Recuerdo la risa de los epicúreos – estoicos en el Areópago ante San Pablo, cuando les hablo sobre la Resurrección.
Plotino lo hubiese entendido, quizás entre los paganos, sea el que llego más alto.
En el ascenso gradual del alma, en el elevarse hacia la inteligencia (paso de la diánoia al plano de la noésis), llega un momento que la vía estrictamente racional necesita un Salto, para pasar de la inteligencia al Uno; una experiencia, digámoslo así: mística –éxtasis interior que supera a la razón.
“Los que ignoran este estado, imaginen, por los amores de acá abajo, que será encontrar el objeto más amado, y sepan que los amores de aquí son mortales, caducos, engañan y perecen, y que no son en realidad amores, ni constituyen nuestro bien y ni son los que buscamos.
Allá esta nuestro verdadero amor y podemos unirnos a él participando de él y poseyéndolo, si no salimos a merodear por los placeres de la carne… Si alguien lo ha experimentado comprenderá lo que digo: el alma vive otra vida cuando se acera a él, está junto a él y de él participa de tal modo que sabe que tiene presente al verdadero dueño de la vida.
Entonces es posible verlo y verse a sí mismo, si es que realmente se le puede ver, iluminado, lleno de luz inteligible, o mejor, como si él mismo fuera una luz pura imponderable, leve; como si estuviera convertido en Dios o más bien como si fuese Dios, suspendido hasta que volviendo otra vez a sentir el propio peso se siente como marchito”
“Habiendo sido, pues, el vidente y lo que veía no dos cosas sino una (no como quien ve sino como quien se une), si éste quiere recordar aquella unión conserva de ella imágenes en sí mismo. Ahora bien, entonces era uno y no tenía en sí mismo ninguna disimilitud consigo mismo ni con respecto a las demás cosas…
Como arrancado y arrebatado de entusiasmo se encontraba en una tranquilidad y no separándose de la esencia de él, sino volviéndose hacia sí mismo permanencia completamente inmóvil, o mejor, era la inmovilidad misma. Ya no le retenían las cosas de ella, porque miraba por encima de la misma belleza; había dejado ya atrás el coro de las virtudes, como quien penetra en lo más sagrado del templo dejando atrás las estatuas.
Y sin embargo esas estatuas serán lo primero que verá al salir del santuario, después de la visión y de la unión que se ha efectuado, no con una estatua, sino con el mismo Dios: son, pues, una visión de segundo orden, porque no son lo mismo que la visión, que es otra manera de ver, como la que tenía en el santuario: éxtasis, simplificación, abandono de sí, deseo de un contacto, quietud, noción de una compenetración”.
G. K.
Recomiendo:
PLOTINO. El alma, la Belleza y la contemplación. Obras de Quiles I. E. Ed. Depalma. Bs. As.
PLOTINO. Textos fundamentales. Intr. y traducción de M. I. Sant Cruz. Eudeba.
2 comentarios:
Te recomiendo vivísimamente "el tiempo y la eternidad en Plotino y San Agustín" de Jean Guitton aunque ignoro si existe en castellano. Salu2
Voy a realizar una pesquisa por las librerías de la ciudad. Si ese libro esta en Bs. As., lo conseguiré.
Gracias amigo!
Publicar un comentario