26 jul 2011

¡Vivamos como gallegos!



Dedicado a la persona más brillante que he conocido, orgullo de Galicia, el "Diablillo", y a "Don José".

Recuerdo que cuando era niño, mi madre me enviaba por las tardes, a comprar “facturas” a la “panadería” de “Don José” para tomar el té.


Una docena son doce unidades, integradas por tres “cañoncitos” de dulce de leche, dos “vigilantes”, cuatro “medialunas”, dos “tortitas de leche” y “un suspiro de monja”, pero “Don José” no tenia muy afinado su sentido matemático de la unidad, siempre me daba dos o tres medialunas “de más”.


Pensaba que debía ayudar a sus falencias cognitivas, puesto que la “equivocación” se sucedía de manera alarmante, así que un viernes por la tarde conté las unidades al mismo tiempo que “Don José” las ubicaba en la bandeja, eran doce. Sin embargo, al llegar a casa y abrir el paquete, había 15 facturas. ¿Cómo era eso posible? ¿Sería un gallego lunático?








Hace unos días, bajé apurado de mi apartamento a comprar algo de manera urgente a uno de los supermercados “chinos” más cercano a mi edificio (hay varios). Al pasar por la “caja” me percaté de que había olvidado mi “billetera”. Le dije al “chino” que luego le traería el importe, con el tono suficiente que otorga la confianza de haber comprado diariamente allí por años, sin embargo se me contesto con extrañas expresiones orientales (presumiblemente ofensivas) y se me exigió de manera prepotente e intimidante que dejará el “Norton” rosado y el helado de dulce de leche.

Entre la duda de si se trataba de un acto de magia o de un engaño premeditado, pensé en pedirles “explicaciones” a Don José por su accionar, pero nunca me atreví; como no se atreve a pedirme explicaciones aquél a quien en medio del tráfico de la avenida se le queda el auto “sin batería”, y yo me acerco a ayudarlo a “empujar”: “¡subite y ponelo en segunda!”
Un día se me queda el auto sin batería en la calle “Malvinas” y “Rivadavia”, y un “Don José” se estaciona al lado mío y me pregunta. “¿Te tiro los cables?”, y así lo hizo. No pedí explicaciones, solo agradecí.






Recuerdo a una profesora de Filosofía que impartía su cátedra de “Ética” los martes por la mañana en el Profesorado J. V. G., que postulo desafiante y con resentimiento marxista, con respecto al sacrificio de Cristo en la Cruz: ¿Quién le pidió que venga a salvarnos?”.

La “panaderìa” del gallego “Don José” diría “con retranca”: “¡Vivamos como gallegos!”

Un argentino agradecido

G. K.

22 jul 2011

Sasha, Fito, la Hebe Sissi y el círculo de baba




Un argentino en Toronto




A veces me pregunto porque hay lugares tan de porquería en el mundo, ciertamente que Dios nos ha bendecido a los argentinos regalándonos un Edén, y lo sorprendente es que solo apreciamos nuestra Tierra prometida, cuando visitamos el exterior y observamos como los extranjeros han naturalizado sus sufrimientos.


No me vengan con la Medialuna fértil, el fango benefactor del Nilo, la lluvia sucia inglesa, el malévolo frío nórdico, las asquerosas malarias tropicales, ni las pestes asiaticas.


Se entiende la tristeza nostálgica de los tangos gardelianos, porque el solo hecho de pensar en vivir en el exterior (para aquél que conozca a la Argentina) es condición suficiente para comenzar a entonar: "Mi Buenos Aires querido..."


G. K.

20 jul 2011

Chesterton

18 jul 2011

Messi





Dicen que el fútbol es el deporte más bello del mundo, allí hay belleza, se deja ver, asomándose entre patadas, largas carreras de atletas, olor a transpiración de brutos ventajeros, mercenarios de su amo dinero y groserías diversas enunciadas por personas que encuentran en el “fútbol” la manera de desahogar el resentimiento de todo aquello que los ha hecho sufrir desde niños, sea a través de encamarse con una pendeja “Patito fea” o en los millones acumulados en el Banco que suplantan al envalentonamiento que te otorgaba el “paco” en la “villa miseria”.

Entre la fealdad, sin embargo, se asoma el artista, aquél que puede quitarle el velo a la belleza oculta, para que todos podamos verla, deleitarnos con ella, música para el alma, inspiración de poetas.

El artista –y hoy me levante algo kantiano- no sabe muy bien lo que hace, no lo puede enseñar (“es ciego”), solo lo puede transmitir en el atisbo de una bengala en la noche, y a la vez, puede elevar a un manojo de brutos a la composición artística, le da la regla al arte: “el artista soy yo”.

Aristóteles en su Poética nos enseña que todo en la poesía se “puede aprender” en tanto la “Poética” es una techné, menos el “hacer buenos metáforas”: ¿Por qué Homero hace mejores metáforas que todos? “No lo sé, pero es así”.

“La causa es que Newton podría presentar, no sólo a sí mismo, sino a cualquier otro, en forma intuible y determinada en su sucesión, todos los pasos que tuvo que dar desde los primeros elementos de la geometría hasta los mayores y más profundos descubrimientos; pero ni un Homero ni un Wieland pueden mostrar como se encuentran y surgen en sus cabezas sus ideas, ricas en fantasía y, al mismo tiempo, llenas de pensamiento, porque ellos mismos no lo saben y, por tanto, no lo pueden enseñar a ningún otro” (Kant. Crítica del Juicio)




No se confundan, el artista no es aquel que nos muestra lo mostrenco, lo grotesco y lo feo, como esos “mediáticos” televisivos en sus grititos maricones de puta de bajo fondo, y que sin embargo así se autotitulan en la grosería de su soberbia, enaltecidos por el rating de la Multitud argentina, y por el dinero que les otorga el Gobierno Kirchnerista que los usa.

El artista es un pibe veinteañero, que nació con un problema físico que pudo superar en el exterior, y que cuando volvió a nuestro país, un Orco le pegó una trompada en Rosario, la hinchada lo silba, y los periodistas deportivos lo acusan de ser el culpable de los fracasos de la Selección.

En el film “Escape a la Gloria”, se ve a un oficial del Ejército alemán, ante el asombro de sus “compañeros” nazis, aplaudir a un “genio de color negro”.

¿Qué nos pasa a los argentinos que no podemos ver y aplaudir al artista cuando lo tenemos justo delante de nosotros mismos?

G. K.

15 jul 2011

El rito





La escena de la película “El rito” donde se puede apreciar una clase de “posgrado” (“Doctorado en Exorcismos”) realizada en un aula gigantesca de la Universidad Gregoriana (dotada de una tecnología tan sofisticada que casi parece futurista) ante un selecto auditorio de decenas de los más talentosos jóvenes del mundo que aspiran a convertirse en los teólogos que necesita Occidente en su batalla cultural; por un momento, capturo mi imaginación.

Un amigo me ha dicho que la realidad de la Gregoriana dista bastante de lo expuesto en “El rito”, y él habla con conocimiento de causa.




La gente tiende a representarse el mundo de acuerdo a su propios parámetros culturales, y aunque el etnocentrismo es inevitable, a veces la “perspectiva trascendental” incurre en abusos, como el de representar al Aula Magna de la Universidad Gregoriana como el centro de Comando de la CIA que dirige una “Misión imposible”. De todas maneras, el guionista acierta cuando, en una actuación brillante al tono de su talento, Hopkins increpa a su escéptico discípulo, luego de un exorcismo: “¿Acaso esperabas cabezas dando vueltas o cuerpos levitando?”

La escena mas escalofriante del film es aquella en que Hopkins confiesa a su discípulo (a la vez que indirectamente le pide ayuda, y en ello el cumplimiento de aquello hacia lo cual se ha ido acercando a través de todas las decisiones que ha tomado en su vida): “Ya no puedo rezar”, “no estoy en estado de gracia”, y su actuación no necesita ningún “efecto especial” para ser más que convincente, y aterradora.


G. K.

13 jul 2011

Buenos Aires no perdona




No alcanzò el "Fútbol para todos", ni los Lcds, ni las netbooks, ni las baratijas para todos, empeñadas en el afàn de comprar a los porteños.


Los porteños no olvidamos la decisiòn del gobierno nacional de retirar a la Policía Federal del Parque Indoamericano, ¡de despojarnos de nuestro derecho ciudadano a la seguridad!


Ahora que Macri ganó en Lugano, en Villa Soldati (tierra de tenebrosos fachos neonazis que se pasean en sus glamorosas Lamborghinis, bronceando las azules venas que surcan sus inmaculados, severos y altivos rostros; señales indiscutibles de sus rancios abolengos aristocràticos que pueden remontarse hasta el mismísimo Zeus), hogar de gente que fuè señalada (junto con los demàs vecinos de la ciudad), desde el "asco" que le produce a un prebendario millonario con ínfulas de "artista", identificado con el kirchnerismo; ¿se viene el voto calificado?


Los porteños no estamos calificados para participar, en tanto no somos kirchneristas, y por ello el Gobierno Nacional nos odia.


Odio que se extiende a todos los ciudadanos que aùn quedan en la Argentina.


Buenos Aires no perdona

"Me das asco" Fito!