
Luego de nuestro periplo en la ciudad, arribamos a mi morada, donde nos encontramos una pequeña sorpresa.
Es menester señalar que él nunca había hecho algo semejante, a pesar de que vive rodeado de libros, duerme entre ellos, los olfatea, los acaricia, y casi….(me agrada pensar), que los cuida.
Así, que enorme fue la sorpresa (e indignación de ella) al encontrar a Agatón afilando sus letales garras sobre el despedazado libro símbolo que yo había recibido de sus manos, como regalo que implicaba un compromiso: “Chester: Esto es serio”.
Es habitual que Agatón prepare sus zarpas (en virtud de sus célebres y mortíferos duelos nocturnos por los favores de las gatubelitas del Bajo Flores), en el sillón (al que renuncié) y que le asigne desde aquél día que apareció maullando (enviado por mi Ángel) en la puerta de mi residencia; …y sin embargo, en esta curiosa oportunidad, realizo mil destrezas a través de angostos senderos, ¡arriesgo más de una de sus siete vidas!, para llegar a las alturas del modular donde habitaba el libelo, y así cumplir su misión: eliminarlo de mi biblioteca.
Decía Heráclito que había que “parar la oreja” para “escuchar al ser de las cosas” (aquella intuición intelectual –intellectus- que Kant no admitiría)…quizás los libros le transmitían algún mensaje a Agatón, que reclamaba su concurso justiciero ante el extranjero invasor, que aunque procediera de una notoria y voluptuosa “Estética trascendental a posteriori”, como la de ella, hay ciertos ámbitos (un jardín de invierno con paredes de cristal donde se fortalece la rosa) que es menester salvaguardar.
Me acerque decidido a Agatón, entre esos sonidos que conforman nuestro idioma privado, interponiéndome entre los balbuceos in-entendibles y ademanes amenazantes de ella, que ante su furia ¡pretendía apalear a mi gato!
Ella (indignada tratando de agarrar de cualquiera de sus extremidades a Agatón): ¡Elegí Chester! ¡El gato o yo!
Hay gente desubicada……¡¿Cómo alguien que me regala un libelo de ANDAHAZI, puede considerar que tan siquiera se encuentra en la misma consideración ontológica que mi gatito Agatón?
Hay gente que no merece vivir.
G. K.
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