Reseña:
ZIMMERMAN EDUARDO. Los liberales reformistas. La cuestión social en la Argentina. 1890-1916. Ed. Sudamericana. Univ. de San Andrés. Bs. As. 2006.
El autor establece un ámbito de análisis que abarca, en lo cronológico, desde la crisis de 1890 a 1916. El punto de partida sería condición de posibilidad por el cual, una élite denominada liberales reformistas, aborda los distintos problemas (“la cuestión social”) que tendría que afrontar el orden liberal. Desde esta perspectiva, Zimmerman postula que habría un espíritu reformista que se iría manifestando en forma previsora, ante las diversas coyunturas sociales (y no desde la impronta de una reacción ante las mismas), al verse amenazado un orden público que era considerado como garantía de la prosperidad económica, como así también “un fundamento para un sistema político civilizado”.
La élite a la que hace referencia el autor, no estaría vinculada al sector terrateniente, a la plutocracia, sino a un sector de índole intelectual o académico, este último formado en las universidades locales, las cuales tenían un intercambio notorio con sus pares en el extranjero, a la vez que los contenidos mismos de diversas disciplinas académicas fueron transformándose a fin de afrontar los problemas sociales que se suscitaban en la Argentina. Es decir, las incipientes ciencias sociales se orientaron al estudio de problemas prácticos. Esta intelligentsia liberal y progresista, habría sido la artífice de la transformación y consolidación ocurrida en el Estado Argentino.
El autor describe el accionar de esta élite, pero no procede a definirla, para así posibilitar la diferenciación de otras élites similares, mediante la unidad en lo definido. Quizás el autor plantea y/o sostiene, en esta elección metodológica, las dificultades o imposibilidad de la definición en el estudio de las relaciones sociales (ciencias sociales), en tanto la definición según Aristóteles, trata sobre lo universal, es decir hay ciencia sobre lo necesario (nunca sobre la opinión), puesto que desde allí se manifiesta la causa.
Al referirse al trasfondo ideológico del reformismo liberal, el autor plantea que la cultura política del período concebida de manera homogénea, “no debe ser exagerada”, por lo cual se enuncia que la identificación con el laissez faire económico del liberalismo latinoamericano, no debe dejar de lado otros ámbitos de análisis del mismo, como el enfrentamiento con la Iglesia, en el proceso de secularización llevado adelante por el Estado liberal. Estas relaciones conflictivas entre liberales y católicos habrían alcanzado su punto álgido tras el Congreso Pedagógico de 1882, “y la consecuente sanción de la ley 1420 de educación en 1884”.
El autor sostiene –a través de las consideraciones de Estrada-que los católicos se opusieron a las políticas secularizadoras del Estado, aludiendo a las negativas consecuencias que tendría la concentración del poder, mediante la eliminación de instituciones sociales intermedias (“atomización social”). Asimismo, el autor hace referencia al movimiento social católico, el cual habría recibido un importante impulso con la encíclica Rerum Novarum de Leon XIII, a fin de abordar el estudio del movimiento obrero y sus influencias, sean socialistas o católicas. El autor –mediante la cita de textos de “La Semana”- menciona que los católicos criticaban el crecimiento exponencial del individualismo, es decir, los conflictos sociales tendrían como causa el deterioro de la ética, merced al proceso de secularización. También se hace referencia –mediante un texto de “Acción Democrática”-, a que la causa de la situación en el país se debía a una conspiración judeo-masónica, aunque el autor manifiesta que el movimiento social católico no siguió esa línea de análisis, sino que trato de atraer a los trabajadores hacia los Círculos obreros Católicos, y la participación de sus dirigentes en la legislación social.
La élite aludida, portadora del espíritu reformista, asumiría el proyecto de “regeneración social” frente a las problemáticas sociales, mediante la acción de un Estado, que procede a intervenir de una manera más activa, que la que podría suponerse en un Estado aferrado a la doctrina liberal. Es decir, en estas acciones (salud pública, viviendas, etc.) se comenzarían a redefinir las relaciones entre el Estado y la sociedad. En el Estado, las políticas contarían con una creciente participación de “expertos”, a la vez que de una creciente profesionalización de las funciones públicas.
El autor describe la influencia de la ciencia positivista en diversos ámbitos, entre ellos el derecho y la salud pública, describiendo y analizando sus derivaciones deterministas en lo referente a la “cuestión social”. Luego de explicitar el contexto de época, el autor procede a abordar lo que él denomina la “criminalización del anarquismo” a través del estudio de la criminología positivista, en especial la encabezada por Cesare Lombroso (que sostenía la concepción del crimen como una patología social o biológica que debía ser estudiada empíricamente, al margen de perspectivas metafísicas), a fin de comprender la necesidad de “la comunidad de imponer medidas de defensa social” y de preservar el “orden social”, en tanto se debía estudiar al criminal, y no al crimen mismo. Este capítulo, en tanto tiene como causa eficiente a los dos anteriores, constituye uno de los más logrados del libro, puesto que aquí se manifiesta y se sostiene una de las principales hipótesis mencionada al inicio: la previsión y no la reacción defensiva ante los problemas sociales (en este caso, los problemas generados por la inmigración y el anarquismo). Es decir, la exclusión del anarquismo (cap. VII) sería consecuencia de lo desarrollado en los capítulos V y VI, constituyendo una perspectiva infrecuente, de análisis sobre el tema. Por ejemplo, en la descripción de la fisonomía elaborada por el fiscal Beltrán en relación a Radowisky (responsable de la muerte del jefe de Policía Ramón Falcón en 1909), se puede apreciar la influencia lombrosiana en lo enunciado, por consiguiente, la acción a seguir en relación al anarquismo se daría en el ámbito de lo policial, no en lo político. Es decir, no se vincularía esta problemática a la discusión en la cuestión social, sino que debería excluirse a la misma, del “cuerpo social”, por tanto, esta “criminalización” del anarquismo es ubicada por el autor, como anterior a la Ley de residencia y a la posterior Ley de defensa social.
El autor sostiene que esta corriente liberal-reformista, busco constituir las condiciones necesarias, en tanto posibilito la incorporación de nuevas fuerzas sociales, para hacer posible una república de ciudadanos en la Argentina. En este sentido, concluye Zimmerman, la actitud de esta élite reformista, sería “claramente inclusiva”.
Las corrientes intelectuales provenientes de las ciencias sociales (el autor hace hincapié en la sociología), habrían erosionado los principios del liberalismo clásico en lo que respecta hacia el contenido de las políticas oficiales. Asimismo, el carácter científico aplicado a las políticas sociales, habrían impedido la confrontación ideológica con otros reformismos, en especial el propugnado por los socialistas.
Para finalizar esta reseña, el texto de Zimmerman, a través de las hipótesis que enuncia el autor, y la manera (por momentos brillante, como en el caso de los aludidos capítulos sobre el anarquismo) en que las sostiene a lo largo del desarrollo de su exposición; se puede advertir en todo ello, lo fascinante de un tema abordado desde una novedosa perspectiva de análisis sobre el período estudiado.
G. K.
6 comentarios:
"Estas relaciones conflictivas entre liberales y católicos habrían alcanzado su punto álgido tras el Congreso Pedagógico de 1882, “y la consecuente sanción de la ley 1420 de educación en 1884."
Supongo que prender fuego la Curia y el Colegio del Salvador en 1875, y buscar al Arzobispo Aneiros para apalearlo serán de menos para el autor. Lo mismo que cesantear a todos los católicos que eran profesores en la Universidad o en los secundarios incorporados en 1880. Supongo que para el autor esos eran ataques meramente "preventivos".
Aunque no me convence del todo el enfoque, nadie ha estudiado ese período como Néstor T. Auza. Hay algunas cosas específicas muy buenas de Mayochi también. Y si se tiene ganas de investigar, se pueden leer los boletines eclesiásticos de la época. Algunos opúsculos de R. Carbia sobre la época como la biografía de Aneiros o la parte correspondiente de su historia de Flores también están muy bien.
Estimado Coronel:
El libro reseñado, no es de "nuestro palo" (digamoslo así). El proyecto liberal se asume como secularizador a ultranza, se trata de liquidar la influencia de la Iglesia en la sociedad (o hasta donde sea pertinente, no vaya a ser que se espanten los inmigrantes del sur de Europa).
Esto no es ocultado por Zimmerman, pero tengamos en cuenta que el autor es liberal.
A mi entender, lo importante de este libro (al margen de que uno acepte las hipótesis o no), es la inteligencia para tratar de sostener esas hipótesis, y a la vez, es el primer libro (hasta donde sé) que asume esta perspectiva novedosa.
Puntos a favor: no asocia la élite dirigente a los terratenientes, diluyendo la cuestión de la "lucha de clases" con la que habitualmente se trata este tema.
De todas maneras Coronel, sus aportes eruditos son un bálsamo. No conozco la obra de Auza que mencionas, la buscaré.
Para finalizar, este libro de Zimmerman, esta haciendo mucho ruido, y me parece (a pesar de que es muy reciente) de que va a perdurar, es una obra que saca los "pies del plato", y que merece leerse.
Saludos
G. K.
Estimado Chesterton,
estaba claro que el autor no es del palo. Sólo que me molestó que se pusiera como punto de inicio el Congreso Pedagógico o la Ley 1420, escondiendo las verdaderas persecuciones que se dieron años antes. Aunque no suele estar en los manuales de historia, en la Argentina, hasta 1890 hubo verdadera persecución de católicos. Luego de ese año, está lo que Díaz Araujo llama (tomándolo creo de D. Viñas) "repliegue conservador" del liberalismo argentino. Para mí es paradigmático el quiebre del Partido Católico, algunos se pasaron al naciente radicalismo, otros se pasaron al mitrismo, otros se fueron acercando al conservadorismo y unos cuantos mantuvieron una posición apolítica a pedido de la Jerarquía.
El libro del Dr. Auza al que me refiero es "Católicos y liberales en la generación del '80" (hay una edición actualizada y revisada por el autor de hace un par de años). Aunque también trata de pasada el tema en "La Iglesia argentina", "Iglesia e inmigración en la Argentina", "Los laicos en la Iglesia argentina", "Aciertos y fracasos del catolicismo argentino", "Historia y catolicismo (1869-1910)", "Corrientes sociales del catolicismo argentino", "Los católicos argentinos: Su experiencia política y social", etc. Aunque se pueda o no compartir las apreciaciones del autor, estos libros están muy documentados y valen la pena.
Salvando las distancias, me parece por lo que Ud. indica que la postura de este Sr. Zimmermann es parecida a la de "divulgadores" como Sebrelli, García Hamilton o Aguinis para quienes el laicismo de la generación del '80 fue un factor de progreso, que habría sido detenido por el golpe del '43 (el decreto de Juan Ignacio Olmedo restableciendo la educación religiosa) y, luego, por Perón.
Estimado:
El 43' aún esta lejos. A mi entender, aquí se esta haciendo referencia a una élite intelectual-academica que vio frustrado su proyecto, por la intervención de la política (estos son más golpistas que nosotros!).
Es decir, la técnica considerada desde el ámbito de lo neutral, inficionando las diversas políticas del estado en lo social, y frente a ello, las decisiones de los políticos de turno, aquejadas por la inundación yrigoyenista.
Para decirlo en otras palabras, se trata de separar al estado del gobierno (por ej. al Bco. Central de las decisiones de los políticos de turno).
"Yo trabajo para el Estado, no para el gobierno", parecen querer decir estos intelectuales pertenecientes a esta élite "clarividente".
Es el surgimiento de una tecnoburocracia argentina, disasociada de la plutocracia.
Se podrá asumir la hipótesis o no, pero el tema desde esta perspectiva es (a mi entender) fascinante.
Gracias por las recomendaciones de libros, las tengo en la mira.
Saludos
Interesante.
Sería interesante contrastar el asunto con "La bolsa" de Julián Martel (no sé si lo hace el autor, Ud. dirá) que es una denuncia de la timba financiera en la década de 1890.
Respecto a la profesionalización de la Administración Pública, hace 35 años mi padre presentó un estudio de varios tomos sobre ella que iba desde Mitre hasta Lanusse (lamentablemente la edición fue bastante limitada -la imprenta del Ministerio de Planeamiento- y las copias que había en la Biblioteca Nacional "desaparecieron"). Siendo él un nacionalista de la vieja escuela, sin embargo rescataba el papel de los conservadores separando la Administración de los vaivenes partidistas. Por desgracia, ni siquiera tengo el borrador final, sino notas, cuadros y borradores parciales.
Intelectuales y expertos:
http://www.libreriapaidos.com/libros/9/950126543.asp
Este libro (escrito por mi profesor de Seminario), aborda la cuestión que ud. detalla, y de la que lamentablemente, han quedado pocos rastros del trabajo de su padre.
Ese trabajo , Coronel, sin dudas merecía otra suerte, quizás con los borradores parciales que menciona, y con la perspectiva de Zimermman y Cía, además de la suya propia- pueda hacerse algo para la posteridad. Casi que tiene un proyecto de tesis entre las manos Coronel.
Con respecto a "la bolsa", digamos que esta gente es muy cuidadosa con el "método". Hay una preocupación constante por lo "cientifico" y no incurrir en la "literatura" (llamelo complejo si quiere, o "cola de paja").
De todas maneras Coronel, le recomiendo leerlo por ud. mismo, y sobre todo teniendo en cuenta que el tema ha llamado la atención de su padre.
Saludos, y que ande bien.
Germán
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