

Climacus fue estudiante, el mundo lo consideraba un Extranjero. “No es que entretanto no se mezclara con los hombres; por el contrario, buscaba acertar con un semejante.
Siempre estuvo atento cuando otros hablaban. No hacía notar lo que sucedía en su interior; temía que mucho le faltaba conocer o demasiado poco.
Del mismo modo que una humilde muchacha profundamente enamorada no quiere hablar de su amor, pero escucha de cerca toda penosa emoción cuando otras jóvenes hablan de ella, a fin de probar en silencio que ella es tan feliz o incluso más feliz por capturar cada seña sugerente, así Johannes, taciturno, apreciaba todo. Después, cuando regresaba a casa reflexionaba sobre lo que los filósofos habían dicho, pues naturalmente buscaba esta compañía”. (a)
Su alma se inquietaba ante lo que consideraba una falta de “honestidad intelectual”, en aquellas tertulias catedráticas, especie de chateo por msn donde Marx tercia en una querella sobre San Anselmo y su “argumento ontológico”. “¡Esta refutado!”, parecen aullar, mientras los hegelianos, los cartesianos, alejados del realismo absoluto anselmiano, consideran inválido el “ir” del orden lógico al orden real.
Al margen, Santo Tomás también critico al buen San Anselmo (Sum, th., I, 2, 1), pero eso no lo sabían los hablantes del messenger.
“Aun en el supuesto que todos entiendan por el término Dios lo que se pretende (lo que es más grande que cuanto se puede concebir), no por esto se sigue que entiendan que lo designado con este nombre exista en la realidad, sino sólo en el concepto del entendimiento... »
Siempre estuvo atento cuando otros hablaban. No hacía notar lo que sucedía en su interior; temía que mucho le faltaba conocer o demasiado poco.
Del mismo modo que una humilde muchacha profundamente enamorada no quiere hablar de su amor, pero escucha de cerca toda penosa emoción cuando otras jóvenes hablan de ella, a fin de probar en silencio que ella es tan feliz o incluso más feliz por capturar cada seña sugerente, así Johannes, taciturno, apreciaba todo. Después, cuando regresaba a casa reflexionaba sobre lo que los filósofos habían dicho, pues naturalmente buscaba esta compañía”. (a)
Su alma se inquietaba ante lo que consideraba una falta de “honestidad intelectual”, en aquellas tertulias catedráticas, especie de chateo por msn donde Marx tercia en una querella sobre San Anselmo y su “argumento ontológico”. “¡Esta refutado!”, parecen aullar, mientras los hegelianos, los cartesianos, alejados del realismo absoluto anselmiano, consideran inválido el “ir” del orden lógico al orden real.
Al margen, Santo Tomás también critico al buen San Anselmo (Sum, th., I, 2, 1), pero eso no lo sabían los hablantes del messenger.
“Aun en el supuesto que todos entiendan por el término Dios lo que se pretende (lo que es más grande que cuanto se puede concebir), no por esto se sigue que entiendan que lo designado con este nombre exista en la realidad, sino sólo en el concepto del entendimiento... »
No hacía caso del chat, y no pensaba en absoluto que ellos pudieran hacerle caso; “era y seguía siendo un Extranjero para el mundo”.
Quizás, al enunciar una “verdad de consenso”, esta posee validez tanto si la aúlla con autoridad, un tenedor de una hipoteca, sea este rico o pobre, sea ladrón o verdadero propietario.
Quizás, al enunciar una “verdad de consenso”, esta posee validez tanto si la aúlla con autoridad, un tenedor de una hipoteca, sea este rico o pobre, sea ladrón o verdadero propietario.
Alejarse del msn de la “verdad de consenso”, y reflexionar entre semejantes (si los hubiese), dejar descansar los libros, y allí, como dicen que Platón se dirigía a sus discípulos, no a sus epígonos (a quienes les dejaba sus escritos); ir al encuentro de aquella “chispa divina”, voluntad de música, espada, regalo de algún ogro, o de los dioses, que al desenvainarla clama por sangre y le hace morder el polvo a los hablantes filosofadores del consenso.
Quizás, en uno de esos célebres encuentros se pueda vislumbrar que en San Anselmo se puede cuestionar su base gnoseológica y metafísica (en cuanto al realismo absoluto, habría que probar que no es válido), pero el argumento es válido dentro de los supuestos del realismo (“si es pensado existe”), donde el orden lógico implica el orden real. “Si la idea de Dios implica la existencia real, realmente Dios existe”.
Decía Pascal:
“Es un hecho destacable que ningún autor canónico haya usado nunca la naturaleza para probar a Dios. Todos tratan de hacer que la gente crea en Él. David, Salomón, etc., nunca dijeron: “No hay tal cosa como un vacío, por tanto Dios existe”. Deben haber sido más inteligentes que él más inteligente de sus sucesores, todos los cuales han usado pruebas a partir de la naturaleza. Esto es muy digno de notar”. (Pensamientos, 243)
Decía Pascal:
“Es un hecho destacable que ningún autor canónico haya usado nunca la naturaleza para probar a Dios. Todos tratan de hacer que la gente crea en Él. David, Salomón, etc., nunca dijeron: “No hay tal cosa como un vacío, por tanto Dios existe”. Deben haber sido más inteligentes que él más inteligente de sus sucesores, todos los cuales han usado pruebas a partir de la naturaleza. Esto es muy digno de notar”. (Pensamientos, 243)
San Anselmo y Pascal abordaban la misma cuestión, desde ámbitos distintos. Eran almas gemelas de personalidad distinta. Eran Semejantes.
“Johannes se despidió de los filosofadores, incluso cuando de vez en cuando escuchara un comentario particular hecho por ellos, decidió no continuar haciéndoles caso, pues había tenido demasiadas experiencias tristes sobre cuan engañosas eran sus palabras”. (b)
Apéndice de lectura prescindible.
Como en aquel tiempo donde se parloteaba sobre el dualismo antropológico platónico, y los hablantes del chat parecían poder fundamentarlo, apoyándose en varios textos del Filósofo.
Recordaba aquello del mito del “Carro alado” (Platón, Fedro).
¿Por qué se desbocaba el caballo negro? ¿Por qué se le rompían las alas? ¿Era “tironeado” hacia abajo?. Y si esto es así, la unión no sería accidental sino consustancial entre el alma y el cuerpo; y entonces se nos dificultaría hablar de un dualismo platónico antropológico, y más de uno aparecería como “No conectado” en el Messenger catedrático.
“Johannes casi podía escuchar los latidos de su corazón impaciente. Sucedía que en un santiamén todo estaba trastocado, lo explicable devenía inexplicable, lo cierto, dudoso, lo opuesto, evidente”. (c)
Esperaba prestar oído al relato de los Otros para obtener alguna luz. Aunque los relatos, repetidos a veces con tanta rapidez por los hablantes, casi le produjeron vértigos con esa uniformidad de pendiente de montaña rusa, puesto que le parecía oír recitar a los comentaristas, re-nombrados por cierto, pero que él ya había consultado en la comodidad de su humilde biblioteca. (Reale no menciona esta cuestión en su “Historia…”)
Comenzaba a sospechar que los filosofadores continuaban rumiando desencantos, a pesar de las advertencias de Pascal y Kierkegaard ante la barbarie, y en ello llevaban más de cuatrocientos años.
Sería menester distinguir al escuchar a los rumiadores, entre comediantes, trágicos, farsantes y héroes de epopeya.
Y esto solo podría llevarse a cabo, no entre libros, bibliotecas y comentaristas doctorados en la “verdad de consenso”; sino entre Semejantes y copas de vinos añejos, donde la mente y la cabeza descansan de los hablantes, y las almas Semejantes buscan aquello que hoy parece escondido.
G. K.
a, b, c. Johannes Climacus o el dudar de todas las cosas. Soren.
















