6 mar 2009

ARGENTINA TIENE HÉROES




¡Viva la Confederación Argentina!


¡Mueran los salvajes unitarios!



¡Milicianos del departamento del norte! ¡Valientes soldados federales, defensores denodados de la independencia de la República y de la América!


Los insignificantes restos de los salvajes traidores unitarios que han podido salvar de la persecución de los victoriosos ejércitos de la Confederación y orientales libres, en las memorables batallas de Arroyo Grande, India Muerta y otras; que pudieron asilarse de las murallas de la desgraciada ciudad de Montevideo, vienen hoy sostenidos por los codiciosos marinos de Francia e Inglaterra, navegando las aguas del gran Paraná, sobre cuya costa estamos para privar su navegación bajo de otra bandera que no sea la nacional…

¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis!... Considerad el tamaño del insulto que vienen haciendo a la soberanía de nuestra patria, al navegar las aguas de un río que corre por el territorio de nuestra República, sin más título que la fuerza con que se creen poderosos.

¡¡Pero se engañan esos miserables: aquí no lo serán!!... Tremole en el río Paraná y en sus costas el pabellón azul y blanco, y muramos todos antes de verlo bajar de donde flamea.


Sea ésta vuestra resolución, a ejemplo del heroico y gran porteño, nuestro querido gobernador brigadier don Juan Manuel de Rosas, y para llenarla contad con ver en donde sea mayor el peligro a vuestro jefe y compatriota el general

Lucio Mansilla



¡Viva la Patria! - ¡Viva la independencia! - ¡Viva su heroico defensor don Juan Manuel de Rosas! - ¡Mueran los salvajes unitarios y sus viles aliados los anglo-franceses! (a)


Voluntario de guerra.


A los 13 años, abandono el aula y empuñó las armas para defender el terruño, hollado por el invasor británico y lo vemos sereno y feliz, transportando como sirviente de pieza los proyectiles que los bisoños soldados arrojan sobre el enemigo.
En 1807 fue soldado voluntario del 4° Escuadrón de Caballería Migueletes, comandado por el Capitán Castex. Mereció el grado de alférez sobre el campo de la victoria.



Estadista,


de primera magnitud, porque la serie de tratados internacionales o de todo orden, concertados durante sus gobiernos (navegación, comercio, amistad, de paz, etc.), fueron obra exclusiva de su talento e inspiración –e incluso eran redactados por el mismo Rosas-, siendo sus resultados tan beneficiosos para la Confederación que su gratuito detractor don Domingo F. Sarmiento, el “multipatrias”, no reparó en solicitar al doctor Nicolás Avellaneda, una colección de los mismos, “como elemento de consulta”, “y que los unitarios – agregaba Sarmiento- han suprimido después con aquella habilidad con que sabemos rehacer la historia” (Observe el lector la bajeza del “gran maestro” que después de plagiar, destruyó la prueba que podía desenmascararlo, pero que, como acaece en todos los actos delictivos, quedó la carta acusadora que la conciencia del Dr. Avellaneda, no le permitió hacer desaparecer).


Modesto,


porque no aceptó el grado de Gran Mariscal, creado para él expresamente, considerando haber alcanzado la jerarquía de Brigadier General, la más alta del escalafón militar; que rechazó los títulos honoríficos de Ilustre Restaurador de las Leyes, Héroe del desierto, Defensor de la independencia americana, etc…. Agregando que tantos agasajos, como lo prueba la historia, suelen “conducir a los hombres públicos hasta la silla de los tiranos”.



Diplomático,


habilísimo, lo evidencio en sus famosos tratados con los anglo franceses, en los que no solo salvo el honor nacional, sino que demostró a esos poderosos Estados que la Confederación Argentina era un hueso difícil de roer y a la que debía respetarse en todos los terrenos.



Católico,


porque impregno su acción de gobierno de la filosofía católica. Manteniendo vivida la fe que le inculcaron sus mayores, no olvidó jamás de agradecer al Altísimo el sustento diario, en breve y emotiva oración y su primera medida al llegar a un pueblo conquistado a los unitarios era reconstruir la capilla que éstos ocupaban para simples menesteres.


Raúl Rivanera Carlés


ROSAS. Ensayo biográfico y crítico del Brigadier General de la Confederación Argentina y fundador del Federalismo.


(a) Arenga pronunciada momentos antes del glorioso combate de La Vuelta de Obligado (en, RIVANERA CARLÉS. Rosas. Apus. 1979. Argentina. p. 156)

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