Querido diario:
En las Escuelas de Arte, al llegar al aula es común encontrar taburetes y diversos elementos de creación artística, sobre todo, si llegas a la Institución en una pre-hora, justo donde los ordenanzas almuerzan o celebran sus actos conspirativos sindicalistas.
Se solicita colaboración a los alumnos, quienes proceden, con buena disposición, a despejar el aula por su cuenta. Sin embargo, una alumna de curiosas disposiciones neuróticas, trata de inhibir aquella noble conducta proclamando que “eso” es tarea de otras personas, y que a ellos no les pagan por “limpiar el aula”.
Antes de referirme a su mezquindad, egoísmo y grosero talante, pensé al mirarla, en lo que se había convertido la Argentina. ¿Cómo construir una Nación fundada sobre el bien común, si los argentinos solo siguen su interés particular? ¿Cómo formar ciudadanía con personas que solo están dispuestas a exigir, pero nunca a comprometerse con ninguna obligación? ¿Cómo formar hombres responsables que merezcan vivir, si ante cualquier falencia que lleven consigo, la culpa siempre es del “otro”?
Recuerdo que los romanos, ante una presencia perturbadora en la Legión, procedían a diezmarla. Propuse algo similar a la asesora pedagógica, diezmar la división mediante exámenes éticos que manifestaran una fineza de espíritu, que acompañara al desarrollo intelectual y a la grandeza del alma; pero al igual que mis otras propuestas –como aquella de volver a instaurar el cajón de maíz para que los alumnos díscolos rezarán allí, de rodillas, por el perdón de sus fechorías al Altísimo-, han sido desestimadas.
G. K.
Anexo de lectura prescindible.
Aristóteles escribió su política, pensando en sus griegos, o en aquellas almas que se les asemejaran; ¿Qué escribiría Aristóteles sobre la “Política” hoy en día, si lo tuviera que hacer pensando en los argentinos?
“Si existe un fin de nuestros actos querido por sí mismo, y los demás por él; y si es verdad también que no siempre elegimos una cosa en vista de otra…es claro que ese fin último será entonces no sólo el bien, sino el bien soberano. …el bien de que hablamos es de la competencia de la ciencia soberana, y más que todas arquitectónica, la cual es, con evidencia, la ciencia política.
Desde el momento que la política se sirve de las demás ciencias prácticas y legisla sobre lo que debe hacerse y lo que debe evitarse, el fin que le es propio abraza los de todas las otras ciencias, al punto de ser por excelencia el bien humano.
Es cosa amable hacer el bien a uno solo; pero más bella y más divina es hacerlo al pueblo y a las ciudades”.
Aristóteles. La Política. Libro I,Capítulo 2.
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