Así dice el mito,
“A veces siento que un gran temor me invade, como si estuviese esperando una sentencia que ya se había previsto hacía tiempo, pero que no deseo oír.Un irresistible deseo de descansar, quedarme a vivir en Rivendel junto a mi gatito Agatón y vuestra compañía, me colma el corazón.
Allí, en medio de la noche donde acechan los orcos, hablé haciendo un esfuerzo (y oí sorprendido mis propias palabras, como si algún otro estuviera sirviéndose de mi voz).
-YO LLEVARÉ EL ANILLO, dije --...aunque no sé como.
Yo llevaré el anillo, y con Uds., seremos la Comunidad del Anillo”. (ESA –versión libre).
Octavio busco a través del mito la fusión helenístico-romana, que a diferencia de sus predecesores en ese fin (Polibio y el “círculo de los escipiones”), obtuvo el aporte del talento literario de Virgilio, que trascendió ese propósito en “La Eneida”, ……..a la distancia de siglos podemos contemplar que la jugada funciono, el sueño de Julio César se hizo realidad: el Imperio Romano.
A lo largo de la Historia, los cristianos siempre (de una u otra manera) hemos tenido, ante situaciones trágicas, la impresión de que “Esto se acaba”.
Sabemos el final, pero no sabemos cuando, por ello, ante el derrumbamiento del Imperio romano cristiano, el ataque de vikingos, eslavos, mongoles; un Islam imparable, la Rev. Francesa, los nazis, comunistas, etc.; ……..lo importante es la resolución de la lucha interior, la decisión de “Yo llevaré el anillo”.
“La Eneida” le dio al romano la idea política-religiosa de un Imperio por el que valía la pena luchar (a pesar de sus falencias); quizás “El señor de los anillos” sea el mito fundacional de un renacer de aquella civilización que tenía de Patriarca, a un Mago Blanco.
Y aunque no sabemos, después de todo, no obstante el mundo se arrastre hoy desencantado, no existe el hombre a-mítico.
G. K.
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