

En la segunda obra, me llamó la atención la fisonomía de la sombra vigilante de los obreros en la línea de producción. El joven mereció un diez, y una lágrima conmovedora deslizandose por mi mejilla.
La primer obra es conceptual, el obrero no sabe lo que hace, a la vez que el tiempo lo acosa y no le permite pensar. ¡Una maravilla!

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