
Aquello de real, con respecto a la ciencia política, son las naciones (algo así expresaba él); es decir: ellas nacen y perecen como los individuos. Hay algo que las constituye como lo que son: su Alma.
La Argentina tiene un alma. Dios para cada alma tiene un plan. Es deber de todo caballero andante, acudir al llamado de su majestad Cristianísima, y en Santa Cruzada, atesorar el deseo, la acción y la esperanza, por el cual, Ella se realizará.
Reiteramos desafiantes, ante los demonios que la asechan: ¡La Argentina es una causa Justa!
Desde allí, donde las almas son templadas con distintos fuegos, su famosa consideración sobre que una Constitución que es hecha para todas las naciones no es hecha para ninguna. (Consideraciones…cap. IV).
No solo diferentes gobiernos pueden ser buenos para diversos pueblos, sino también para el mismo pueblo en diferentes tiempos. Cada forma de gobierno es la mejor en ciertos casos y la peor en otros; es decir, no intrínsecamente angelical o perversa.
“El despotismo, para tal nación, es tan natural, tan legítimo, como la democracia para otra” (L. I., cap. IV)
Por ello Montesquieu habla de la “corrupción del principio de la democracia” (Del espíritu de las leyes, L. VIII, cap II), no de la Democracia “en sí”, sino de los espíritus de “desigualdad” y de “igualdad extremada”.
Hubo pueblos que nacieron entre las formas democráticas, y así fueron templados sus corazones, pero sus líderes nacieron aristócratas-nobles, y así fueron templadas sus almas.
Eso lo comprendió instintivamente el pueblo-soldado ante su general Washington.
La Santa Confederación Argentina amaneció a este mundo, en el transcurrir de las Invasiones inglesas. El pueblo siguió a sus héroes-nobles, a Don Santiago de Liniers, y Álzaga, enfrentando su corazón a las hordas herejes de la pérfida Albión.
Así, en nuestra historia (en el fusilamiento del monárquico Liniers, merced a los jacobinos de turno; hasta el grito “piquetero” de hoy en día de “la puta oligarquía”, quienes a poco estuvieron de colgar de la Pirámide de Mayo a la “conductora” de “Hielo y limón”, caricaturesca descendiente del Alcalde), en el “hacer” de nuestro camino, no nos hemos llegado a constituir como una Nación, es decir, realizar nuestra alma, y a punto hemos estado de perderla una y otra vez.
Pregunten a las gentes: “¿Qué es la Argentina?”
Ni siquiera conocemos nuestra alma. El solo hecho de amanecer a este mundo, no es Ya Existir; es preciso “conocer nuestra Alma”. Así lo habría dicho Sócrates a los argentinos: “¡Vívanlo por uds. mismos! Elección, no teórica sino vital, que los ennoblecerá para toda la eternidad”.
Y sin embargo, allí esta Ella; una y otra vez, como una muchacha enamorada de uno, que te da una y otra oportunidad para que te acerques a besarla. Pero vos sos demasiado joven, vivís en el sótano y ella te espera en el balcón del compromiso; allí donde ¡cueste lo que cueste!, en las alturas de la reminiscencia, quizás atisbemos a ver, lo que Dios en la llanura de la Verdad, des-velo a nuestra alma; es decir: Quienes somos.
Para ello, como decía el sabio: “Cuando las naciones comienzan a conocerse y a reflexionar sobre sí mismas, su gobierno existe desde hace siglos”. (Étude sur la souveraineté, L. II, cap. VII).
G. K.

