13 nov 2008

DIARIO DE UN SEDUCTOR. Episodio XVI: No encuentro el modo de olvidarme de tí.




Ella esta a punto de embarcar, ¿adonde?; solo era un nuevo comienzo para un alma que iba adonde la llevará el viento.

“El verano eterno”, el que estaba al alcance de unos cuantos “puntos”, de un débito que ella no veía en su resumen de cuenta. La “bonificación”, las “millas” viajadas, que se acreditarían en próximos viajes de gasto-retribución, y al revés. Un círculo del que no podía escapar.

Se había hecho inmune a todo lo que atentara romper ese círculo, a los poemas, sabía de antídotos, esos que hacen inocuo lo que a otras almas arrebata, había creado anticuerpos en un botiquín de frases de-construccionistas de magia, la poción anti-estrellas que oscurecía el brillo de un alma que quería ser encendida y por primera vez…. enfrentaba el castigo de no poder olvidar. “Mentiría si dijera que sin ti, la vida sigue igual, que no duele tu partida…”

Él había corrido, desesperado, desvelado y agitado, …pero ella se había ido... y ya no existirían esas voces insólitas de risas y penas a medianoche, no habría cines por iluminar ó librerías por “revolver” en Corrientes y Callao, ni mágicas cenas de íntimas luces de fuego que atestiguaran aquellos besos, “¡lo que no haría por volverte a besar!” …y temblar de amor, mientras me hacían soñar ese mundo de ensueños y el prometerse el uno al otro sin palabras;
…y ya nada tendría el mismo sabor, y hasta los más refinados y dulces vinos abandonarían de sutil manera el placer de su esencia, hasta hacerse irreconocibles y amargos.


Debía asumir el no-proyecto, la ilusión estética de la mera satisfacción en la sensualidad de la conquista. El seductor esteta no cuenta sus conquistas, ello sería una contradicción, puesto que Ella no le importa más allá de la conquista inmediata,
…..pero no era este el caso, primero melancolía y luego…desesperación. “No encuentro el modo de olvidarme de ti y arrancar tu amor de raíz”.
Es la cruel realidad de una vida cuyo centro radica en la periferia de sí mismo, si se la compara con la infinitud de una elección definitiva, y de allí …la ironía de ese horizonte de particularidades mundanas de la desesperación estética.


El amplio salón de embarque, la gente en tránsito, agentes de viajes, personal de seguridad, promotoras de largas piernas y mil sonrisas de objetivos cumplidos. Buscaba la salida, pretendía en su prisa tener la ilusión de que a menor cantidad de tiempo, menos recuerdos lo llevarían a la Repetición de ese momento, porque “mentiría si dijera que sin ti, la vida… sigue igual”.

-“Último llamado para embarque 317 por muelle...”

Había muerto el hombre de lo inmediato y esa noche nació el hombre de lo definitivo.

G. K.

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