
“Jesucristo tiene ahora muchos amadores de su reino celestial, más muy poquitos que lleven su cruz. Tiene muchos que desean la consolación, y muy pocos que quieran la tribulación. Muchos compañeros para la mesa, y pocos para la abstinencia: todos quieren gozar con Cristo, más pocos quieren sufrir algo por Él. Muchos siguen a Jesús hasta el partir del pan, más pocos a beber el cáliz de la pasión. Muchos honran sus milagros, más pocos siguen el vituperio de la cruz”.
(Tomás de Kempis. Imitación de Cristo. L. II, cap. XI)
Kierkegaard. Ejercicio del Cristianismo (a)
1. La invitación de Cristo
La primera parte del libro consiste en una invitación: el invitante es el mismo Cristo, y la invitación tiene como objeto despertar las conciencias y producir un proceso de interiorización. El texto de la Sagrada Escritura que sirve a Anti-climacus para desarrollar esta primera parte es Mt XI, 28:
«Venid a Mí todos los fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré».
El invitante puede acudir en ayuda al mundo, puede socorrer a todos los que tengan una necesidad. Es más, a diferencia de otros médicos, el Médico divino no da una medicina sofisticada, sino que se da a Sí mismo. El Invitante va hacia el encuentro de los que sufren, de los angustiados, y se detiene junto a ellos con una paciencia nunca vista. La invitación está llena de dulzura y condescendencia:
«Venid a Mí todos vosotros»
Cristo abre sus brazos dispuesto a recibir a todo aquel que tenga necesidad de Él. Por eso, la invitación es también una prueba de selección: todos están invitados, pero no todos sabrán responder a la invitación.
La invitación de Cristo se relaciona con el entero sentido de la producción kierkegaardiana: su antropología dialéctica y los análisis de la desesperación como no aceptación de la necesaria fundación en Dios desembocan en esta invitación al descanso en el amor del Hijo de Dios. Él supera todas las contradicciones existenciales. Pero el camino para seguirlo, después de haber aceptado la invitación, es al mismo tiempo, como veremos, amable y arduo.
Después de haber presentado al Invitante y a la invitación, la escena se convierte en más dramática: frente al lector pasan diversos tipos humanos, representantes de la mundanidad, que no sabrán responder a la dulce invitación.
El filósofo, el pastor, el político, el burgués satisfecho de sí, el cínico no están preparados para acoger la invitación. Todos estos personajes son desesperados que no quieren curarse de su enfermedad a través de la fe. Sin embargo, Cristo insiste en su invitación, dirigiéndose a los olvidados de este mundo, a los leprosos, a los locos, a los pobres, a los enfermos del cuerpo y del alma:
«Venid a Mí todos vosotros, que Yo os aliviaré».
“Cuanto más y mejor entiendes, tanto más gravemente será juzgado si no vivieres santamente; por eso no te ensalces por alguna arte o ciencia que sepas, más teme del conocimiento que de ella te fue dado. Si te parece que sabes mucho y entiendes muy bien, ten por cierto que es más lo que ignoras. No quieras saber altivamente, más confiesa tu ignorancia. ¿Por qué te quieres tener en más que otro, como se hallen muchos más doctos y sabios que tú? Si quieres saber y aprender algo provechosamente, desea que no te conozcan y que te estimen en nada”.
(Kempis. Imitación de Cristo. L. I, cap. II)
La actitud del imitador es distinta de la del admirador (b):
«Un imitador es o aspira a ser lo que admira; un admirador en cambio permanece personalmente fuera: en modo conciente o inconciente él evita ver que aquel objeto contiene, por lo que a él respecta, la exigencia de ser o al menos de aspirar a ser lo que él admira»(41).
Anticlimacus pone un ejemplo muy claro de un admirador: el joven rico (Mt XIX, 22), que admiraba a Cristo pero que no se decidió a seguirle e imitarle. El test para saber si uno es cristiano es precisamente la imitación de Cristo. ¿Qué nos ha dejado el Modelo? Cristo nace en la humildad, vive pobre, abandonado, despreciado y humillado.
Nuestra existencia terrena es un examen sobre la imitación del modelo. «Ser hombre, vivir en este mundo, significa ser puesto a prueba, y la vida es un examen»(42).
a y b. Mariano Fazio. Una senda en el bosque. Guía del pensamiento de Kierkegaard.
41 KIERKEGAARD, S., Esercizio del Cristianesimo, op. cit., p. 298. Kierkegaard subraya que no se debe exagerar la figura de Cristo como Modelo, en el sentido de que en cuanto Redentor y Salvador no podríamos nunca imitarlo:
«Si se quiere tomar la contemporaneidad con Cristo como criterio del ser cristianos, hay que hacer una observación. Lo que en distintos escritos he desarrollado sobre la "contemporaneidad", es decir que ella constituye el criterio de medida, es absolutamente verdadero desde el punto de vista poético, histórico y ético, y conserva por lo tanto su valor; en un cierto sentido es válido también respecto a Cristo como persona histórica. Pero Cristo es al mismo tiempo una realidad dogmática. Aquí está la diferencia.
Su muerte es la Redención (...). Por lo tanto no se puede entender literalmente que Cristo es el Modelo, y que no debo hacer otra cosa sino quererle imitar. En primer lugar, necesito de su ayuda para poder asemejarme a Él. En segundo lugar, en cuanto Él es el Salvador y el Redentor de los hombres, yo no puedo parecerme a Él» (X1 A 132). Cfr. SCHOEPFLIN, M., Dall"ammirazione all"imitazione di Cristo, en AA.VV., Kierkegaard. Esistenzialismo e dramma della persona, Morcelliana, Brescia 1985, pp. 203-211.
42 Ibid., p. 241.
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