2 nov 2008

Historia de la Iglesia




“…y el libro de los Hechos muestra ya un episodio suyo en los primeros capítulos (III y IV). Sin duda fue poco tiempo después de Pentecostés; Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la hora nona.
Habían cruzado ya el patio de los paganos, en el que podía entrar cualquiera, aun incircunciso, y el ruidoso amasijo de las mesas de los cambistas, los vendedores de ganado para el sacrificio, los curiosos y los paseantes.
Subían la escalinata del atrio, cuando un paralítico les pidió limosna. Y San Pedro les respondió:
“No tengo ni oro ni plata, pero lo que tengo te lo doy. ¡Levántate y anda, en nombre de Jesús de Nazareth!”.
Difundiose el rumor del milagro, y la muchedumbre se abalanzó hacia el pórtico de Salomón, donde rodeo al taumaturgo. Y el Apóstol aprovechando la ocasión para afirmar que, efectivamente, había sido en nombre de Jesús, del mismo modo que fue crucificado, como se había realizado tan asombrosa curación. Repitió su fe en Jesús como Mesías. Quienes le escuchaban, quienes mataron al Maestro e incluso sus jefes, pecaron por ignorancia. Pero, ¡que se arrepintieran!, ¡que se convirtiesen!

En este momento surgieron unos sacerdotes y el comandante de los guardias del Templo, los cuales se apoderaron de los Apóstoles y los encarcelaron.

Prohibieron a los dos hombres que hablaran y enseñasen en nombre de Jesús. Y fue entonces cuando Pedro y Juan dieron la respuesta que iba a ser el axioma fundamental de la propaganda cristiana: “¡No podemos callar las cosas que vimos y oímos!” “Vale más obedecer a Dios que a los hombres”. (Hechos, IV, 20)

¡No podían callarse! Cuanto más se los persiguiera, más fuerza y más audacia tendrían, “alegres porque se les hallara dignos de padecer oprobios en nombre de Jesús”.

En la segunda detención de los Apóstoles, el Rabbi Gamaliel intervino a favor de Pedro y Juan: “No persigáis a esa gente. Si su empresa viene de los hombres, se destruirá por sí misma; si viene de Dios, ¿Qué podéis contra ella?”

La expansión del cristianismo empezó así, inmediatamente después de su fundación y ya no ha cesado nunca. Ese es el rasgo más impresionante de su historia.
La Iglesia no es una entidad anquilosada, definida y delimitada de una vez para siempre: es una fuerza viva que progresa, una realidad humana que se desarrolla en la sociedad, según una ley que cabría llamar orgánica, por lo bien que sabe adaptarse a las circunstancias, utilizar para sus fines las condiciones de lugar o de tiempo, ser prudente en su audacia y lentamente persuasiva hasta en las rupturas que determina, sin que jamás pierda de vista su único fin, que es la implantación del reino de Dios”.

(Daniel Rops. Historia de la Iglesia. La Iglesia de los Apóstoles y de los Mártires).


Cuenta la leyenda sobre aquel día en que Chesterton asistió a una misa con un amigo. Escucho el sermón, y a la salida le dijo a su amigo: “Me voy a convertir al catolicismo”.
-¿Por el sermón?, pregunto el amigo extrañado, puesto que el mismo había sido un desastre.
-Sí, contesto Chesterton. Si la Iglesia ha sobrevivido 2.000 años, predicando sermones como este…. tiene que ser verdadera.

Al estudiar la Historia de la Iglesia, en muchas ocasiones surge la cuestión de que….¡No puede ser! ¡¿Por qué si empresas humanas tan poderosas como el Imperio romano, hoy son ruinas, …porque no le ocurrió lo mismo a la Iglesia?!
¿Por qué a todos sus enemigos (¡poderosísimos!) a su debida hora, los ha rociado con agua bendita el día de sus respectivos funerales?

Los que no tienen fe y no admiten lo sobrenatural se sienten espantados o …admirados (es el caso de Gramsci, quien ha dedicado sus días en la cárcel para escribir manuales sobre como destruirla).

Los planes de estudio de nuestros escuelas y universidades, no tienen una currícula que aborde la Historia de la Iglesia, solo tienen una visión del cristianismo mitologizado…(para niños), pero no conocen su historia.

Los hombres naturales que diseñaron las curriculas, fueron muy eficientes en su propósito al excluir tales estudios.… no vaya a ser que surja la sospecha de lo sobrenatural.

G. K.

1 comentario:

Carlos Andrés dijo...

Cuentan que alguna vez Napoleón le dijo al Papa que ahora si destruiría la Iglesia, a lo que el Papa contestó lacónicamente: "Si no hemos podido desde adentro ¿acaso vas a poder tú desde fuera?"

Gracias Chesty!