28 mar 2010

Adversarios enteros




Sócrates se mezclo con la plebe, y más aún, pretendió re-formarla, decía Sören según su “Punto de vista”
Es cierto que en tiempos de countries, de barrios cerrados, de fuerzas para-policiales custodiando nuestras residencias, de colegios católicos -con cuotas de admisión altísimas- a fin de que nuestros hijos no sufran el acoso de la barbarie; nosotros no nos mezclamos con los naturales. Pero hay un pequeño detalle, ellos son la plebe, sí, pero nosotros no somos Sócrates.

Surge la cuestión, ¿existe una plebe cristiana?

En Aurora decía Nietzsche aquello de que “Deseamos adversarios perfectos”:


“Hay que reconocer que Francia ha sido el pueblo más cristiano de la tierra, no porque allí la devoción de las masas haya sido mayor que en otras partes, sino porque las formas más difíciles de realizar del ideal cristiano han encarnado en ese país en hombres y no han quedado en el estado de conceptos, de intenciones, de perfectos bocetos. Véase Pascal, el más grande de todos los cristianos en la unión del fervor, del talento y de la lealtad… véase Fenelón, la expresión más perfecta y seductora de la cultura cristiana bajo todas sus formas…Adivínese después de esto por qué aquel pueblo que poseyó los tipos más acabados de cristiandad engendró también necesariamente los tipos contrarios, más acabados también, del libre pensamiento anticristiano. El librepensador francés ha tenido que luchar en su fuero interno con grandes hombres de verdad, y no sólo con dogmas y con sublimes abortos, como los librepensadores de otros países”. (192)



Para re-formar, hace falta un hombre entero que le de forma a lo informe. Quizás allí se encuentre el odio de N. al cristianismo. Él quisiera enfrentarse a un Pascal, pero solo tiene ante sí a cristianos medio pelo, o como diría Sören, personas que viven en categorías ajenas al cristianismo. ¡Dame un Pascal, no un obispo mistongo! parece rogar al cielo Nietzsche.

¡Dame enemigos enteros!

De vez en cuando se escucha el rumor de algún Pedro que revuelve el hormiguero para re-formarlo, planteando que la opción entre preservativo y sida es falsa. Re-formar a la plebe con el hechizo del amor casto y fiel, más la voz promiscua de la barbarie suena en altoparlantes en la ciudad, donde pareciera que no hay ningún Sócrates que enseñe el camino de la virtud, y más triste aún, ¡ni siquiera hay un Nietzsche que se enfrente a Pedro!, sino solo lectores de libros de autoayuda, en el mejor de los casos.

Sócrates no se fue al desierto, a la vida monacal, lejos de la civilización -que andaba hecha una porquería- sino que se mezclo con la plebe, como Kierkegaard en su pequeña Dinamarca, o como un Sócrates encubierto, de incógnito –incluso para sí mismo-; ese alguien –quizás tu vecino- que se esta preparando en secreto –con el aguijón en la carne- para el martirio reformador; y si esos Sócrates pasan inadvertidos, es solo porque la plebe es ciega.

G. K.

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