Nació a fines de la Primer Guerra mundial en Alemania; en aquellos tiempos diríamos “Gran guerra”, lo de la numeración vendría después.
Era un adolescente en los años treinta del siglo pasado, y en el colegio se le imponía –desde el Ministerio- la lectura del “Mito de Occidente” de Rosenberg –donde los delirios pangérmancos de Hegel, Nietzsche y Fichte eran amalgados bajo la ideología nacional socialista.
Además, algunos muchachos vestidos de negro –que obnubilaban de erotismo a sus compañeritas de curso-, con botas negras altísimas resplandecientes, y calaveras con dos tibias cruzadas en sus gorras, irrumpían en el colegio, para hablar de lealtad, gloria y honor.
A su vez, sus inocentes compañeros integrantes de las “Juventudes hitlerianas” lo empujaban a ir a los fastuosos y monumentales actos donde la elocuencia del Fuhrer iría conjurando un hechizo; la retórica hábil de Goebels y su Ministerio de Propaganda harían el resto.
Un día, por la tarde –junto a ella- se dirige al cine a ver una peli de la Riefenstahl: Olimpia. Ante cuyas imágenes de ruinas polvorientas cargadas de tiempo y glorias inmortales; se levantaba entre ellas, desafiante, un Partenón que aguardaba a quien fuera capaz de aceptar el reto. Algo trascendente estaba a punto de ocurrir en Alemania, y él quería ser parte de ello.
Termino la secundaria e ingreso a la universidad de Friburgo, donde asiste al discurso de un Rector llamado Heidegger, quien advierte a los jóvenes sobre el peligro de la masificación, sea proletaria comunista, o el consumismo liberal; finalizando su soberbia oratoria con una frase trucada de Platón: “Todo lo grande esta en medio de la tempestad”.
Desde Votan hasta el Furher sin escalas. El hechizo estaba completo, y él listo, en el ojo de la tempestad que se desataba.
Continuará….
G. K.
1 comentario:
Y con el tiempo hasta se publicaría su diálogo mantenido con el neomarxists Habermas en Friburgo...
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