

El Papa, ante su inexplicable alianza con el Rey vencido de Francia y varios príncipes de Italia; no se porto muy bien con el Emperador.
De allí el Saqueo de Roma.
Y eso lo lamento el Emperador, y su hijo Felipe II, quienes sin embargo eran campeones del catolicismo.
Eran cuestiones de orden temporal, en las que el Papa le puede errar como cualquiera de nosotros.
El drama viene cuando se trata de distinguir lo que es temporal de lo que no lo es.
Si el Papa logra el milagro de que se conviertan en aliados la República comercial de Venecia y el Imperio, y constituyan la Santa Liga para enfrentar a los hombres de la Media Luna en Lepanto, a la distancia podemos ver con claridad que eso no es temporal.
“Acabo de aludir al cuadro de Tiziano que más estimo: “España en defensa de la Religión”, donde, tras escuchar detenidamente mi idea, mi artista preferido plasmó perfectamente, a propósito de la victoria de Lepanto, lo que había sido el ideal de toda mi vida entera: la defensa de la Fe, amenazada en nuestro tiempo más que en otro alguno. La Fe es para mí como una segunda naturaleza; sentí desde mi infancia que Dios me entregaba la continuación del milagro de España, que estaba siendo un milagro de Fe; y cuando mi padre me relataba las hazañas de nuestro primer ejército de Italia, en tiempos de mis bisabuelos Isabel y Fernando, repetía también con gratitud y respeto el comentario unánime que los italianos de aquel tiempo difundían por toda Europa: “Dios se ha hecho español”. (a)
Felipe II lo comprendió, pero... ¿y las demás gentes? Al escuchar al Papa sobre una alianza y darle al pedido una aureola sobrenatural, ¿no podrían los mercaderes venecianos aludir al "fetichismo africano"? (frase des-afortunada de Castellani referida a la obediencia al Papa)
Cuando Juan Pablo II decide apoyar al sindicato "Solidaridad", eso ¿es temporal o no? En la visión de un humilde trabajador polaco, quizás sí. En el contexto del enfrentamiento de la Iglesia ante el coloso soviético, no.
¿La política papal de Benedicto XVI con respecto a los U.S.A. es temporal o no? En la visión de nuestros humildes ojos, quizás sí. En el contexto de un Pontificado que tiene por misión re-cristianizar Occidente, quizás no.
Las políticas del Vaticano se caracterizan por apuntar a objetivos a largo plazo, mediante una pedagogía de largo aliento. Díficiles de comprender por aquellos que vivimos el día a día.
Hubo un tiempo en que el poder temporal de los Papas se había elevado a tan gran altura, que no era tan solo el sucesor de Pedro, sino un árbitro que inspiraba sentimientos de veneración y respeto; además de que disponía de medios tan poderosos para sostener sus pretensiones, hacer respetar sus consejos y juicios, que aún los Emperadores se inclinaban ante él.
¿Y que hicieron los Papas de aquellos tiempos con ese inmenso poder?:
“Es una cosa en extremo notable, pero nunca, o muy pocas veces notado, que los Papas jamás se han servido del inmenso poder que disfrutaban, para engrandecer sus Estados. ¿Qué cosa más natural, por ejemplo, ni de más tentación para la naturaleza humana, que reservarse alguna de las provincias conquistadas a los sarracenos, y que los Papas concedían al primer ocupante para rechazar la Media Luna que no cesaba de engrandecerse? Sin embargo, jamás lo hicieron, ni aun respecto de las tierras que les eran vecinas, como el reino de las Dos Sicilias, sobre el cual tenían derechos incontestables; a lo menos según las ideas de aquel tiempo, y por el cual se contentaron con un vano dominio eminente, reducido bien pronto a la famosa Hacanea, que el mal gusto del siglo disputa todavía.
En hora buena hayan podido los Papas hacer valer en aquel tiempo este dominio eminente, o feudalidad universal que una opinión igualmente universal no les disputa. Hayan podido exigir homenajes, imponer contribuciones, aun arbitrariamente si se quiere: no tenemos interés en examinar aquí estos puntos. Pero siempre será cierto que los Papas nunca han buscado, ni se han aprovechado de la ocasión para aumentar sus estados a expensas de la justicia: cuando ninguna otra soberanía temporal siguió este buen ejemplo, y que aún hoy mismo con toda nuestra filosofía, nuestra civilización, y nuestros bellos libros, no habrá acaso en Europa una potencia en estado de justificar sus posesiones delante de Dios y de la razón”. (b)
Eran otros tiempos, sí; pero no puedo alejar de mis pensamientos el Funeral más grandioso que haya visto jamás, con una corte de Reyes y Emperadores como platea y el mundo como espectador; y del que no tengo noticias haya habido uno igual.
Y digamos que Juan Pablo II, antes de despedirse de este mundo, pudo ver consumada su política que no era temporal en lo substancial.
Los interrogantes aquí planteados son formulados, ante el umbral del misterio que se nos presenta apenas nos asomamos desde nuestro balcón de provincias, a la “Historia de la Iglesia”, del Trono Petrino, y nos encontramos en la encrucijada de considerarnos seguros en la distinción de lo que es temporal y lo que no lo es, o asumirnos como ignorantes.
Y ante mi ignorancia, como la de un marinero naufrago remando de espaldas, esperando la Voz de sabio magisterio, que lo guié hacia la playa (ni siquiera hacia tierra adentro), prefiero remar mientras tanto, con sumo cuidado en el asunto, y no manosear la aureola sobrenatural del Trono Petrino.
“Yo he rogado por ti, Pedro, para que tu fe no desfallezca” (Lc. 22, 32)
G. K.
a. DE LA CIERVA R. Yo, Felipe II. España en defensa de la religión. p. 115.
b. DE MAISTRE. Sobre el Papa. L. II. Cáp. VI.



