Nos encontramos en el edificio del Joaquín, en la cátedra de Filosofía de la Historia, especial sobre Hegel y el Absoluto.
Antes de ingresar al edificio, notamos que la lluvia que cubre la ciudad, es algo extraña, aunque no sabemos porqué.
Mientras escuchamos que “Dios deviene, se va haciendo, no es la suma de las perfecciones, sino de las negaciones; lo absoluto es el proceso infinito de su indeterminación, lo verdadero es el proceso mismo, considerado en su totalidad infinita y en sus momentos”, etc.,...
...suena la voz monocorde del altoparlante: “Estimados, les advertimos que han puesto una bomba en el edificio y el mismo estallará en 1 minuto”
Hay que salir del edificio ¡es impresicindible!, puesto que yo quiero vivir; entre nos, confieso que me quiero “muy” mucho, me gusto, verme al espejo cada mañana es mi Red Bull energizante, y en ocasiones, cuando nadie me ve, suelo besarme el dorso de mi propia mano. Al amarme a mí mismo, estoy en condiciones para afrontar la condición de la religión del amor: “Amar al prójimo como a mí mismo”.
Es decir, no soy un instrumento de la historia, un momento a ser superado en la manifestación del Espíritu, sino el que hace la historia, en tanto que existo, porque aunque el presente no es lo histórico, este último no es necesario, sino consecuencia de la libertad, el cambio de la realidad por medio de la libertad de Marco Antonio a enamorarse de Cleopatra. Si fuese necesario que Marco Antonio se enamorara de Cleopatra, no habría libertad.
Me dirijo hacia el ascensor, y justo al abrirse la puerta, vuelve a sonar la voz del altoparlante:
“El servicio meteorológico informa que la lluvia que cubre la ciudad, no es el preliminar de la tempestad de Santa Rosa, sino que es una nube radiactiva proveniente de la explosión de la Central atómica Atucha. En otras palabras, si salen del edificio, se prenden fuego vivos por la radiación. Buenos días”.
Solo tenía un paraguas de flores multicolores, un tanto desvencijado, que a duras penas podía protegerme de la llovizna; mucho menos de una tempestad radioactiva. De todas maneras el paraguas no era mío, sino que lo había tomado prestado, antes de salir de casa. Quería devolverlo, soy una persona agradecida.
Alternativas:
1) Si me quedo en el edificio, vuelo en mil pedazos. – Quiero vivir.
2) Si salgo, me prendo fuego por la radiación. – Quiero devolver el paraguas.
Se descubre ante mí una situación en la que no puedo pensar, debo elegir en mi libertad, y esa elección hará lo histórico. Luego, no existe el Absoluto, existe la elección ante lo paradojal de la vida misma.
G. K.
12 sept 2009
Diario de un estudiante de filosofía. Hegel vs. Kierkegaard
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Diario de un estudiante de Filosofía
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