18 oct 2009

Todos somos Maradona


Se critica a Maradona por una expresión a la que se denomina “vulgar”.

Se hacen encuestas, sondeos de opinión, multitudinarios análisis integrados por renombrados opinadores de excelsas, pulcras e inmaculadas intenciones vernáculas, además del bombardeo vía satelital, de edificantes consejos aleccionadores desde otros continentes y ¡hasta del espacio exterior!

¿Por qué no se estremece el mundo de la misma manera cuando fusilan a un varón de 18 años delante de su familia en el gran Bs.As., o asesinan a una mujer embarazada de un martillazo en la cabeza? Eso no es motivo de escándalo, indignación y vestiduras rasgadas.



Nos hemos convertido en seres vulgares, ruines, rencorosos, desconfiados, plebeyos; inmersos en una gran fiesta continua generada aquél día en que Fausto, -el racionalismo, el deísmo, el “Siglo de las luces”, lo burgués-, mordió la manzana del árbol de la sabiduría ilustrada, y así, entrego el alma de Occidente a Mefistófeles.

Y cuando nos lo escupen en la cara, ¡nos escandalizamos como si el referente de esta sociedad fueran los seres humanos canonizados!, como si la santidad fuese el ideal imitativo, cuando en realidad adulamos y vivimos en lo superficial, lo epidérmico –al tiempo que nuestros jóvenes se tatúan en el culo la imagen de los jugadores de fútbol y boxeadores.

Somos aquello que admiramos.

¿¡Cómo algo tan vulgar, plebeyo, ruín, -¡un mal in-necesario!- como el periodismo, va a enjuiciar a un muchacho salido de una villa miseria como Fiorito -con el cerebro medio quemado por la falopa- que expresa una grosería?!

¡Lo más despreciable sentencia al desvalido acorazado en el rencor!

Los argentinos nos hemos convertido en un pueblo vulgar.

Todos somos Maradona.

G. K.

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