19 abr 2009

El Abismo del Mal




¡Te odio Chester!!! ¡Odio tu historia! ¡Odio a Barrio Norte! ¡Odio a San Isidro! ¡OOODIO A PALERMO! (no me importa que viva en Lugano ni que juegue en Boca, el apellido lo delata ¡como oligarcaaa fachooo!)

¡Odio tu manera de referirte a Kristina! ¡Oligarca! ¡Odio tu manera ampulosa de escribir! De pensar, ¡los vamos a exterminar! ¡A todos los que no piensen como nosotros los vamos a Maaatar! ¡A todos los que hayan cambiado el auto en los últimos dos años! ¡A los que almuercen salmón en familia, en Semana Santa! ¡A los que entren en una Catedral, y no la utilizen de baño público como la Abuela del Pueblo, la Hebe! ¡A los que usen remeras Bensimon! (las carteras Gucci están permitidas) ¡OligarcAAAs!

¡Estoy lleno de Odio visceral!, ¡adiestro a mis temibles guardias rojos en un odio furioso para enfrentar a la venganza oligárquica!

¡Te odio porque te burlas del pedagogo (parodia del Maestro) de los oprimidos Paulo Freire! ¡Te Odio porque te burlas de los programas zurdos de estudios que imparte el Ministerio!

¡Odio a la puta Derecha! (aunque no sepa muy bien que es “eso”) –el odio no necesita definir-

¡Tengo el mismo Odio que el “Che”! el Odio es el motor movilizador de la acción!

¡La Acción Chester! La Acción por sobre la contemplación. ¡Odio al Logos! Porque como lo decía "sutilmente" Piaget: “el pensamiento es acción”, no como ladraba el facho oligarca de Aristóteles en cuanto primero contemplamos y luego actuamos, es decir “o contemplamos o contemplamos”.
Lo mío es una praxeología, un logos que es acción, porque mis piqueteros no necesitan pensar, solo actuar.

Lo mío es acción Chester, por eso odio tu puta filosofía, a todos esos fachos de Platón, Aristóteles, San Agustín, Sto. Tomás, Pascal, Kierkegaard, ¡¡¡los vamos a colgar a todos de la Plaza de Mayo! ¡Oligarcas!

Esta es mi visión de una Argentina sin fachos. El odio nos va a llevar al amor ¡Odio al mal!

Luis D’ Elía.



Nota: Decía Santo Tomás (De Malo, II), que cuando un alma permanecía en el pecado, esta poco a poco va alterando el bien en su propia naturaleza, es decir, aunque se mantiene intacta en cuanto a la misma, el alma va perdiendo aptitud de alcanzar al Bien, se aleja más y más a medida que transcurre el tiempo, transformando al ser humano en un Orco.

El filósofo Caturelli trato este tema en su "El abismo del mal" (lectura recomendada).

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