13 dic 2009

Los misterios de la Providencia. Ejercicio retrospectivo.






Los Misterios de la Providencia.


Ejercicio retrospectivo. Hace mucho, mucho tiempo…


Cuando me quedo desvelado por algún motivo en particular, ella se va a dormir diciendo: “Suerte mañana”, y se desploma extenuada como una foca que ha logrado huir de una manada de orcas hambrientas; en cambio mi gato, se queda despierto mirándome. Aunque al transcurrir de las horas, el cansancio haga que incline la cabeza, vencido por el sueño, o sus instintos cazadores le reclamen el salir al jardín. Sin embargo, él permanece con las orejas erguidas y los bigotes atentos, y solo se permite dormir cuando yo ya me he ido.

Quisiera agradecer a la Providencia.

El haber hecho que mi gatito apareciera en mi puerta, insospechado, inesperado, casi un accidente cuántico de un universo paralelo; porque…¿cómo hizo un gatito recién nacido para entrar a mi edificio, burlar a la seguridad, y subir por el ascensor?
Incluso, en mi reticencia a hospedar a un felino bebé, emprendí la infame acción de llevarlo al jardín del Colegio cercano a mi hogar, y –en el crimen más atroz que he cometido en mi vida-, abandonarlo allí; … hasta que volví a escuchar los mismos maullidos otra vez detrás de mi puerta, y pensé: “este gato me merece”.


Quisiera poder entender cual es el propósito de la Providencia en lo siguiente:

El haber hecho que ella apareciera en mi puerta, inoportuna, insoportable, casi una tragedia de maldición cósmica, una prueba extrema para mi amor al prójimo; porque…¿cómo hizo ella para burlar a las cámaras de seguridad, las trampas de camuflaje vietnamita, las minas antipersonales, las fieras cebadas en el olor de sus venenosas milanesas –ansiosas de buscar venganza en mortales dentelladas, por sus hígados perforados-, y los comandos que tenían orden expresa de tirar a matar?

Además, ¿Cómo hizo para entrar, luego del cambio de cerradura y la ampliación del foso, infestado de pirañas amazónicas, alimañas kirchneristas, y las más abominables criaturas que el pudor me impide mencionar?

Aquél día, al llegar a casa, comprendí que los propósitos de la Providencia son inescrutables, y al contemplarla, en la cocina preparando sus diabólicas milanesas, pensé: “esta gata no me merece”.

G. K.

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