
Hace minutos, se anuncio el “acuerdo” entre la Ciudad y la Nación sobre la usurpación.
Se les dará viviendas a los usurpadores.
¿Quién paga?
Nosotros, los idiotas.
De joven, inicie mi marcha, para conocer nuestro sub-continente. Hay ciertas cuestiones que uno hace de joven (viajar con lo justo, en micros y trenes mugrosos), y no las haría ahora, acostumbrado al confort y al éxito social.
Algo puedo decir de mis viajes, no he encontrado en toda Sudamérica, una Ciudad tan bella como la nuestra. Se me dirá, que uno ama la tierra donde nació, y que estoy mediatizado por ello. Sí, pero debo confesar, que he descubierto a la Ciudad desde el exterior; a todos aquellos porteños a quienes he tratado de manera cruel, brutal y despiadada, debo pedirles disculpas, porque en el fondo, no son los mercenarios, mercaderes, esclavos, egoístas, pobres de espíritu y carenciados de alma con los que me encontré en el exterior. No digo que todos sean así, pero los que no lo son, son una minoría.
Aquí ocurre (ocurría) a la inversa.
La Ciudad esta llena de gente con una riqueza espiritual rebosante, y en el ámbito que sea, hay talento. Así que pensé que esta Ciudad tenía todo para ser la Atenas de Occidente, la locomotora espiritual y cultural de toda Sudamérica.
Más no fue así, con una precisa y paciente metodología, la Ciudad y sus habitantes, fueron llevados al ámbito del embrutecimiento, de la degradación humana que condena al que sobresale y premia al mediocre; de la masificación que fusila al individuo y que es prisionera de la lujuria corruptiva desatada por Tinelli, del “Pan y Circo” de los festivales musicales del régimen, y de la realidad explicada a los ignorantes por el Ministro de turno, los bestias de “6-7-8” y demás lacayos despreciables, a los que solo les creen los esclavos.
Hoy, los porteños debemos asumir el costo –y no me refiero solo a lo material-, de haber sido extorsionados. Cada uno de nosotros deberá pagar con los impuestos, a la clientela electoral mano de obra esclava importada ad hoc, por Kretina Kirchner.
No olvidemos nunca los ciudadanos de Buenos Aires, que Kretina Kirchner nos retiro el derecho a nuestra seguridad, y nos extorsiono para que financiemos el costo social de su clientela electoral integrada por cientos de miles de esclavos embrutecidos.
Y no es posible construir una Atenas de Sudamérica con esclavos.
G. K.
Se les dará viviendas a los usurpadores.
¿Quién paga?
Nosotros, los idiotas.
De joven, inicie mi marcha, para conocer nuestro sub-continente. Hay ciertas cuestiones que uno hace de joven (viajar con lo justo, en micros y trenes mugrosos), y no las haría ahora, acostumbrado al confort y al éxito social.
Algo puedo decir de mis viajes, no he encontrado en toda Sudamérica, una Ciudad tan bella como la nuestra. Se me dirá, que uno ama la tierra donde nació, y que estoy mediatizado por ello. Sí, pero debo confesar, que he descubierto a la Ciudad desde el exterior; a todos aquellos porteños a quienes he tratado de manera cruel, brutal y despiadada, debo pedirles disculpas, porque en el fondo, no son los mercenarios, mercaderes, esclavos, egoístas, pobres de espíritu y carenciados de alma con los que me encontré en el exterior. No digo que todos sean así, pero los que no lo son, son una minoría.
Aquí ocurre (ocurría) a la inversa.
La Ciudad esta llena de gente con una riqueza espiritual rebosante, y en el ámbito que sea, hay talento. Así que pensé que esta Ciudad tenía todo para ser la Atenas de Occidente, la locomotora espiritual y cultural de toda Sudamérica.
Más no fue así, con una precisa y paciente metodología, la Ciudad y sus habitantes, fueron llevados al ámbito del embrutecimiento, de la degradación humana que condena al que sobresale y premia al mediocre; de la masificación que fusila al individuo y que es prisionera de la lujuria corruptiva desatada por Tinelli, del “Pan y Circo” de los festivales musicales del régimen, y de la realidad explicada a los ignorantes por el Ministro de turno, los bestias de “6-7-8” y demás lacayos despreciables, a los que solo les creen los esclavos.
Hoy, los porteños debemos asumir el costo –y no me refiero solo a lo material-, de haber sido extorsionados. Cada uno de nosotros deberá pagar con los impuestos, a la clientela electoral mano de obra esclava importada ad hoc, por Kretina Kirchner.
No olvidemos nunca los ciudadanos de Buenos Aires, que Kretina Kirchner nos retiro el derecho a nuestra seguridad, y nos extorsiono para que financiemos el costo social de su clientela electoral integrada por cientos de miles de esclavos embrutecidos.
Y no es posible construir una Atenas de Sudamérica con esclavos.
G. K.
No hay comentarios:
Publicar un comentario