...Hace tiempo leímos en un diario yanki una noticia curiosa: que los israelitas de Nueva York querían hacer una revisión jurídica del proceso a Cristo; es decir, reunir otra vez el Sinedrio, rever testimonios y pruebas, y dictar sentencia definitiva. No sé si se hizo. Lo curioso sería que lo hubiesen hecho y hubiesen condenado de nuevo a muerte al Nazareno ése, que tanto ha dado que hacer. La verdad es que en todo rigor debían hacer eso; porque si llegaran a absolverlo, tenían que volverse todos cristianos, o mejor dicho, ya lo serían.
Pero si lo han hecho, lo probable es que la sentencia no ha sido ni guilty, ni non guilty; sino una sentencia de notproven o out of legality; nulo por irregularidad de forma jurídica. El proceso a Cristo ha sido altamente ilegal.
El P. Luis de Palma S. J. en su clásica obra "Historia de la Pasión" ha reseñado en una página maestra las ilegalidades de ese rabioso proceso, que fue una monstruosidad jurídica.
El Sinedrio o Tribunal Supremo se reunió en el tiempo pascual, cosa que les estaba vedada; se produjeron testigos falsos y contradictorios;
no hubo testigos de descargo;
no se dio al reo un defensor, al responder a una pregunta del juez, el acusado fue abofetado, se tomo una respuesta del reo como prueba y el juez se convirtió en fiscal;
la respuesta del Sinedrio no se dio por votación; se celebraron dos sesiones en el mismo día, sin la interrupción legal mandada entre la audición y la sentencia;
el sentenciado fue diferido a la autoridad romana, que ellos no reconocían como legítima y que –como les advirtió el mismo Pilatos- no entendía jurisdiccionalmente de delitos religiosos;
la acusación promovida en el Pretorio (“Éste se ha hecho Dios y por eso debe morir”) no era delito en ese Tribunal;
el reo fue tundido a azotes, que era el comienzo de la crucifixión, antes de la sentencia prolata;
el delito de conspiración contra el César, que promovieron después, no era pasible de crucifixión, ni siquiera de muerte, como lo era la sedición a mano armada y la traición al ejército imperial, cosas que manifiestamente no hizo Cristo;
y finalmente atrás otras dos irregularidades menores, el pazguato de Pilato no profirió la sentencia oficial: Ibis ad crucem, sino que dijo malhumorado: “Agárrenlo ustedes y hagan lo que quieran”, cosa que un juez no puede hacer, porque es abdicar su oficio;
después de haber la fantochada de lavarse las manos con lo que creyó quedar bien con Dios, con los judíos y con su mujer;
y después de haber proclamado públicamente la inocencia del acusado: “Non invenio in eo culpam” (“No encuentro culpa en él”), lo mandó al patíbulo.
…pero donde se equivoca Palma es en enrostrar a os fariseos todas esas fallas del “procedimiento”; en este caso no tienen importancia maldita.
Si Cristo no era lo que Él decía, había que darle muerte por encima de todo procedimiento; y eso en virtud del sentimiento religioso.
Era un blasfemo; y por cierto, el blasfemo más extraordinario que ha existido. Por eso, ellos no tuvieron reparos en des-responsablar a Pilato: “Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. Esto era un juramento tremendo, que los latinos llamaban execración.
Porque la cuestión en causa no era la sedición contra el César –que ellos deseaban con toda el alma, los hipócritas- ni si Cristo había dicho que iba a destruir el Templo y reedificarlo en tres días –que ellos sabían no había dicho- ni nada por el estilo. La cuestión real era: ¿Cristo es lo que él dijo o no? Esta es la cuestión más tremenda que se ha puesto en la historia de la humanidad: cuestión de vida o muerte.
Los cristianos creemos que la dispersión secular del pueblo judío –que ahora se esta por terminar- es la respuesta a aquella execración de los fariseos: “Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. ¿Por qué “sobre nuestros hijos”? ¿No es injusto eso? Aquí hay un misterio.
En realidad, todo judío que por su culpa no se vuelve cristiano, da su aquiescencia a la condenación de Cristo; porque ellos tienen en sus manos las Escrituras con todas las profecías (la pieza maestra del proceso, el testigo que no se llamó) y nadie tan bien como ellos pueden entender de esta causa. Decir esto parece duro y tremendo; y en realidad lo es. Pero la cuestión es ésta: o fue Dios o no fue Dios, y no hay evasiva ni respuesta intermedia posible. O blasfemo, o mi Creador y Señor.
Dejemos en paz a los judíos si no es para rogar pro ellos, como ruega la Iglesia el Viernes Santo: demasiado han sufrido. Lo malo es la segunda crucifixión de Cristo que hacemos los cristianos…
…en la vida pública de las naciones llamadas cristianas, desde la Reforma acá, un largo e infausto Vía Crucis ejecuta al Cuerpo Místico de Cristo. Los caifás, los judas, los pedros, los herodes, los pilatos se multiplican; y todos los gestos de aquella nefasta hazaña se reproducen simbólicamente: se lo niega, se lo calumnia, se lo impreca, se lo azota y se lo crucifica. Y se lo sepulta.
Las naciones parecen en camino de crucificar nuevamente a Cristo; y de gritar al cielo: “que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos”.
Leonardo Castellani
El Evangelio de Jesucristo. (Domingo de Pasión -II-).
Ed. Vórtice. Argentina. 1997. pp. 159-62.
1 comentario:
Es interesante lo que comentas, además ampliamente conocido el juicio injusto sobre el cual Jesus fue procesado, más aún que acabo de leer una página de internet donde dice ¿porque los judios no creen en Jesus? y pueden hablar de todo, pero lo que no comentan es el juicio de Jesus y la razon por la que fue condenado a muerte. Soy Católica y creo en Dios, aunque es bueno saber los pensares de otras religiones, sin olvidar la propia. Salu2!!!
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