27 feb 2009

Deicidas



Sto. Tomás dice que (en Jesucristo) la naturaleza o esencia humana, que es realmente distinta del ser (en todo ente creado) no subsiste por su ser sustancial humano, sino que existe por el ser personal del Verbo, que suple al ser creado y Actualiza la naturaleza humana.


Entonces,


…la Encarnación (por ej.) ¿produce un cambio en Dios? No, si ella consiste en que el Verbo hace subsistir a la naturaleza humana de Cristo.


El Sol no cambia cuando uno se broncea en la playa con los ojos atentos al mar; así el Sol del Verbo permanece inmutable en sí cuando una naturaleza humana es hecha subsistir por él.
Asimismo, nuestro pensamiento no sufre cambio alguno cuando se “encarna” en letras y palabras escritas en tinta. Por más que esas letras se descoloren, así el Pensamiento Divino permanece inmutable.
Es decir, lo que Es, no puede No Ser; además, a Jesucristo no lo alcanza el Pecado Original, como a nosotros, descendientes de Adán, por lo cual Él, en un acto de suprema caridad abraza voluntariamente a la muerte.


El Señor ama al discípulo, lo ama con locura. Decía Castellani que “estar enamorado y tener seso a la vez no puede ser, y sin embargo así fue en el caso de Dios”. Dios no necesita al discípulo, pero le ama.


Si Cristo sufre y muere, no se cambia Dios, sino la naturaleza humana que subsiste por el Ser Divino; y sin embargo, estando tal naturaleza unida a Cristo con la unión Hipostática, esos sufrimientos y esa muerte son los dolores del Hombre- Dios.


La muerte de Nuestro Señor encierra tal misterio, que nuestra débil inteligencia apenas lo puede sondear.


Santo Tomas, a través de sus comentarios sobre el Credo dice:


52. “El que Cristo haya muerto por nosotros es algo tan elevado que apenas nuestra inteligencia lo puede captar; más aún, ni siquiera se nos hubiera ocurrido. Esto es lo que dijo un profeta y recuerda el Apóstol: En vuestros días Yo voy a realizar una obra, una obra que no creeríais si os la contara (Act. 13, 41). Y también Habucuc: En vuestros días se cumplirá una obra que nadie la creerá cuando se narre (1, 5). Pues la gracia de Dios y su amor por nosotros son tan grandes, que lo que Dios hizo por nosotros supera lo que podemos entender”.


“Sin embargo, no debemos creer que Cristo haya sufrido la muerte de tal modo que muriera su Divinidad; lo que en Él murió fue la humana naturaleza. Pues no murió en cuanto Dios, sino en cuanto hombre”.


66. Es decir, “la muerte de Cristo consistió en la separación del alma y del cuerpo, como en los demás hombres, pero la Divinidad estaba tan indisolublemente unida a Cristo hombre, que aun cuando el alma y el cuerpo se separaron entre sí, la Divinidad misma estuvo siempre perfectísima unida al alma y al cuerpo. Por eso el Hijo de Dios estuvo en el sepulcro con su cuerpo y descendió a los infiernos con su alma”.


53. “…se podría objetar: si los judíos no mataron a la Divinidad, parece que no hubieran pecado más que si hubiesen matado a cualquier hombre.


A esto podemos responder con un ejemplo: supongamos a un rey ataviado con un lujoso vestido; si alguien manchase aquel vestido, incurriría en la misma falta que si hubiese manchado al rey en persona. De la misma manera los judíos no pudieron matar a Dios, pero al matar la naturaleza humana asumida por Cristo, fueron castigados tan severamente como si hubiesen matado a la misma Divinidad.


Además, el Hijo de Dios es el Verbo de Dios, y se puede comparar al Verbo de Dios hecho carne con el verbo (palabra) de un rey escrito sobre un papel. Pues bien, si alguien rompiese el papel donde está escrita la palabra del rey, cometería una falta tan grave como si rompiese la palabra del rey. Por lo mismo se considera el pecado de los judíos de igual manera que si hubiesen matado al Verbo de Dios.”


Es decir, lo expuesto, y enfatizado por el santo: “El que Cristo haya muerto por nosotros es algo tan elevado que apenas nuestra inteligencia lo puede captar”. Nuestro intelecto palidece ante ello, asimismo como el concepto Deicidio, puesto que los misterios no se pueden conceptualizar, y al margen de que las palabras tampoco son en ellas mismas definiciones.


A nivel popular, en la Edad de la Fe, se asociaba a los judíos (sin hacer distinciones en cuanto a los fariseos) al concepto de deicidas. Los poderes terrenales de turno, solían utilizar esa animadversión popular para sus propios fines. Por ej. algunas monarquías, que expulsaron a los judíos de sus reinos, podían aprovechar ese término para enriquecer a la Corona con las propiedades de los judíos, y entre las razones que se podían esgrimir, la cuestión del Deicidio era fogoneada a modo de justificación, por lo cual, el término, a nuestro entender, tiene un origen ideológico a fin de demonizar a los judíos.

La Nostra aetate dice:
“Aunque las autoridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de Cristo, sin embargo, lo que en su Pasión se hizo, no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy. Y, si bien la Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras”.
“Por los demás, Cristo, como siempre lo ha profesado y profesa la Iglesia, abrazó voluntariamente y movido por inmensa caridad, su pasión y muerte, por los pecados de todos los hombres, para que todos consigan la salvación”

G. K.

Nota: Lo expuesto es controversial. Nos sometemos al Magisterio de la Iglesia, ante cualquier posible error.

20 feb 2009

¡Alerta! La bestia hormiguera Kretina expulsa indocumentados

Kretina expulso a Williamson.

Patear el hormiguero, e indignarse por que las hormigas te piquen, no debería ser motivo de asombro.

Willie planteo mal la cuestión, quedo etiquetado ante Multitud, y es un error que el mismo acepto. Al hormiguero no le importa entender, solo mostrar, comer y engordar ante el desprestigio ajeno.

Distinto sería si se hubiese referido a la utilización que se hace del dolor y sufrimientos del pueblo de religión judía ante el plan nazi; por parte del sionismo y otros tantos intereses que nada tienen que ver con lo religioso. Eso sería elegir una batalla -y dejar a los soldados laicos que se ocupen de las metodologías (si hubo o no cámaras de gas), o las cuestiones cuantitativas- y no dar lugar a que las hormigas lo muerdan con sus infames tenazas.

El hormiguero funciona de determinada manera, y uno debe andar por esos túneles con pleno conocimiento de sus reglas, más aún si se tiene responsabilidades para con terceros. Si uno anda a las patadas por el hormiguero, las mismas se le vuelven en contra a uno y a terceros incluidos.

Willie no es un ingenuo, no podría ser Obispo si lo fuera. ¿Qué sucedió?: Soberbia.

Incluso la respuesta dada a Benedicto XVI (cuando se le pidió que se retractara); en cuanto a que tenía que analizar las evidencias, puesto que no podía negar lo que en conciencia creía. Eso es solo una salida formalista.
Otra vez, W. se equivoca fiero en cuanto a la cuestión de enfoque del tema. ¿A quien le importa si él se hace un experto en cuestiones historiográficas? La cuestión era afirmar los votos de obediencia a Roma, y no darle de comer a los enemigos de la Iglesia.


Y sin embargo hoy, la graciosa bestia hormiguera de Kretina, lo redime al comenzar su cacería de indocumentados, porque si te echa del país semejante Demencia, algo debe haber hecho bien Monseñor Williamson.

Quizás, cuando miremos con ojos de una época lejana al presente, podamos observar en este caso singular, la continuación de una cadena de sentimiento argentino de indignación, que se irá forjando eslabón por eslabón, y que en un arrebato de pasión se manifieste, en próximo porvenir, aplastando a la graciosa e idiota bestia hormiguera.

Kretina delenda est!

G. K.

Pd.: La cacería de indocumentados ha comenzado: La Side, en astuta operación, ha descubierto que Cumbio, la estrella flogeer, falsifica sus nicks en los chats que frecuenta Kretina. Ampliaremos.

15 feb 2009

La búsqueda




Concilio Vaticano II - Constitución Pastoral Gaudium et spes (n° 43)


"El Concilio exhorta a los cristianos, ciudadanos de la ciudad temporal y de la ciudad eterna, a cumplir con fidelidad sus deberes temporales, guiados siempre por el espíritu evangélico. Se equivocan los cristianos que, pretextando que no tenemos aquí ciudad permanente, pues buscamos la futura (ver Hebr 13,14), consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta que la propia fe es un motivo que les obliga al más perfecto cumplimiento de todas ellas, según la vocación personal de cada uno.

Pero no es menos grave el error de quienes, por el contrario, piensan que pueden entregarse totalmente a los asuntos temporales como si éstos fuesen ajenos del todo a la vida religiosa, pensando que ésta se reduce meramente a ciertos actos de culto y al cumplimiento de determinadas obligaciones morales"


Ante el horror de un niño atropellado, delante de él, por un camión, gritos desesperados de su madre…Camus comento a su acompañante: “Dios no responde”.

"Aquel frágil cuerpecito se dejaba devorar por la infección sin reaccionar. Pequeños bubones dolorosos, apenas formados, bloqueaban las articulaciones de sus débiles miembros. Estaba vencido de antemano. Por esto Rieux tuvo la idea de ensayar con él el suero de Castel. Aquella misma noche, después de la cena, practicaron la larga inoculación sin obtener una sola reacción del niño. Al amanecer del otro día, todos acudieron a verle para saber lo que resultaba de esta experiencia decisiva".


"El niño con los ojos siempre cerrados pareció calmarse un poco. Las manos, que se habían vuelto como garras, arañaban suavemente los lados de la cama. Las levantó un poco, arañó la manta junto a las rodillas y de pronto encogió las piernas, pegó los muslos al vientre y se quedó inmóvil. Abrió los ojos por primera vez y miró a Rieux que estaba delante de él. En su cara hundida, convertida ya en una arcilla gris, la boca se abrió de pronto dejando escapar un solo grito sostenido, que la respiración apenas alteraba y que llenó la sala con una protesta monótona, discorde y tan poco humana que parecía venir de todos los hombres a la vez.


Rieux apretó los dientes y Tarrou se volvió para otro lado. Rambert se acercó a la cama junto a Castel, que cerró el libro que había quedado abierto sobre sus rodillas. Paneloux miró esta boca infantil ultrajada por la enfermedad y llena de aquel grito de todas las edades. Se dejó caer de rodillas y a todo el mundo le pareció natural oírle decir con voz ahogada pero clara a través del lamento anónimo que no cesaba: Dios mío, salva a esta criatura".

“Pero el niño siguió gritando y los otros enfermos se agitaron. ... Pero bruscamente los otros enfermos se callaron.

El doctor notó que el grito del niño se había hecho más débil, que seguía apagándose hasta llegar a extinguirse. Alrededor los lamentos recomenzaron pero sordamente y como un eco lejano de aquella lucha que acababa de terminar. Pues había terminado. Castel pasó al otro lado de la cama y dijo que había concluido. Con la boca abierta pero callado, el niño reposaba entre las mantas en desorden, empequeñecido de pronto, con restos de lágrimas en las mejillas”.


“Paneloux se acercó a la cama e hizo los ademanes de la bendición. Después se recogió la sotana y se fue por el pasillo central…


…Pero Rieux se alejaba de la sala con un paso tan precipitado y con tal aire, que cuando alcanzó a Paneloux y pasó junto a él, éste alargó el brazo para detenerle.


—Vamos, doctor —le dijo.


Pero con el mismo movimiento arrebatado Rieux se volvió y lo rechazó con violencia.


—Ah!, éste, por lo menos, era inocente, bien lo sabe usted!"


Rieux: "…….No, padre —dijo—. Yo tengo otra idea del amor, y estoy dispuesto a negarme hasta la muerte a amar esta creación donde los niños son torturados”.


A veces nos preguntamos porque sucede tal o cual cuestión que nos parece injusta, y en lo inmediato de la finitud de nuestro pensamiento, quizás no logramos advertir que Dios obra en la eternidad.

Es decir, no sabemos si un inocente muerto ayer en esta vida, quizás haya salvado su alma inmortal en ese momento, de la condenación eterna en la que hubiese incurrido mañana.
Dios es eterno, esta por encima de lo que nosotros llamamos “tiempo”, de lo pasado o lo futuro, él sabe, en ese acto que para nosotros es un misterio trágico, el sentido de su obrar.


Algunos católicos críticos al Concilio, con ciertas tendencias maniqueístas, plantean aquella oposición entre lo que es de este mundo y aquello que no lo es, fundamentando sus teorías en los dichos de San Agustín sobre las dos ciudades a las que alude la Gaudium et spes.


“Así que, dos amores fundaron dos ciudades, es a saber: la terrena el amor propio hasta llegar a menospreciar a Dios, y la celestial el amor por Dios hasta llegar al desprecio de sí mismo”. (San Agustín. La ciudad de Dios. XIV, 28)

Sin embargo, el santo nos advierte que la mirada del hombre no basta para discernir esta cuestión, y que solo Dios puede reconocer la ciudad a la que cada uno pertenece.


"Declaren el estado de Peste. Cierren la Ciudad", es la alternativa que eligen aquellos que no comprenden el espíritu del Concilio Vaticano II, porque a pesar de las herejías en las que puedan incurrir los pueblos, las naciones; ello, en última instancia, no se debe solo al juicio humano (siguiendo a Agustín), porque si fuera así, estaríamos alejando a la Providencia de este mundo, y entonces le estaríamos dando la razón a Camus: “Dios no responde”.


Existe un plan, donde el porqué de los acontecimientos, se nos escapa. En otras palabras, el santo entendió que la Historia no nos acerca a un criterio desde el cual comprenderla, sino que ella misma es un misterio, un problema filosófico.


En la obra “La Peste”, el médico, quien ha dedicado todos sus esfuerzos para ayudar a los demás, confiesa que no sabe que es la “honestidad”, pero sabe que él hace un trabajo honesto (ayudar a paliar el sufrimiento de los apestados:
“cumplir con fidelidad sus deberes temporales” dice el Concilio). Es un hombre de este mundo que se pregunta: “¿Puede un hombre ser santo sin creer en Dios?”

-"¿por qué pone usted en ello tal dedicación si no cree en Dios? Su respuesta puede que me ayude a mi a responder".


Rieux: -…Yo no sé lo que me espera, lo que vendrá después de todo esto. Por el momento hay unos enfermos a los que hay que curar. Después, ellos reflexionarán y yo también. Pero lo más urgente es curarlos. Yo les defiendo como puedo”.

“—Ah! —dijo Rambert, con furia—, yo no sé cuál es mi oficio. Es posible que esté equivocado eligiendo el amor


Rieux le salió al paso:


—No, no está usted equivocado".

De joven, Camus comenzó su búsqueda de valores, en una Ciudad post-cristiana, muy distinto a Sartre quien luego de Nietzsche, propugnaba crearlos. Una cuestión es “crear” y otra muy distinta es “buscar”.


Rieux, en la Ciudad azotada por la Peste, termina hablando de Amor, quizás, porque Camus comprendió, en su juventud, que las ideologías asesinan, por ello abandono esa prisión de almas para continuar su búsqueda; y descubrió que al amor no se lo puede encerrar en ninguna, puesto que siempre sobra, no se lo puede contener.


Surge la cuestión en esa búsqueda, de cómo Rieux rodeado de la Peste, termina invocando al Amor, porque para invocar a algo, primero hay que conocer aquello que se invoca, no vaya a ser que a uno se le presente un demonio.


¿Qué es lo primero?, ¿el objeto o el conocimiento? Si el amor siempre sobra, si no puede estar contenido, algo de él debe estar en mí; y si esto es así, ¿Cómo invocar una presencia que de por sí no puede estar ausente?

“Es la fe la que invoca.” (San Agustín. Confesiones)


C. V. II: “...la propia fe es un motivo que les obliga al más perfecto cumplimiento de todas ellas” (las tareas temporales)


“El alma de un hombre esta llena de voces, como un bosque. Hay allí diez mil lenguas, como las lenguas de todos los árboles. Fantasías, locuras, memorias, excentricidades, temores misteriosos, más misteriosas esperanzas. Todo el ordenamiento y sano gobierno de la vida consiste en llegar a la conclusión de que algunas de esas voces tienen autoridad y otras no” (Chesterton)

“No me buscarías si antes no me hubieses encontrado”


La búsqueda:
“Todos los hombres, conformes a su dignidad, por ser personas, es decir, dotados de razón y de voluntad libre y, por tanto, enaltecidos con una responsabilidad personal, tienen la obligación moral de buscar la verdad, sobre todo la que se refiere a la religión”

“…el derecho a la libertad religiosa no se funda en la disposición subjetiva de la persona, sino en su misma naturaleza”
(De libertate religiosa. I. Naturaleza de la libertad religiosa. C. V. II)

G. K.

7 feb 2009

La juventud de la Iglesia, y los Druidas-aurios







"La Iglesia tuvo un gran número de oportunidades para morir y hasta para ser enterrada respetablemente. Pero las nuevas generaciones por siempre volvieron a llamar a la puerta una y otra vez. Y nunca con más fuerza que al golpear la tapa de un féretro en el que había sido prematuramente colocada.


Quien lee entre líneas en los archivos del siglo doce puede advertir que el mundo estaba penetrado por un potencial panteísmo y paganismo. Podemos verlo en le temor a la versión árabe de Aristóteles y en los rumores acerca de grandes hombres que eran musulmanes en secreto.

Hombres antiguos, viendo la disolución de la fe simple de la Edad Oscura, podrían muy bien haber pensado que el próximo paso sería el desvanecimiento del cristianismo dentro del Islam. Si pensaban así, esos hombres se habrían sorprendido mucho ante lo que realmente sucedió.

…fue algo así como el rugido de un trueno de miles y miles de jóvenes que arrojaron su juventud en un exultante contraataque: las Cruzadas. El verdadero efecto del peligro de esa religión más joven fue la renovación de nuestra propia juventud.
…cuando el catolicismo es desechado como un trapo viejo, siempre retorna como una cosa nueva.

No es renacimiento. No es imposible imaginar que una cosa muy vieja pueda arreglárselas para sobrevivir. Es concebible que los druidas, por ej., si el curso de los conflictos religiosos hubiese sido diferente, hubieran podido perdurar a través de algunas tradiciones locales durante dos mil años hasta el presente. No es fácil imaginar esto, pero no es imposible. Si fuera cierto, los druidas estarían perdurando.


Los druidas tendrían dos mil años. En pocas palabras, los druidas parecerían druidas. Los sacerdotes católicos no parecen druidas en lo más mínimo".




Los druidas-aurios constituyen el espirítu de secta petrificada, y al igual, que en su debido momento, no comprendieron la reformulación de la filosofía cristiana llevada adelante por Santo Tomas --a quien insultaban en el barrio latino por enseñar al pagano Aristóteles--; e injuriaban a Trento, entre otros tantos aullidos, así… siempre enorgullecidos de haber nacido con el don de estar equivocados en el momento preciso;… en el relámpago en que la Iglesia se hace joven para enfrentar al mundo, ellos se fosilizan.


En el siglo XX, ello se manifiesta en el odio al Concilio Vaticano II que ellos profesan:

“Además, Abrahamowicz dijo ayer en una entrevista a una cadena de televisión italiana que el Concilio Vaticano II "fue una herejía y una cloaca".

http://www.publico.es/internacional/198224/lefebvrianos/italianos/expulsan/sacerdote/nego/holocausto


El sectario espirítu druídico impregna en su densidad asfixiante, que solo ¡ellos! se salvarán, los ¡vero católicos!, el modelo de santidad donde se deben reflejar los pestilentes pecadores contaminados de modernismo (lo druídico, en su univisión de sótano, no distingue entre lo moderno y la herejía del modernismo), y asimismo, ¡nadie! puede ser un vero católico sino adhiere formalmente al pensamiento filosófico de Sto. Tomás, lo cual deja al borde de la herejía al neoplatonismo de San Agustín, al camino del corazón de Pascal, al existente Kierkegaard, y los encierra en el sótano del pensamiento único druídico, que espantaría al mismo Santo Tomás.


Lo que los druidas no tienen en cuenta, es que el Santo leía a los judíos y a los musulmanes, además de los paganos Aristóteles y Platón; el primero en su Metafísica menciono a sus antecesores (para luego corregirlos… ¡de acuerdo a como él los había interpretado!, porque al fin de cuentas "en todo error hay un núcleo de verdad") y el segundo le agradecía a los pitagóricos, quienes desde sus sectas órficas, le hubiesen enseñado matemáticas.

“No importa quien lo dice, sino lo que dice” (Sto. Tomás)
Por ello Pieper, decía aquello de: “Tomás sí, pero "tomistas" no”.


“La verdad esta hoy tan obscurecida y las mentiras (están) tan bien instaladas que a menos que amemos la verdad nunca la reconoceremos”
(Pascal)

Es decir, Santo Tomás tiene hoy mucho que decirle al mundo, desde los poemas lógicos escolásticos; lo que sucede es que el mundo parte de otras ontologías, donde el principio de no contradicción ha quedado en el camino; y entonces, quizás el descubrimiento de la verdad dependa en estos días, del corazón y la voluntad, y no solo de los raciocinios mentales.



Conmovido, porque a pesar de pretender en espeluznante ilusión, asir la Tradición, como si fuera de suyo propio, en algo, lo noble de católicos no impregnados de lo druídico, que aún allí reside, se acerca al asunto que nos preocupa a todos, y es la crítica a la banalización de lo litúrgico, los aplausos, las guitarreadas y globos de colores, que se interponen a la introspección espiritual; conmovido, ante esas almas que aún respiran, Benedicto XVI -quien conoce el secreto del arte de ayudar a los otros-:

“…cualquiera que no domine este arte se engaña a sí mismo cuando se propone ayudar a otros. Para ayudar eficazmente a otro debo comprender mejor que él –incluso, en primer lugar, debo seguramente comprender qué es lo que él comprende.

Si no conozco esto, mi mayor comprensión no lo ayudará en nada. Si, no obstante, tiendo a vanagloriarme de mi comprensión más amplia, es porque soy vano y orgulloso, de modo que en el fondo busco, en lugar de ayudarlo, ser yo admirado.

Pero todo verdadero esfuerzo para ayudar comienza con la humillación de sí mismo: quien ayuda debe primero humillarse ante aquel a quien va a ayudar, y de inmediato debe entender que ayudar no significa ser un amo sino un sirviente, que ayudar no significa ser dominante sino paciente, que ayudar significa soportar todo el tiempo la imputación de que uno está equivocado y no comprende lo que el otro comprende.

…porque…uno no debe ser reflejo de uno mismo como cristiano, sino de otra cosa para volverse un cristiano; y esto es sobre todo el caso en la cristiandad, donde uno debe reflejarse no como siendo sino como volviéndose cristiano”. (Sören Kierkegaard. Mi punto de vista)

...conmovido se humilla para rescatarlos del sótano; y lo druídico de la secta, corroído de soberbia, ciega, torpe, sedevacantista, desconfiada, cismática, parece estar dispuesto al martirio petulante ante la humildad del Papa.
Lo petrificado no esta a la altura de la magnificencia de Pedro, es decir, a la común-unión con la siempre joven Roma.


"La cuestión no es acerca de cuantas piedras de Stonehenge están todavía en pie, cuantas han caído y cuantas han sido tumbadas. Las piedras del Stonehenge católico de hecho han sido tumbadas. Y siempre, trabajosamente, han sido puestas en pie nuevamente. Lo cierto es que otras tantas piedras druídicas cayeron y todavía están donde cayeron, y allí estarán para siempre.


No ha habido una revolución druídica cada doscientos o trescientos años, con jóvenes druidas, coronados de muerdago, danzando al sol en Salsbury Plain.
Stonehenge no ha sido reconstruido con nuevos estilos de arquitectura desde el rustico rotundo normando hasta el último rococó del Renacimiento. El sagrado lugar de los druidas está a salvo de lo que se ha llamado el vandalismo de la restauración.

Esta es entonces, la distinción vital sobre la que me he detenido antes de proseguir… No es la duración, sino la clase de recuperación.
Sin duda hay, en cada transición, grupos de buenos católicos, o aun de católicos gloriosos, que se han mantenido fieles a su religión más bien que a una cosa del pasado. Yo tengo demasiada admiración por su lealtad religiosa como para insistir en lamentos por sus políticas reaccionarias.


Es posible mirar atrás para ver pasar a los monjes, simplemente como uno mira hacia atrás para ver pasar a los Estuardos. Es posible mirar hacia atrás para ver pasar a los Estuardos simplemente como uno mira hacia atrás para ver pasar a los druidas.


Pero el catolicismo no es una cosa que se haya desvanecido con el último fracaso de los jacobitas. Fue más bien una cosa que retorno con ímpetu tras el relativo fracaso de los jacobinos. Puede haber habido eclesiásticos que sobrevivieron a la Edad Oscura y no comprendieron al nuevo movimiento de la Edad Media”.

“Ciertamente hubo buenos católicos que no vieron la necesidad de la incursión de los jesuitas o las reformas de Santa Teresa. Y eso que ellos probablemente eran mucho mejores personas que nosotros”.



CHESTERTON. La juventud de la Iglesia, en La Iglesia Católica y la conversión. Ed. Tierra Media. Bs. As. 2000.

G. K.