“Solo cuando me pongo a escribir me siento bien. Olvido entonces los disgustos de la vida y los sufrimientos; me encuentro con mis pensamientos y me siento feliz.
Es suficiente que me interrumpa un par de días para que enseguida me sienta mal, lleno de molestias y achaques, con la cabeza pesada y oprimida. Semejante ímpetu, tan rico, inagotable, mantenido a diario durante los últimos dos años y que fluye con tanta abundancia; un ímpetu así no puede dejar de ser una vocación divina.
Si esta abundancia de pensamientos que aún se agitan en mi alma debiera de ser reprimida, representaría para mí un martirio y un tormento y ya no sería capaz de nada”.
(Sören. Diario VII, A 106.)
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