
“…Ya en la década de los ochenta, Raúl Alfonsín puso gran y talentoso empeño en debilitar nuestra cultura y desarticular nuestras fuerzas armadas.
De esta manera, Alfonsín y Menem –socios del Pacto de Olivos negociado por Nosiglia y Manzano-, no fueron más que continuadores de la perversa obra de destrucción de nuestras estructuras políticas, económicas, financieras y culturales llevada a cabo con inusitada decisión por la dictadura cívico militar de José Martínez de Hoz y el Gral. Jorge Videla, todos al amparo de la Trilateral Comisión de David Rockefeller, Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski.
En su conjunto, el “proceso de destrucción nacional” que conformó la triada Martínez de Hoz /Videla – Alfonsín – Menem/Cavallo, desarticuló la solidaridad, justicia y dignidad de nuestra Argentina”. (“El cerebro del Mundo”. A. Salbuchi)
En cierta manera, lo grave no es que le hayan ido reducido progresivamente el presupuesto a nuestras fuerzas armadas; lo grave no es que se haya devenido en una Doctrina de transformar a las mismas en una especie de policía de patrulla guarda-fronteras…, porque esas son cuestiones materiales que se pueden solucionar al “corto plazo”,…
… lo grave es que se haya quebrado el espíritu de orgullo a nuestros jóvenes de seguir una vocación militar.
El proceso de desmalvinización y demonización de nuestras Fuerzas Armadas comenzó con Alfonsín y se extiende hasta nuestros días, devenida en una rencorosa caza de brujas fogoneada por la ceguera de aquellos que han dejado indefensa a la Patria.
Es curioso que en estos días se pretenda poner en pie de igualdad a Irigoyen y a Alfonsín.
El primero fue un gran estadista, y a pesar de lo discutible de su gobierno, su primordial interés era el mismo de la Nación. No podemos decir lo mismo de Menem, De la Rua y los Kirchner, todos hijos del “padre Alfonsín”.
Entre Irigoyen y Alfonsín existe la misma distancia que entre Perón y Menem.
G. K.

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