
Los porteños no podemos supeditar nuestros derechos a los ataques de vaginitis ideológicas de Kretina.
Hoy se le quita a voluntad (la de Kretina), derechos a los vecinos de Soldati, mañana a los vecinos de Flores, Barrio Norte, Saavedra, Recoleta, etc.
Hoy te quitan la seguridad, mañana la salud, otro día la educación, reduciéndonos de ciudadanos, a esclavos.
No nos podemos resignar a ser esclavos de Kretina; o nos hacemos respetar, o seguiremos siendo tratados así.
El Gobierno Nacional busca eliminar la clase media, Odia a la clase media Argentina, la considera un enemigo a aniquilar. Luego de destruir al Campo, a las Fuerzas Armadas, el ataque a los medios de comunicación, a la Iglesia, a la Justicia, le llega el turno a todos los argentinos que día a día salen de sus hogares, para trabajar por el bienestar de sus familias y de la Nación.
Esto no es casualidad, es un plan urdido de manera muy cuidadosa, y se encuentra en ejecución metódica.
Estos progresistas montoneriles de izquierda usurera, pretenden un pueblo pobre, miserable, egoísta e ignorante, que pueda ser arreado como ganado, mediante el clientelismo, la falopa y la instauración del antagonismo resentido, mezquino y revanchista de manera permanente entre los esclavos. Sería la supresión del bien común, y la muerte de la Nación Argentina.
Un pueblo pobre, embrutecido mediante la irrupción de inmigración no calificada que es utilizada como mano de obra esclava, a la vez que de clientela electoral a través del reparto indiscriminado de Documentos Nacionales de Identidad.
El proyecto Kirchnerista, luego de haber destruido a la clase media, podrá controlar a un país esclavizado, mediante una indecente clase dominante enriquecida hasta el escándalo (integrada por la Partidocracia y sindicalistas), a través de la explotación de un pueblo degradado y embrutecido por los festivales musicales derecho-humanistas del “Pan y circo”.
Mientras escribo estas líneas, las usurpaciones se suceden una tras otra. A esta hora comienzan a enfrentarse los vecinos de la ciudad para defender a sus familias, a sus hogares, y quizás sin saberlo, a la Nación Argentina, o a lo que queda aún de ella.
G. K.
Hoy se le quita a voluntad (la de Kretina), derechos a los vecinos de Soldati, mañana a los vecinos de Flores, Barrio Norte, Saavedra, Recoleta, etc.
Hoy te quitan la seguridad, mañana la salud, otro día la educación, reduciéndonos de ciudadanos, a esclavos.
No nos podemos resignar a ser esclavos de Kretina; o nos hacemos respetar, o seguiremos siendo tratados así.
El Gobierno Nacional busca eliminar la clase media, Odia a la clase media Argentina, la considera un enemigo a aniquilar. Luego de destruir al Campo, a las Fuerzas Armadas, el ataque a los medios de comunicación, a la Iglesia, a la Justicia, le llega el turno a todos los argentinos que día a día salen de sus hogares, para trabajar por el bienestar de sus familias y de la Nación.
Esto no es casualidad, es un plan urdido de manera muy cuidadosa, y se encuentra en ejecución metódica.
Estos progresistas montoneriles de izquierda usurera, pretenden un pueblo pobre, miserable, egoísta e ignorante, que pueda ser arreado como ganado, mediante el clientelismo, la falopa y la instauración del antagonismo resentido, mezquino y revanchista de manera permanente entre los esclavos. Sería la supresión del bien común, y la muerte de la Nación Argentina.
Un pueblo pobre, embrutecido mediante la irrupción de inmigración no calificada que es utilizada como mano de obra esclava, a la vez que de clientela electoral a través del reparto indiscriminado de Documentos Nacionales de Identidad.
El proyecto Kirchnerista, luego de haber destruido a la clase media, podrá controlar a un país esclavizado, mediante una indecente clase dominante enriquecida hasta el escándalo (integrada por la Partidocracia y sindicalistas), a través de la explotación de un pueblo degradado y embrutecido por los festivales musicales derecho-humanistas del “Pan y circo”.
Mientras escribo estas líneas, las usurpaciones se suceden una tras otra. A esta hora comienzan a enfrentarse los vecinos de la ciudad para defender a sus familias, a sus hogares, y quizás sin saberlo, a la Nación Argentina, o a lo que queda aún de ella.
G. K.
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