Supongamos que alguien nos pregunta: ¿la Evolución es un hecho?
Antes de contestar, podríamos preguntar: ¿Y que es la evolución?
Cambiemos la palabra “evolución” por “gravedad”
¿Qué es la gravedad?
Newton la definiría por lo mensurable, por lo cuantitativo, en tanto lo observable de la atracción de los cuerpos.
Aristóteles diría que esta describiendo el “como” se produce aquello que observa, pero que no contesta la pregunta: ¿Qué es la gravedad?
El inglés le hablaría al griego, sobre los límites de la ciencia contemporánea en cuanto se preocupa de la sucesión de fenómenos, dejando al margen las causas:
“A mi me interesa hacer notar ciertas semejanzas, describir fenómenos”,
…y Aristóteles entonces diría:
“Dejemos a la ciencia, en el plano fenomenal, que por definición es el suyo propio, plena libertad de hipótesis y de investigación en el ámbito de la percepción sensible, de la comprobación del hecho, y abstengámonos de adjudicarles valor ontológico”.
Es decir, cuando hablamos de Evolución, parecería que la simbolizamos mediante unas fórmulas métricas-decimales (mensurables-cuantitativas), la aprisionamos –en la rebeldía de sus incongruencias en las diversas formulaciones que hagamos de ella- ante el saber científico, para –en última instancia- volver a la advertencia de Newton: "yo no me propongo saber que es la gravedad sino entender como funciona".
Aristóteles: Estas bárbaros y su ciencia solo pueden dar una descripción del como, pero no el conocimiento de las causas primeras o del porqué de la Evolución.
¿Es un hecho la evolución, o solo es el nombre que le adjudicamos a una realidad inaccesible que encierra el misterio de todo ser viviente?
Dar como hecho algo sobre lo cual no sabemos “que es”, quizás sea algo apresurado.
“Mientras haya misterio habrá salud”
G. K.

