Lorenz Federico. Las guerras por Malvinas. Edhasa, Argentina 2006, 336 páginas.
La guerra de Malvinas es considerada por el autor como una puerta de entrada a la posibilidad de pensar a la Argentina, desde las posibles causas del conflicto, sus múltiples significados y consecuencias para nuestra historia; a través de la manera en que el conflicto bélico afecto las relaciones sociales en la etapa democrática posterior al Proceso de Reorganización Nacional. Se propone pensar la relación entre la “cultura y política argentinas y el archipiélago emblema”, en tanto Malvinas no esta circunscripta a los setenta y cuatro días de la guerra con Gran Bretaña, sino a un contexto mucho más amplio. El período estudiado comprende entre los finales de la guerra y los pronunciamientos “carapintadas” de Semana Santa en 1987, aunque también se hace mención a los levantamientos militares durante la presidencia de Menem.
El autor se propone analizar las construcciones de los relatos que otorgan significados diferentes a Malvinas, comenzando por la educación que exaltaba los valores patrios y la consideración de las Islas como una parte perdida injustamente por la ocupación territorial inglesa, en la cual estaban inmersos los jóvenes que luego se convertirían en los protagonistas de la guerra. A la vez estudia el ideario patriótico vigente en el servicio militar obligatorio –a través de numerosos reportajes- en el cual, la connotación de anti-patria era la asociada a la subversión marxista (ERP y “montoneros”), cuestión que cobraría relevancia ante la política guerrillera de asaltar cuarteles. También se estudia la percepción de la posibilidad de inclusión social por parte de los conscriptos más humildes; el caso emblemático es el del soldado Poltronieri, condecorado con la Cruz Nación Argentina al heroico valor en combate. En definitiva, se percibía en este relato -según el autor-, el enfrentamiento entre la civilización occidental cristiana y el comunismo, tal era la orientación en la que se habían formado las Fuerzas Armadas antes de Malvinas.
En relación al apoyo popular tras el desembarco del 2 de abril de 1982, el autor sostiene que en el supuesto consenso nacional a la causa, es posible encontrar distinciones que abarcan desde “el apoyo a Malvinas sí pero a la dictadura no” profesado por exiliados políticos, hasta la negativa local de grupos “de rock nacional” a acudir a festivales solidarios, por cuestiones vinculadas a padecimientos personales referidos a la “guerra sucia”. Asimismo, el apoyo también obedeció –según Lorenz- a diversas causas, entre las que se destaca la vuelta a la política, el ganar las calles, la posibilidad de ser una República, el reencuentro entre dictadores y el pueblo, y una militancia que comenzaba a reorganizarse a fin de instalar discusiones y “volver a tejer algunos de los vínculos culturales y políticos rotos por la represión”. Si bien Malvinas excedió la causalidad del nacionalismo, la guerra misma fue vista por sectores antagónicos como la posibilidad de una refundación social, la posibilidad de salir a las calles a hacer política desde una regeneración que posibilite la superación de las des-uniones entre los argentinos.
Luego de la derrota en la guerra, el autor analiza la recurrente alusión a los militares de carrera como abusadores del poder que detentaban sobre “chicos sin entrenamiento” que fueron a luchar a las Islas por una “locura” del Gral. Galtieri; lo cual planteó un escenario donde unas desprestigiadas Fuerzas Armadas se enfrentaron a la posibilidad de perder la “otra guerra”, la librada con la subversión marxista que, vencida en los combates en Tucumán, usufructo el clima social adverso. El sentimiento de frustración, tanto por la pérdida de la guerra, como los cuestionamientos por la represión ilegal, en los cuadros medios de las Fuerzas Armadas, constituyeron la causa eficiente de las sublevaciones “carapintadas”. Sin embargo, el progresivo conocimiento por parte de la población de los pormenores de la guerra, los actos de valentía e idoneidad (no solo de la F. A., sino en el Ejército y la Marina) fueron cambiando la noción de enemigo vinculada al oficial abusador de sus subalternos, hacia la Fuerza de Tareas inglesa; en particular luego de la divulgación de datos referidos a fusilamientos y mutilaciones cometidos por ella sobre las tropas argentinas. Es decir, al margen de los particulares reclamos a cada una de las fuerzas, el autor desarrolla la transición de la construcción del relato de la supuesta victimización de los conscriptos, a la respuesta que, aludiendo al “buen desempeño” profesional militar -emergente en diversas publicaciones-, fue cambiando el significado de Malvinas.
En el ámbito político democrático, luego de 1983, se pretendió reemplazar el “orgullo nacional” malvinense por el “patriotismo constitucional”, con la dificultad de que los avances en las investigaciones por violaciones a los “derechos humanos” impulsado por el gobierno de Alfonsin, deterioraba la relación del ámbito civil con el Ejército; en un contexto en el cual la política oficial de desmalvinización obedecía al supuesto de que una posible reivindicación de Malvinas, se asociaría a un enaltecimiento de la “guerra sucia”. Desde esta perspectiva, los alzamientos carapintadas –protagonizadas por veteranos de Malvinas- se presentaron a la consideración popular, no como una protesta del Ejército ante su desmantelación progresiva, sino como un atentado hacia las instituciones democráticas.
En lo referente a los soldados de Malvinas, el autor analiza los cambios suscitados en la identificación que ellos mismos postulaban, las cuales abarcan desde los “ex combatientes” a los “veteranos de guerra”, transición atravesada por los reclamos de reconocimiento ante la “desmalvinización”. En primera instancia se asocia los reclamos por los soldados muertos en Malvinas con los desaparecidos durante la “dictadura”, propia de la distancia entre los “ex combatientes” y las Fuerzas Armadas. Se asocia la victimización; para en una segunda instancia, estudiar como se fue transformando esa consideración hacia el auto-reconocimiento de los soldados como “veteranos” de unas Fuerzas Armadas que combatieron, no por entes abstractos como la democracia, sino por la “redención nacional” llevada a cabo, no por los “chicos de la guerra”, sino por hombres. Se abría el camino hacia la consideración de la guerra como una “Gesta”, que llegaría a plasmarse a partir de los años noventa en las consideraciones presidenciales (Menem) alusivas a Malvinas, conceptualizándola como “la epopeya más gloriosa de nuestra historia cercana y reciente”.
Lorenz sostiene que la significación de Gesta sobre Malvinas, hacía necesario la aparición de un “militar presentable” -el Teniente Gral. Balza-, a la consideración popular; en tanto, fue un combatiente en Malvinas que realizó, no solo una crítica hacia las Fuerzas Armadas (Malvinas, Gesta e incompetencia), sino que a la vez procuro subordinar el Ejército al poder constitucional reprimiendo a sus propios camaradas de armas durante el último levantamiento “carapintada” (1990). El Ejército pudo –de esta manera- abrevar en sus tradiciones, sin la mancha de la represión durante la “dictadura”, a la vez que las responsabilidades de la guerra se compartieron con el ámbito civil que colaboró con Galtieri. Se inaugura así, la etapa de “la comprensión”.
Malvinas, a través de los múltiples significados abordados por el autor, encierra la posibilidad de pensar un proyecto de país, y ese es para Lorenz, su principal potencial simbólico y su legado.
G. K.
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