Los dirigentes de una sociedad gobiernan desde la responsabilidad –incluso el autosacrificio- para con el bienestar común.
Una población puede permitir que los argentinos más pobres viajen a sus trabajos en condiciones infrahumanas; mientras acepta que millones de pesos sean derivados a subsidiar el Fútbol, los “plasmas para todos”, el “Automovilismo”, los programas de televisión propagandísticos del “Modelo Nacional y Popular Kirchnerista”, que la “canasta familiar” sea confeccionada mediante las estadísticas del INDEK, o que “sus” dirigentes políticos se enriquezcan de manera escandalosa a través de la Korrupción, en una afrenta que manifiesta el desprecio –y no la responsabilidad- que profesan para con las personas que habitan el país.
Una sociedad no lo permitiría, sin embargo, lo expuesto sucede en la Argentina.



