricos para distinguir, y son vulnerables a los criterios de autoridad de algún que otro Obispo o Cardenal obnubilado con tal o cual pensador reverenciado por Multitud (Marx – Hegel : Teología de la liberación).

Es comprensible, es brioso Bucéfalo, tanto que asusta, ….. aunque la Orden adecuada podría hacernos comprender que solo “es un truco de Apolo”.

Supongamos por un momento, que el Papa, ante esta cuestión, funda una Orden con el propósito de especializarse en el pensamiento contemporáneo, y que esa Orden --yo la llamaría: “La minoría silenciosa”--, comienza a publicar en un nivel que desafié al establishment académico, que impropiamente ha hecho suyos pensadores que no merecen ese ignoto destino.

¿Acaso no fue eso lo que se propuso Santo Tomás? Liberar a Aristóteles de sus cadenas orientalizantes, liberar a un gigante que parecía haber nacido en Bagdad.

A lo largo de la Historia de la Iglesia, en el momento preciso, surgieron las órdenes religoso-militares, mendicantes, los jesuitas y tantas otras; quizás haya llegado la hora de la Orden de la Minoría silenciosa.

G. K.