Leni Riefenstahl (Olimpia) y Heidegger.
En la Argentina, la mayoría de la gente no tiene los rasgos físicos de las modelos que aparecen en las portadas de las revistas, rubias y esbeltas, y sin embargo son las más requeridas por Publicidad.
La estética pagana no vuelve, nunca se fue.
El Partenón surgió de creencias de generaciones enteras del pueblo helénico. Nos introduce en la grandeza de aquella civilización, nos acerca a su esencia, según Heidegger.
“Un mundo no es una mera agrupación de cosas presentes contables o incontables, conocidas o desconocidas… Un mundo hace mundo y tiene más ser que todo lo aprensible y perceptible que consideramos nuestro hogar”. (Origen de la obra de arte, pp. 31-32)
“Hace mundo”, se hace con la lectura del espectador, e inaugura significados, aunque el Partenón este rodeado de grillos, ruinas, rocas, matos de pasto volando en el viento, nubes de polvo, y desafié a través del tiempo a las tempestades. La obra se muestra, no se corroe, no se degrada.
La obra muestra, pero a la vez oculta, “muestra que oculta”, encierra un enigma, es una reserva de significados que espera al receptor adecuado. Son los ancestros que claman por “una vuelta al origen” (Hölderlin), quizás a un país natal, es decir, volver a los comienzos, volver al paganismo germano, previo a la domesticación pergeniada tan hábilmente por los cristianos, en una pedagogía de largo aliento.
Heidegger pudo vislumbrar en que termino todo esto.
G. K.
4 sept 2009
Estética pagana. Episodio II
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