28 feb 2010

INVICTO. Episodio I. El tóxico.




Nació a fines de la Primer Guerra mundial en Alemania; en aquellos tiempos diríamos “Gran guerra”, lo de la numeración vendría después.


Era un adolescente en los años treinta del siglo pasado, y en el colegio se le imponía –desde el Ministerio- la lectura del “Mito de Occidente” de Rosenberg –donde los delirios pangérmancos de Hegel, Nietzsche y Fichte eran amalgados bajo la ideología nacional socialista.


Además, algunos muchachos vestidos de negro –que obnubilaban de erotismo a sus compañeritas de curso-, con botas negras altísimas resplandecientes, y calaveras con dos tibias cruzadas en sus gorras, irrumpían en el colegio, para hablar de lealtad, gloria y honor.
A su vez, sus inocentes compañeros integrantes de las “Juventudes hitlerianas” lo empujaban a ir a los fastuosos y monumentales actos donde la elocuencia del Fuhrer iría conjurando un hechizo; la retórica hábil de Goebels y su Ministerio de Propaganda harían el resto.


Un día, por la tarde –junto a ella- se dirige al cine a ver una peli de la Riefenstahl‎: Olimpia. Ante cuyas imágenes de ruinas polvorientas cargadas de tiempo y glorias inmortales; se levantaba entre ellas, desafiante, un Partenón que aguardaba a quien fuera capaz de aceptar el reto. Algo trascendente estaba a punto de ocurrir en Alemania, y él quería ser parte de ello.


Termino la secundaria e ingreso a la universidad de Friburgo, donde asiste al discurso de un Rector llamado Heidegger, quien advierte a los jóvenes sobre el peligro de la masificación, sea proletaria comunista, o el consumismo liberal; finalizando su soberbia oratoria con una frase trucada de Platón: “Todo lo grande esta en medio de la tempestad”.

Desde Votan hasta el Furher sin escalas. El hechizo estaba completo, y él listo, en el ojo de la tempestad que se desataba.

Continuará….

G. K.

14 feb 2010

300. La Iniciación.




Cuando el niño nació, como todo Cristiano fue examinado. Si hubiese nacido pequeño, zurdo, racionalista de alma incapaz de apreciar el poema de la Creación o raquítico de espíritu, enfermizo o deforme; habría sido descartado.

En cuanto pudo mantenerse en pie, fue bautizado en el noble arte del combate. Le enseñaron a no retirarse jamás, a no rendirse jamás. A que morir en el campo de batalla, al frente de la última carga de Caballería al servicio de Dios, era la mayor gloria que podía alcanzar en vida.

A los siete años, como era costumbre en la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires, el niño fue apartado de su madre, y sumergido en un mundo de violencia, un mundo respaldado por cientos de años de tradición, por una sociedad de guerreros, que forjaban los mejores soldados que jamás hayan existido: la Agoje, como se la conoce.

Obligaban al niño –llevado a la escuela estatal pública infestada de maleantes de toda índole- a luchar, a pasar hambre, al autosacrificio… y si era necesario, a matar a las criaturas malignas.

Castigado a golpes de vara y látigo, le enseñaron a no mostrar dolor, ni piedad; le ponían a prueba continuamente, y le abandonaban a su suerte, dejando que midiera su ingenio y determinación con la furia de los sofistas, zurdos, kantianos, hegelianos y demás carroñas, en la que se embebía la naturaleza academicista del Instituto que lo rodeaba.

Esa era su iniciación, lejos de la civilización.

Y volvería junto a su pueblo como Cristiano… o no regresaría.

El lobo rojo empieza a girar alrededor del chico, las zarpas implacables como el acero, el pelo negro como el azabache, los ojos ensangrentados, dos rubíes en la mismísima boca del infierno. El gigantesco lobo olfatea, saboreando el olor del inminente bocado.

No le sobrecoje el temor, simplemente es más consciente de todo cuanto le rodea; el aire, frío en sus pulmones, los pinos que mecidos por el viento se estrellan contra la apremiante noche. Su pulso es firme, su forma física perfecta, su Fe inquebrantable.



…¡Y así es como el niño, al que habían dado por muerto, regresa con su pueblo, a la sagrada Buenos Aires, como Rey!.

Es el que vuelve del exilio, y el que es anunciado por el soplo de un cuerno que resuena en la Comarca…” una larga llamada cuyos ecos resonaron en el valle. Otros cuernos le respondieron… De improviso, desde gran altura, se elevo un gran coro de trompetas; sonaban, se hubiera dicho, en algún sitio hueco, como si las diferentes notas se unieran en una sola voz que vibraba y retumbaba contra las paredes de los edificios de la ciudad…(a)” Así, el Rey retorno victorioso, templada su alma en la Fe, para enfrentar a la bestia roja que se aproxima, hambrienta y confiada en su hegemonía cultural, saboreando el inminente bocado.

G. K.

a. Tolkien. ESA.

11 feb 2010

¡Viva Platón! III. El llamado a la conversión (o platonismo).




Hay ciertas personas que nos manifiestan su pensamiento de modo directo: “Yo digo esto”. Si una persona quiere una respuesta directa, no le será difícil encontrarla, para bien o para mal.

Hay ciertas personas que nos hablan desde sus personajes, desde los diálogos que ellos entablan. En primera instancia, uno podría decir que el autor se identifica con el protagonista de esos diálogos, …pero en el caso de Platón, el mismo Sócrates parece ser distinto en el Fédon y en el Parménides, entre otros.

Al margen –y no tanto- que esos diálogos son bellos en el aspecto literario, también lo son por su tremenda fuerza filosófica –y cuando la belleza literaria y la profundidad filosófica se unen…: nos encontramos ante una obra inmortal-, que se manifiesta en el hecho de que Platón parece querer obligarnos a asumir una posición –a no ser unos turistas del pensamiento-….¿cuál? Siempre va a ver un Meletos, Anitos, Protágoras, un Trasímaco, … un Sócrates.

Incluso aquellas posiciones que Platón nunca suscribiría, son analizadas, y más allá aún, los pensamientos suscriptos por él, son criticados por algunos de sus personajes, los cuales parecen –por un instante- mirar a cámara desafiantes y esperar la respuesta, no de Platón, ¡sino de uno mismo!. Este es el verdadero sapere aude.

¿Por qué lo hace así? ¿Acaso no era suficiente escribir un tratado, mediante la inteligencia dialéctica para comunicarnos el “Yo digo esto”?

Siempre va a haber un joven que se sienta sacudido al experimentar por primera vez, la fuerza de la refutación socrática, su ironía, y su –quizás- orgullo intelectual; pero hay algo más…

Luego de la dialéctica sobre la inmortalidad del alma –“lo que jamás admite la idea de la muerte”-, de la partida que los atenienses ordenan; Sócrates parece mirarnos con una sonrisa, y sosteniendo a la muerte en su mano -representada en el tóxico-, decirnos –casi a modo de invitación- que lo inmaterial es más adecuado al conocimiento que lo carnal, que nuestro pensamiento esta peligrosamente invertido; puesto que todas aquellas cuestiones que el mundo tilda de locuras, desvaríos psicológicos, ataques místicos, proyecciones de nuestro miedo alienador ante la muerte; no son ingenuas fantasías, sino que son más reales que los cien pesos que el mundo tiene en el bolsillo.

Este llamado platónico, puede ser esbozado en una alegoría, en una sutil abstracción dialéctica; pero solo puede ser asumido como propio, mediante una Conversión; por ello la dialéctica platónica se eleva hasta el mito, por ello no era suficiente el “Yo digo esto”, sino que se hacía ineludible el vínculo místico hacia lo religioso.

G. K.

7 feb 2010

¡Viva Platón! II. El poeta.




Hay ciertas cuestiones, a las cuales, de acuerdo con Platón, solo es posible acceder mediante el mito. Son secretos –solo para oídos atentos- sobre la existencia.

Reale mencionaba a estos mitos –alejándose de la interpretación hegeliana-, como un vínculo, un puente hacia lo místico, lo religioso, a lo cual agrega Guitton que los mismos van más allá de “la inteligencia dialéctica”.
¿Acaso así no lo hizo Platón, al burlarse de las maneras humanas de “razonar” sobre el Amor, en el Banquete? Luego de una lenta iniciación que ha dejado en manos de ebrios, Sócrates acerca a las Almas altas al misterio del Amor, mediante el mito.

¿Hay alguna otra manera de contestar las viejas preguntas de siempre sobre nuestra existencia?

¿Acaso alguien puede imaginar a William escribiendo sobre el Amor de Romeo por Julieta a través de la inteligencia dialéctica? Esperemos que nunca nadie pueda demostrar dialécticamente el misterio Romeo-Julieta. Él, al igual que Platón, sus más íntimos secretos, nos los comunican a través del misterio de la poesía.
Así el Quijote necesita al poeta, ante las risas de usureros, banqueros, prestamistas. Allí en el lecho donde se apagaban los ojos del ingenioso hidalgo, Cervantes hizo inmortal a España en un poema.

No basta un tratado de sociología para comprender al Quijote, era imperioso que él encontrara a Cervantes, como Aquiles a Homero; para así hacer posible el mímema –en tanto acción posible- de que los últimos caballeros andantes acudan al llamado de su Majestad Cristianísima en los tiempos por venir.
“Los moros han invadido España” le susurran al Quijote, y este revive con sus ojos invictos dispuestos a la Cruzada….pero la risa de los burgueses lo acerca a la realidad.
Sin embargo: ¿Acaso un humilde seminarista en Nicaragua –ante la mundación sandinista-, no acudió al llamado de Juan Pablo II, sin atender a la risa del mundo?


En la República de Platón, son expulsados los falsos poetas (imitadores de malos modelos) –¡no se salva ni Homero!-. Surge la pregunta: ¿Y quien es el verdadero poeta?


En el Ion, se plantea que la inspiración de los artistas “viene de más arriba”, por ello, la plegaria socrática del Fedro, pide con devoción religiosa: “Concédeme ser bello en mi interior”. Es decir, el verdadero poeta es aquél que ha salido de la Caverna, y así, la luz y el calor del Sol, templan su corazón a través de la inspiración divina.
El verdadero poeta es Platón mismo –un Albatros al decir de Baudelaire-, un mediador entre el mito y nosotros, el que une en matrimonio al Cielo y la Tierra; entre la voz de aquellos “antiguos”–que nos alcanzan a través de la reminiscencia- que han contemplado lo divino y encuentran en el poeta a aquel capaz de transmitir, de develar lo oculto de las esencias.




¿Se podría plantear que Sócrates lo inicio en este camino? Aquél se refería a una “voz”, un daimon que lo admonizaba permanentemente sobre el lugar que él debía ocupar, casi lo tironeaba de las vestimentas para que asumiera ese lugar. Sócrates podría haberse referido a esta cuestión a través de la inteligencia dialéctica, pero prefirió el misterio para referirse a las decisiones más importantes de su vida, de lo que luego Platón referiría como “posesión divina”

Habría que buscar allí, y no en las causas materiales, el transfondo –la causa- de la poética platónica; lo invisible, aquello que no es lo que “tironea” para abajo al “carro alado” (Fedro), sino aquello que hace crecer las alas de nuestra alma, o hace que el agua tenga sabor a vino. Por ello, ante la perspectiva de que lo ordinario atrofie nuestras alas y no nos permita alcanzar lo extraordinario, las alturas de la beatitud celestial; hacemos nuestra la plegaria socrática: Concédeme ser bello en mi interior (a).

G. K.



(a) Querido Pan y todos los demás dioses que sois de esta región, concededme que llegue a ser interiormente bello. PLATÓN. Fedro. 279, b. 617. Ed. Losada. Bs. As. 2007.

2 feb 2010

¡Viva Platón!. Cinco lecciones a media luz. Lección 1. Volver a la Caverna.




¿Por qué en la alegoría, el desencadenado vuelve a la Caverna?

En primera instancia, se podría aludir que la teoría de las ideas se relaciona con la necesidad instrumental de fundamentar la ciencia, puesto que esta no puede estar fundamentada en lo contingente. Cuestión que no contesta la pregunta.

¿Por qué vuelve el desencadenado a la Caverna?

“Fijando Jesús su mirada en él, le dijo: “Tu eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas” - que quiere decir “Piedra”.

¿Por qué eligió Cristo a una “Piedra” y no a un doctor? ¿Acaso un doctor no sabe más que una “piedra”?

Platón buscaba al Rey Filósofo, y ya sabemos como termino esa búsqueda. Quizás resignado, en la alegoría nos transmita su conclusión: el Rey filósofo no existe, hay que buscar “piedras”, tomarlas de discípulos, e iniciarlas.


Así lo expone Guitton:

“Y pintaríamos mal a Platón, feliz al pensar y al hacer pensar, si no viéramos ir creciendo en él la amargura política. También en eso es un rey destronado.

Platón quiso ejercer el poder porque el poder es el medio más seguro de mejorar a todos los hombres a la vez. Pero su carrera política fue un fracaso. Y los últimos tiempos de su vida los consagró a escribir los diez libros de Las Leyes, que son el Espíritu de las Leyes malhumorado, un largo testamento triste.

Ahí, Platón anuncia a los desilusionados: Quohélet, el autor del Écclésiaste; Marco Aurelio, Fenelón, Goethe, Comte; a todos los que se han dejado embrujar por la idea de un poder espiritual, por la unión imposible en un mismo individuo de Arquímedes y Alejandro, de un Papa- Emperador que asegurase la salvación de la especie, y han descubierto que el sabio rey es inhallable, es perseguido, que la persuasión fracasa, que las leyes son impotentes, que hay que resignarse a elegir a unos cuantos discípulos e iniciarlos”. (Guitton. Entrañas de Platón)

G. K.

1 feb 2010

Siempre fiel




“Comprendía la pampa”, decían de Don Juan Manuel; algo que nunca pudieron hacer los doctores iluministas unitarios, devotos de las novedades que llegaban desde las metrópolis europeas de turno.
¿Cómo podían aliarse a franceses e ingleses para humillar a la Patria? No existía en aquellos, una identidad nacional a la cual pertenecer, y no se defiende aquello que no existe.

De niño, sus padres trataron de hacerle conocer la música de nuestra tierra, ante la cual, él prefería los ritmos de radio FM de turno. En especial detestaba la música del litoral, hasta que un día lo llevaron a visitar aquellas tierras tan lejanas a la ciudad, y allí “oyó narraciones magistrales de gauchos analfabetos y comprendió al interior y a sus habitantes, y comprender es amar”. (a)

Ante la devoción de la multitud juvenil por los “Jonas brothers”, y el ritmo Miami imperante; la devoción en nuestros claustros de educación superior de los sofistas formateados en socavar toda certeza; de los denigradores profesionales de aquellos que no solo “comprendieron la pampa”, sino que estuvieron dispuestos a defenderla -puesto que no se defiende con el corazón, aquello que no se ama-; ...

...deberíamos recordar que la Argentina, cual Odiseo extraviado, navegando sin rumbo, perdiendo hermanos en el mar, siendo seducido a voluntad por Circes de colágenos labios;

...deberíamos hacer acto de reminiscencia para saber que, aunque la ruta para llegar a Itaca –a nuestra Casa identidad- este impregnada de diversos peligros; se manifiesta condición necesaria en la tempestad, el atarnos al mástil de la nave, para así ser fieles a nosotros mismos ante el poderoso canto de las sirenas.

Solo será posible una Nación Argentina si ella permanece fiel a sí misma.

G. K.




a. J. M. Rosa. Historia Argentina. T. IV. p. 7.