
Se acerca el bicentenario.
Es curioso leer los diversos ejes sobre los que se analiza nuestra Historia.
Digamos….
Uno puede analizar el cruce de los Andes realizado por San Martín desde la peculiar perspectiva de:
a. San Martín tenía ganas de hacer turismo aventura en las altas cumbres.
b. Quería ir a Santiago a cobrar un premio de lotería.
c. Tenía ganas de alejarse del salvaje Rivadavia, porque el olor de esa pestilencia llegaba hasta la cordillera.
d. Deseaba ir a visitar a una de sus amantes en Valparaíso.
Las librerías de cadena atestadas de Hormigas, han vaciado sus almacenes de libros firmados por Mercenarios de la Historia que postulan semejantes ejes de análisis, y a los cuales habría que exiliar, porque estos extranjeros no pertenecen a la Ciudad que soñaron nuestros héroes.
Ej.: Pigna (¿San Martín tenía un calzoncillo verde con lunares anaranjados?, Pacho O’ Donell (¿Belgrano era invertido-bastardo?, ¿Tuvo un amor en Paraguay?)
Aquello que otorga la distinción al gran historiador, es su capacidad para acercarse a la “verdadera historia”, al hecho objetivo.
Desde el momento en que San Martín emprendió su gesta, el hecho objetivo es que el poder político-militar español en Sud-América termino.
Luego, si la ropa interior de él era verde, será cuestión que quedará para los historietistas.
La verdadera historia es objetiva, y el gran historiador es aquél que se acerca al hecho objetivo (cuestión reservada a pocos).
No es posible la objetividad en la ciencia de la Historia (¡en ninguna ciencia!), pero eso no quiere decir que no haya historia objetiva.
G. K.
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