1 abr 2012

Rompecorazones











"He escrito una carta de amor para otro. Me resulta interesante identificarme, por medio de este recurso, con una situación ajena, sin tener que sacrificar nada de mi tranquilidad. Enciendo la pipa, escucho los detalles, que él me da y le pido las cartas que ella me escribió.

Siempre he tratado de estudiar cómo escribe una joven. El otro esta allí, como una rata enamorada y me va leyendo esas cartas, lectura que yo interrumpo de cuando en cuando con alguna breve observación. La muchacha sabe escribir, tiene sentimiento, buen gusto, es prudente, a buen seguro debe haber amado en otra ocasión, etc.


Además, yo cumplo una buena acción, reúno a dos jóvenes y luego me quito de en medio.

Cada vez que hago feliz a una pareja, busco luego para mí una víctima, pero procuro la dicha de dos personas y la desdicha de una a lo sumo. Soy honrado y digno de confianza; jamás engañe a nadie que confiase en mí. Naturalmente, también yo consigo mi pequeña ganancia, pero es un tributo de derecho. ¿Por qué gozo de confianza general? Pues porque sé latín, estudio celosamente y me guardo mis historias para mí mismo. ¿No soy, acaso, digno de confianza? Jamás abusé de ella". (Kierkegaard, Diario de seductor)



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