6 abr 2011

Magister dixit (Diario, Episodio IV: Reseñas






El autor no es de "nuestro palo" estimado lector, aunque al menos intenta con su hipótesis alejarse de los lugares comunes desde los que suele abordarse el estudio sobre "Malvinas".






Lorenz Federico. Malvinas, una guerra argentina. Buenos Aires, Editorial Sudamericana. 2009. 212 páginas.





El autor manifiesta que el objeto de su obra es ofrecer un panorama de conjunto sobre la experiencia social de la única guerra librada por la República Argentina en el siglo XX, en el marco de “la peor dictadura militar de su historia”, contra la segunda potencia de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, en el contexto de la guerra fría.



La propuesta es pensar a la Argentina desde Malvinas, por lo cual se comienza haciendo referencia a los diferentes discursos desde los que se suele abordar la perspectiva de estudio sobre la guerra. El discurso patriótico que borraría las discusiones políticas en tanto se le otorgaría a la misma una connotación sacralizante, “una causa nacional (sagrada) que produjo muertos en su defensa (santos laicos) no permite el disenso”.



La otra perspectiva recurrente consistiría en la reducción de la guerra “a un hecho absurdo”, llevada a cabo por militares en estado de locura, y que por lo tanto no merecería el mínimo análisis, puesto que no habrían responsabilidades que posibilitaran la reflexión desde una sociedad que se concebiría a sí misma como inocente y ajena a las causas del conflicto. Se sostiene que ambas perspectivas no permiten “entender a la República Argentina como una realidad amplia y diversa”, en tanto Malvinas habría sido un hecho “tan nacional como federal”, por tanto se emprende la labor de abordar a la guerra desde una visión de conjunto que no se circunscriba a los días en que la Argentina hizo flamear su bandera sobre las Islas, sino que abarca “poco más de cinco años”, desde las “vísperas del desembarco” hasta la Semana Santa de 1987.



A pesar de ser un lugar común el postular que el Proceso de Reorganización Nacional intentó, con el desembarco en las Islas, encontrar consenso en la sociedad, lo cual le habría permitido desbaratar los reclamos de la “creciente oposición”; habría que tener presente en ese tipo de afirmaciones, el aumento de la “presión británica” luego de los incidentes en las Islas Georgias del Sur. Este acontecimiento habría constituido el punto de inflexión para decidir el desembarco en las Islas el día 2 de abril, anticipando la posible fecha de ejecución del Operativo Rosario establecida en la planificación de las Fuerzas Armadas (principalmente Ejército y Marina) para el mes siguiente. Asimismo, también se hace referencia a la “lógica de confrontación” en la que habrían estado inmersos los militares argentinos de aquella época, la cual consideraba como un “enemigo de la Patria”, tanto a la subversión marxista, las ambiciones territoriales chilenas (conflicto limítrofe de las islas del Canal de Beagle) como así también al Reino Unido usurpador de la soberanía argentina en su territorio austral; es en ese contexto donde se señala la percepción de Gran Bretaña como una “decadente potencia colonialista” por parte de las Fuerzas Armadas Argentinas (excepto la Fuerza Aérea), como así también la condición de reconocerse invictas en la defensa de una joven Nación que enarbolaba un justo reclamo legitimado por la historia. Sobre el desarrollo de la guerra, el autor, tal lo manifestado en el prólogo, no se propone ahondar en los detalles de las batallas terrestres, navales y aéreas. Desde esta perspectiva, en el capítulo dedicado a los acontecimientos bélicos llevados a cabo por el Ejército Argentino en Pradera del Ganso, Monte Longdon o Tumbledown, entre otros, el abordaje del tema es de índole superficial, lo cual no impide que el autor concluya sobre los mismos que la premisa que sostiene que siempre es más costoso atacar que defender, en Malvinas no se habría cumplido. Las pérdidas inglesas en la guerra se encuentran bajo el denominado “secreto de estado” hasta el 14 de junio del año 2072, lo cual impide dilucidar los cuestionamientos hacia las cifras oficiales, desde las cuales el autor sostiene su apreciación; en la cual no surge la posibilidad de plantear dudas al respecto en tanto no hay análisis de las batallas, solo una somera descripción de ellas.




En los capítulos finales se pueden encontrar las consideraciones más interesantes del libro, referidas a la “desmalvinización” y sus efectos sobre la sociedad argentina, luego de la instauración de la democracia. Uno de ellos, consistiría en el desprestigio de las Fuerzas Armadas, a las cuales se les otorgó una connotación negativa que hacía de las mismas un enemigo peor que los británicos para el común de la sociedad argentina, a medida que avanzaban las investigaciones sobre “el terrorismo de estado”, merced a la promesa del candidato presidencial radical de 1983 de investigar y juzgar los crímenes por violaciones a los derechos humanos acontecidos durante la “dictadura”, cuestión que le habría permitido ganar las elecciones. El autor manifiesta estas cuestiones desde logradas alusiones a películas de la época como los “Chicos de la guerra”, emblema del clima cultural de indignación que habría posibilitado el “divorcio” entre el estamento civil y militar. En ese contexto, se sitúan las presentaciones de gran cantidad de causas por “derechos humanos”, que habrían suscitado los “levantamientos carapintadas” de Semana Santa de 1987, y la posterior sanción de la Ley de Obediencia Debida.




El autor logra concretar lo propuesto en el inicio del libro y abordar el estudio de Malvinas, no como un hecho circunscripto a los días de la guerra misma, ni tampoco olvidar lo sucedido desde una perspectiva desmalvinizadora que impida la discusión, sino como un tema histórico vivo que se constituye en condición de posibilidad para pensar a la Argentina.

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