15 oct 2008

Esperando el Retorno del Rey



“Y cuando Aragorn volvió a levantarse, todos lo contemplaron en profundo silencio, porque era como si se revelara ante ellos por primera vez. Alto como los Reyes de los Mares de la Antigüedad, se alzaba por encima de todos los de alrededor; entrado en años paracía, y al mismo tiempo en la flor de la virilidad; y la frente era asiento de sabiduría, y las manos fuertes tenían el poder de curar; y estaba envuelto en una luz”.

La realeza se contempla,

“-¿No digo acaso la verdad, Gandalf? –dijo Aragorn al fin- ¿No podrías ir a cualquier sitio más rápido que yo si así o quisieras? Y digo esto también: eres nuestro capitán y nuestra bandera. El Señor Oscuro tiene nueve. Pero nosotros tenemos Uno, más poderoso que ellos: el Caballero Blanco. Ha pasado por las pruebas del fuego y el abismo, y ellos le temerán. Iremos a donde él nos conduzca”.

La realeza se une a lo Sagrado.

“Pero es preciso ante todo que el Ojo del Enemigo continúe apartado del verdadero peligro que lo amenaza: No podemos conquistar la victoria con las armas, pero con las armas podemos prestar al Portador del Anillo la única ayuda posible, por frágil que sea…..Tenemos que convertirnos en carnada, aunque las mandíbulas de Sauron se cierren sobre nosotros. Y morderá el cebo, pues esperanzado y voraz creerá reconocer en nuestra temeridad el orgullo del nuevo Señor del Anillo”.

Y combaten juntos.

“Que nadie se oponga ahora a los consejos de Gandalf….Si no fuese por él, hace tiempo que todo se habría perdido para siempre”.

El Rey vuelve.

“Cuando el Rey se acercó muchos hombres emergieron de entre las sombras de las rocas; y al reconocerlo, gritaron con voces de júbilo: ¡El Rey! ¡El Rey! ¡Vuelve el Rey de la Marca!”

“Entonces uno de ellos sopló un cuerno: una larga llamada cuyos ecos resonaron en el valle: Otros cuernos le respondieron….De improviso, desde gran altura, se elevó un gran coro de trompetas; sonaban, se hubiera dicho, en algún sitio hueco, como si las diferentes notas se unieran en una sola voz que vibraba y retumbaba contra las paredes de piedra.
Así el Rey de la Marca retornó victorioso del Oeste”.

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