28 oct 2008

SEÑOR DEL MUNDO.


-¿Es verdad?, dijo Mabel.
Oliver respiro profundamente y se sentó de nuevo.
-¿Qué cosa querida?
-¿Es verdad –repitió ella- que todos van a ser interrogados si creen o no en Dios, y que van a matar a los que no crean?
Oliver lamió sus labios secos.
¡Que manera de ponerlo! Dijo- La cuestión es, querida, si el mundo tiene derecho o no…
-Es verdad. Y tú lo firmaste.

-Si me haces el favor de escucharme un poco… -dijo él cansadamente-. Bueno, ahora que esto ha llegado, hay una nueva moralidad; es exactamente como un niño que llega a uso de razón. Estamos obligados, por tanto, a proveer que eso continúe, que todos los miembros se mantengan en salud.
“Si tu mano te ofende, córtala y échala de ti” dijo Jesucristo. Bien, eso es lo que decimos nosotros… Ahora bien, para cualquiera, decir que cree en Dios (yo dudo mucho que haya ninguno que realmente crea, ni que entienda siquiera lo que dice), pero solamente el decirlo, bien, es el peor crimen que se pueda concebir: es alta traición. Todo será razonable y benigno. Caramba, tú siempre has aprobado la eutanasia, como todo el mundo. Eso es lo que se va a emplear. Por otra parte, la decisión es libérrima y…



Mabel: ¿Entonces has firmado?
Oliver: Claro que he firmado.

Ella se volvió hacia la puerta. Él corrió.
-Mabel…¿Dónde vas?
Entonces, por primera vez en su vida, ella mintió a su marido.
-Voy a recostarme un momento –le dijo- . Te veré en seguida, a la hora de cenar.

Bajó al comedor media hora más tarde, acorazado de lógica, y hasta encendido de afectos. El argumento le parecía ahora inconcutible; dadas las premisas que los dos aceptaban y vivían, la conclusión era simplemente irrefragable. Espero unos minutos, y al fin se movió el tubo que comunicaba con el departamento de servicio.



-¿Dónde esta la señora? –pregunto.
Hubo un ratito de silencio y después una voz de mujer:
-Dejo la casa hace media hora, señor. Creíamos que usted lo… lo sabía.


Roberto Hugo Benson

No hay comentarios: