En estos días es menester atender ciertos compromisos…..eventos, meriendas, cenas de fin de año, las cuales exigen una cierta estética normativa, a fin de inter-relacionarse con personas que parecen tener poco en común con uno mismo.
-“Aquí no se habla de religión ni de política”, advierte espléndida la anfitriona, luego de un discursillo que establece el horizonte temático de supermercado, el criterio de demarcación entre lo que es y no es relevante.
…….el muchacho que salio de la caverna, …..¿No habrá pensado que volver a liberar a sus compañeros no era una injerencia en sus existencias? ¿Volver no implicaba un abuso de confianza? ¿Una falta de delicadeza?
Aunque una cuestión es que los encadenados solo vean fenómenos, atados en el fondo de la caverna (según el decir del sabio); pero otra cuestión muy distinta, es que estén “encadenados a una tapa cloacal de baño público condenados a no poder percibir” (a) nada más que los epifenómenos pertinentes.
No, el muchacho habrá sentido ante la indignación, el impulso de volver “Rápido y furioso” a despertar la subjetividad en sus interlocutores, a través de la Ironía (re-formulada), la parodia y la sátira, para incomodar, desconcertar e irritarlos.
Kierkegaard, en alusión parabólica al drama de nuestros días, se refería al hombre que trabajaba en un Circo de Dinamarca, y que vestido de payaso, puesto que estaba por comenzar la función, corrió a alertar al pueblo sobre un incendio que amenazaba con consumir los campos secos y las cosechas. Nadie lo tomaba en serio, porque antes de escucharlo, solo veían como estaba vestido.
(El Cardenal Ratzinguer lo reseño en su excelente -a mi humilde entender- “Introducción al Cristianismo”)
En la cena de fin de año sucedía algo similar, en el horizonte de precomprensión progresoide de nuestros días, las gentes solo pueden interpretar lo que excede/desafía su horizonte, si es que previamente lo decodifican como objeto de “adorno excéntrico” fácilmente etiquetable. De allí las etiquetas con las que Multitud sentencia, en su temperamento de Juez, a quienes critica entre sonrisas de clericó.
Es una de las variables de su sistema judicial, con las que su Ignorancia se auto-protege y sienta jurisprudencia.
El payaso no molesta en la Caverna, no puede denunciar; por ello es menester caricaturizar la denuncia y al denunciante, y vestirlo de bufón o de demonio.
El drama en nuestra Caverna, es que cada vez son menos los que pueden darse el lujo de leer, comprender, criticar, escuchar, acercarse al Sol; y la mayoría solo atisba a arrodillarse ante el Imperio estatal científico modernista que invade y dictamina sobre moral, religión, salud (aborto), política (eficientismo), educación, y demás ámbitos de nuestra existencia; y así, de rodillas ante los fenómenos, solo se puede ver como han vestido al que advierte sobre el Incendio.
Aquel que vuelva a la Caverna de la mundanidad, tendrá que valerse de otra manera de comunicarse, de poner al trivial narcisista interlocutor -aquel que perdió la esperanza de ser- en la encrucijada de tener que tomar una Decisión, al no poder contradecir la Ironía.
G. K.
a. colaboración involuntaria de A. C.
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