Dedicado a la persona más brillante que he conocido, orgullo de Galicia, el "Diablillo", y a "Don José".
Recuerdo que cuando era niño, mi madre me enviaba por las tardes, a comprar “facturas” a la “panadería” de “Don José” para tomar el té.
Una docena son doce unidades, integradas por tres “cañoncitos” de dulce de leche, dos “vigilantes”, cuatro “medialunas”, dos “tortitas de leche” y “un suspiro de monja”, pero “Don José” no tenia muy afinado su sentido matemático de la unidad, siempre me daba dos o tres medialunas “de más”.
Pensaba que debía ayudar a sus falencias cognitivas, puesto que la “equivocación” se sucedía de manera alarmante, así que un viernes por la tarde conté las unidades al mismo tiempo que “Don José” las ubicaba en la bandeja, eran doce. Sin embargo, al llegar a casa y abrir el paquete, había 15 facturas. ¿Cómo era eso posible? ¿Sería un gallego lunático?
Hace unos días, bajé apurado de mi apartamento a comprar algo de manera urgente a uno de los supermercados “chinos” más cercano a mi edificio (hay varios). Al pasar por la “caja” me percaté de que había olvidado mi “billetera”. Le dije al “chino” que luego le traería el importe, con el tono suficiente que otorga la confianza de haber comprado diariamente allí por años, sin embargo se me contesto con extrañas expresiones orientales (presumiblemente ofensivas) y se me exigió de manera prepotente e intimidante que dejará el “Norton” rosado y el helado de dulce de leche.
Entre la duda de si se trataba de un acto de magia o de un engaño premeditado, pensé en pedirles “explicaciones” a Don José por su accionar, pero nunca me atreví; como no se atreve a pedirme explicaciones aquél a quien en medio del tráfico de la avenida se le queda el auto “sin batería”, y yo me acerco a ayudarlo a “empujar”: “¡subite y ponelo en segunda!”
Un día se me queda el auto sin batería en la calle “Malvinas” y “Rivadavia”, y un “Don José” se estaciona al lado mío y me pregunta. “¿Te tiro los cables?”, y así lo hizo. No pedí explicaciones, solo agradecí.
Recuerdo a una profesora de Filosofía que impartía su cátedra de “Ética” los martes por la mañana en el Profesorado J. V. G., que postulo desafiante y con resentimiento marxista, con respecto al sacrificio de Cristo en la Cruz: ¿Quién le pidió que venga a salvarnos?”.
La “panaderìa” del gallego “Don José” diría “con retranca”: “¡Vivamos como gallegos!”
Un argentino agradecido
G. K.



