
Dicen que el fútbol es el deporte más bello del mundo, allí hay belleza, se deja ver, asomándose entre patadas, largas carreras de atletas, olor a transpiración de brutos ventajeros, mercenarios de su amo dinero y groserías diversas enunciadas por personas que encuentran en el “fútbol” la manera de desahogar el resentimiento de todo aquello que los ha hecho sufrir desde niños, sea a través de encamarse con una pendeja “Patito fea” o en los millones acumulados en el Banco que suplantan al envalentonamiento que te otorgaba el “paco” en la “villa miseria”.
Entre la fealdad, sin embargo, se asoma el artista, aquél que puede quitarle el velo a la belleza oculta, para que todos podamos verla, deleitarnos con ella, música para el alma, inspiración de poetas.
El artista –y hoy me levante algo kantiano- no sabe muy bien lo que hace, no lo puede enseñar (“es ciego”), solo lo puede transmitir en el atisbo de una bengala en la noche, y a la vez, puede elevar a un manojo de brutos a la composición artística, le da la regla al arte: “el artista soy yo”.
Aristóteles en su Poética nos enseña que todo en la poesía se “puede aprender” en tanto la “Poética” es una techné, menos el “hacer buenos metáforas”: ¿Por qué Homero hace mejores metáforas que todos? “No lo sé, pero es así”.
“La causa es que Newton podría presentar, no sólo a sí mismo, sino a cualquier otro, en forma intuible y determinada en su sucesión, todos los pasos que tuvo que dar desde los primeros elementos de la geometría hasta los mayores y más profundos descubrimientos; pero ni un Homero ni un Wieland pueden mostrar como se encuentran y surgen en sus cabezas sus ideas, ricas en fantasía y, al mismo tiempo, llenas de pensamiento, porque ellos mismos no lo saben y, por tanto, no lo pueden enseñar a ningún otro” (Kant. Crítica del Juicio)
No se confundan, el artista no es aquel que nos muestra lo mostrenco, lo grotesco y lo feo, como esos “mediáticos” televisivos en sus grititos maricones de puta de bajo fondo, y que sin embargo así se autotitulan en la grosería de su soberbia, enaltecidos por el rating de la Multitud argentina, y por el dinero que les otorga el Gobierno Kirchnerista que los usa.
El artista es un pibe veinteañero, que nació con un problema físico que pudo superar en el exterior, y que cuando volvió a nuestro país, un Orco le pegó una trompada en Rosario, la hinchada lo silba, y los periodistas deportivos lo acusan de ser el culpable de los fracasos de la Selección.
En el film “Escape a la Gloria”, se ve a un oficial del Ejército alemán, ante el asombro de sus “compañeros” nazis, aplaudir a un “genio de color negro”.
¿Qué nos pasa a los argentinos que no podemos ver y aplaudir al artista cuando lo tenemos justo delante de nosotros mismos?
G. K.
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