“Comprendía la pampa”, decían de Don Juan Manuel; algo que nunca pudieron hacer los doctores iluministas unitarios, devotos de las novedades que llegaban desde las metrópolis europeas de turno.
¿Cómo podían aliarse a franceses e ingleses para humillar a la Patria? No existía en aquellos, una identidad nacional a la cual pertenecer, y no se defiende aquello que no existe.
De niño, sus padres trataron de hacerle conocer la música de nuestra tierra, ante la cual, él prefería los ritmos de radio FM de turno. En especial detestaba la música del litoral, hasta que un día lo llevaron a visitar aquellas tierras tan lejanas a la ciudad, y allí “oyó narraciones magistrales de gauchos analfabetos y comprendió al interior y a sus habitantes, y comprender es amar”. (a)
Ante la devoción de la multitud juvenil por los “Jonas brothers”, y el ritmo Miami imperante; la devoción en nuestros claustros de educación superior de los sofistas formateados en socavar toda certeza; de los denigradores profesionales de aquellos que no solo “comprendieron la pampa”, sino que estuvieron dispuestos a defenderla -puesto que no se defiende con el corazón, aquello que no se ama-; ...
...deberíamos recordar que la Argentina, cual Odiseo extraviado, navegando sin rumbo, perdiendo hermanos en el mar, siendo seducido a voluntad por Circes de colágenos labios;
...deberíamos hacer acto de reminiscencia para saber que, aunque la ruta para llegar a Itaca –a nuestra Casa identidad- este impregnada de diversos peligros; se manifiesta condición necesaria en la tempestad, el atarnos al mástil de la nave, para así ser fieles a nosotros mismos ante el poderoso canto de las sirenas.
Solo será posible una Nación Argentina si ella permanece fiel a sí misma.
G. K.
a. J. M. Rosa. Historia Argentina. T. IV. p. 7.
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