20 jun 2009

ALBATROS y pajarracos.




Tan solo hace unos momentos, nuestro amigo Baudelaire decía entre las “Flores del mal”, que los poetas somos como los Albatros.......volamos en la tempestad, en los rayos, los truenos, el viento, la lluvia.......levantamos el vuelo, mientras las otras aves observan solo una sombra desde la Caverna.


Aunque claro, una vez en tierra (en el esteticismo privado de lo trascendente -la estética de la posesión-), los encadenados se burlan del Albatros por sus alas gigantescas y su andar en apariencia torpe.


Los pajarracos detestan a los Albatros, por la misma razón de que algunos dicen que no existió Sócrates (escribió su vida con sangre, y los pajarracos escriben con birome), o dicen que no existió William (no puede haber escrito tanto y tan bien, mientras la Multitud ante el Hamlet del Bajo Flores, se siente culpable de preferir acudir a la boletería del éxito teatral “Más pinas que las gallutas” en la Av. Corrientes antes que correr a ayudar a Antígona, quien cava conmovida en el cemento nuestras tumbas.

…es decir, los Albatros hacen sentir miserables a quienes encuentran al “concepto” de Belleza (no como un trascendental del Ser, y por lo tanto in-aprhensible) impregnado en las representaciones teatrales de la Caverna, o su poética siente la conmoción de la falsa estética al escuchar los versos de un Neruda, Beneditti, los "Pibes chorros" o tantas otras parodias bendecidas por Multitud;


...digamos que la poética de Baudelaire puede resultar ofensiva, irritante para los cómplices del próximo crimen, aquellos condenados que siempre intentaran "matar al rui-señor", al Albatros.


G. K.

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