Balbuceaba a duras penas sin poder relacionar los conceptos estudiados, y yo no podía entender como se podía presentar, sin haber comprendido aquello que se necesitaba para aprobar la asignatura, se exponía a una tortura voluntaria.
Mientras me disponía a enviarla al próximo turno de examen (a marzo), observe el lienzo que atraía mi mirada, el cual se encontraba sobre un alejado escritorio, ella lo había pintado para el Final de “Plástica”.
Recordé como una y mil veces, la había admonizado para que abandonara sus impulsos de realización estética en clase, a fin de que me prestara más atención.
A veces, sin darnos cuenta, incurrimos en lo que yo denomino “apariencia trascendental”; es decir, tenemos la tendencia a pensar la realidad en la perspectiva que a nosotros nos apasiona, y esperamos los resultados y respuestas de acuerdo a esa perspectiva; y cuando no llegan, nos desilusionamos. Quizás sin advertir que “las cosas perseveran en su ser”, y que a pesar de todas las admoniciones que hubiese recibido en las distintas asignaturas, ella pintaría su lienzo.
Mientras me disponía a enviarla al próximo turno de examen (a marzo), observe el lienzo que atraía mi mirada, el cual se encontraba sobre un alejado escritorio, ella lo había pintado para el Final de “Plástica”.
Recordé como una y mil veces, la había admonizado para que abandonara sus impulsos de realización estética en clase, a fin de que me prestara más atención.
A veces, sin darnos cuenta, incurrimos en lo que yo denomino “apariencia trascendental”; es decir, tenemos la tendencia a pensar la realidad en la perspectiva que a nosotros nos apasiona, y esperamos los resultados y respuestas de acuerdo a esa perspectiva; y cuando no llegan, nos desilusionamos. Quizás sin advertir que “las cosas perseveran en su ser”, y que a pesar de todas las admoniciones que hubiese recibido en las distintas asignaturas, ella pintaría su lienzo.
G. K.
Nota: Por cierto, el lienzo es una maravilla del arte contemporáneo.
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